Portada » Español » Historia y Evolución de la Lengua Española: Del Latín al Siglo XXI
El castellano surgió en el norte de la Península Ibérica, entre la Cordillera Cantábrica y La Rioja. Cuando Castilla se constituyó como reino independiente, se extendió progresivamente con el avance de la Reconquista hacia el sur, limitando la expansión del astur-leonés y el navarro-aragonés. Presenta, desde sus inicios, unas tendencias innovadoras que lo distinguen de otras lenguas.
Se empezó a hablar en el siglo V, aunque su registro en la escritura no se normalizó hasta el siglo XI. No obstante, ya en el siglo X tenemos pequeñas muestras en las Glosas Silenses y las Glosas Emilianenses. A ellas hay que añadir los Cartularios de Valpuesta que, en el 2010, la RAE avaló como primeros testimonios escritos del naciente castellano. También se hablaba en algunas zonas el mozárabe (mezcla de lengua romance y árabe).
Entre los siglos XI y XIII, además de los préstamos germánicos y árabes, con la inmigración de los pueblos francos y los contactos culturales —sobre todo a través del Camino de Santiago— se incorporaron numerosos galicismos. En tanto que se cultivaba la poesía romance, la prosa primitiva no cobró autonomía hasta la segunda mitad del siglo XIII por impulso de Alfonso X en la Escuela de Traductores de Toledo, que convirtió el castellano en la lengua de los documentos reales. El rey contribuyó a la nivelación lingüística, a la fijación de la ortografía y al desarrollo de la prosa castellana.
En los siglos XIV y XV, el castellano tendió a fijar sus normas e incorporó numerosos cultismos, galicismos e italianismos. Algunos rasgos del castellano medieval son los siguientes:
En el siglo XV, el castellano medieval dio paso al clásico. Durante el reinado de los Reyes Católicos, se desarrolló la unificación lingüística peninsular gracias a la publicación de la Gramática de la lengua española de Antonio de Nebrija y a la difusión de la imprenta. El descubrimiento de América y la colonización llevaron el castellano más allá de nuestras fronteras.
El auge del castellano coincidió con el esplendor de producciones literarias renacentistas y barrocas en los siglos XVI y XVII. Algunos fonemas medievales desaparecieron en el siglo XVI; también aparecieron el seseo y el ceceo.
En el siglo XVIII penetraron en el castellano numerosos galicismos debido a la influencia francesa. En esta centuria se fundó la Real Academia Española (RAE), que editó la ortografía, la gramática y el Diccionario de Autoridades.
Las normas llegan hasta hoy a excepción de pequeñas modificaciones posteriores. Desde entonces, los cambios políticos, sociales y económicos, así como los progresos científicos y técnicos, han favorecido la aparición de numerosos neologismos. Si en el siglo XIX son numerosos los préstamos del francés, desde el siglo XX se han incrementado los anglicismos.
Las invasiones germánicas provocaron la fragmentación de las provincias y la disociación de la lengua culta latina y el latín vulgar. El latín que venía hablando el pueblo peninsular era muy distinto del que hablaba la alta sociedad romana, dado que fueron los soldados los que impusieron su lengua en las conquistas. Los pueblos germánicos se adaptaron al latín vulgar, aunque introdujeron un gran número de germanismos; los godos fueron el pueblo germano con mayor presencia en Hispania.
Desde el siglo VIII al XV se produjo la extensión árabe por la península. Los árabes procedían del norte de África y dejaron un importante legado léxico en muchas palabras de la agricultura, la guerra, las ciencias y el sufijo adjetival -í.
La fragmentación del latín vulgar determinó la creación de tres lenguas: el castellano, el catalán/valenciano y el gallego; y dos dialectos romances: el astur-leonés y el navarro-aragonés. Por otro lado, sigue perviviendo el vasco o euskera, de origen prerrománico.
Las personas en situación de contacto con dos lenguas desarrollan la capacidad de comunicarse en ambas y se convierten en bilingües. El bilingüismo puede ser considerado desde dos perspectivas:
Puede ocurrir que haya transferencia de elementos lingüísticos de una lengua a otra que afectan a lo fonético, morfosintáctico, léxico-semántico e incluso ortográfico. Por su parte, la diglosia significa desigualdad en el uso social de las lenguas, alternancia, interferencia y surgimiento de lenguas nuevas.
