Portada » Filosofía » Filosofía de Immanuel Kant y el Legado de la Ilustración
Nos encontramos ante un fragmento de Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785) de Immanuel Kant, dentro del movimiento ilustrado. La Ilustración, impulsada por el clero, la aristocracia y la burguesía, tenía como objetivo educar la “luz natural de la razón”, es decir, el sentido común del pueblo, y cultivar sentimientos morales desde la infancia por su utilidad social, enfrentándose al oscurantismo, las supersticiones y los prejuicios.
Para lograr este propósito, se utilizaron diversos canales de difusión:
El despotismo ilustrado, a través de las monarquías absolutas, impulsaba la investigación científica y el desarrollo de aplicaciones prácticas para la gloria y beneficio de la nación. Este modelo seguía un esquema de paternalismo político similar al de un pastor con su rebaño: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
Estos gobiernos fomentaban la libertad de pensamiento y de investigación, conscientes de que la censura, las listas de libros prohibidos y la persecución de ideas por tribunales de la Inquisición impedían el progreso. En este periodo se fundaron instituciones clave:
El progreso científico fue notable en diversas áreas:
Además, se dio un proceso de secularización y universalización de los valores del cristianismo, destacando la dignidad de la persona y la humanidad. Esto se tradujo en la reforma de la justicia según principios racionales y en movimientos sociales como la abolición de la esclavitud.
Kant sostiene que reducir la moral a un sentimiento subjetivo o a la utilidad social, como proponía David Hume, conduce al relativismo, ya que la moral sería relativa a lo que cada individuo u organización social considere. Asimismo, advierte contra el ‘salto lógico’ de deducir cómo ‘debe ser’ algo a partir de cómo ‘es’, un error presente en Tomás de Aquino o los teóricos del contrato social.
Para Kant, la moral es un hecho distintivamente humano y sus condiciones de posibilidad deben analizarse desde este enfoque. La moral solo ocurre en los humanos: juzgar algo como “bueno”, “malo”, “justo” o “injusto” no tiene sentido en la naturaleza. Por ejemplo, que una serpiente inyecte veneno es un acto de su naturaleza; conceptos como “deber”, “derechos” o “lo preferible” son exclusivos del ser humano.
El principio fundamental de la acción correcta es la buena voluntad, es decir, la pureza de intención en una acción que no se guía por intereses egoístas. Esto tiene implicaciones directas:
Ejemplo práctico: Si estamos descansando con nuestra pareja y recibimos una llamada de una amiga que se siente mal, surge una acción que causa respeto: dejar el bienestar personal para consolarla. Esta acción expresa un valor objetivo superior (la amistad). Aunque podríamos decidir no hacerlo, nos obligamos a realizarlo porque reconocemos la necesidad moral de la acción.
Kant distingue entre dos tipos de mandatos:
No obstante, el rigorismo moral kantiano presenta un problema: deja fuera de la moral acciones motivadas por intereses egoístas aunque produzcan buenos resultados, como una doctora que descubre la cura del cáncer solo para obtener el Premio Nobel y despechar a una expareja.
Frente al paternalismo político y la visión de Aristóteles —que condicionaba la libertad política a la exclusión de esclavos, mujeres y trabajadores—, Kant indica que la humanidad se halla en un proceso de progreso moral evidenciado por nuevos acontecimientos históricos:
