Portada » Filosofía » Evolución del Pensamiento Social: Del Positivismo a la Racionalidad Instrumental
El pensamiento de Auguste Comte muestra lo humano y lo social como la unidad de la historia humana entendida como un todo. Considerado el padre de la sociología, se distinguen tres etapas fundamentales en la evolución de su pensamiento:
Bajo esta premisa, el espíritu del hombre habría pasado por tres fases sucesivas:
Comte combina la ley de los tres estados con la clasificación de las ciencias y pretende comprobar cómo el positivismo se aplica a diversas disciplinas (matemáticas, física, química, biología, etc.) y cómo, finalmente, se impondrá en el ámbito político a través de la ciencia positiva de la sociedad: la sociología.
En su tercera etapa, se plantea un fundamento filosófico a la idea de la unidad de la historia humana. Podemos entonces afirmar que la ciencia pensada por Augusto Comte es una disciplina que estudia las leyes fundamentales de la unidad en la evolución humana y que descubre el determinismo en el ámbito social.
El positivismo significó un brusco cambio de rumbo para la cultura europea. Se explica, en parte, por el nacimiento de nuevas ciencias que desplazan a la filosofía de su patrimonio secular. Así, se pensó que la ciencia podría llegar a ser la única guía del hombre y que no habría otra razón que no fuera la razón científica.
El positivismo pretende «atenerse a los hechos»; por lo tanto, su modelo racional es el de la ciencia experimental. Esto marcó una clara diferenciación respecto del pensamiento romántico. La contradicción, sin embargo, se observó en la apasionada actitud de algunos positivistas que, al exaltar la ciencia y la humanidad, se comportaron como «románticos de la ciencia».
La tendencia positivista puede encontrarse en múltiples áreas, estando presente incluso en el socialismo. Una de las características más importantes del pensamiento de los primeros sociólogos franceses fue centrarse en la organización y la evolución de la ciencia. La tesis principal de Auguste Comte es que existen leyes de la evolución intelectual que rigen el desarrollo de la mente humana. Comte utilizó el término «positivismo» para describir la culminación epistémica de este proceso e inventó la palabra «sociología» para indicar la ciencia que él mismo crearía como síntesis final.
Al lado del positivismo de Auguste Comte, y recibiendo de este mayor o menor influencia, se presenta en Inglaterra —país clásico de la ciencia positiva y del método experimental— un movimiento análogo. Este podría denominarse positivismo moderado, porque no entra en la esfera del materialismo explícito, o mejor dicho, positivismo ecléctico, en atención a que entraña cierta síntesis y amalgama de ideas pertenecientes al positivismo de Comte con direcciones originales.
Pertenecen a esta clase pensadores como Stuart Mill, Bain, Lewes, Ferrier, Herbert Spencer y Clifford. Stuart Mill, cuyo padre, James Mill, puede considerarse como uno de los precursores de Comte debido a la analogía de ciertas conclusiones contenidas en el Análisis de los fenómenos del espíritu humano, concede importancia capital a la ley de asociación de ideas y al estado de los nervios para explicar el origen, naturaleza y condiciones de los fenómenos psicológicos.
Según Stuart Mill, en la diferencia y sucesión de los estados físicos de los nervios debe buscarse el origen y razón suficiente de los actos de conciencia, incluidos los intelectuales y morales. Incluso los fenómenos inconscientes pueden admitirse a condición de no ver en ellos más que modificaciones inconscientes de los nervios.
Aunque el punto de partida, el método y el fondo general de la doctrina de Stuart Mill coinciden con los de Comte (admite la ley de los tres estados, sustituye la causalidad por la sucesión y reconoce la imposibilidad de investigar las causas primeras), esto no quita que se aparte del jefe del positivismo francés en otros puntos. Considera, por ejemplo, que la clasificación de las ciencias de Comte es incompleta, pues deberían tener lugar en ella la lógica y la psicología.
Para Stuart Mill, en realidad, nada existe más que la sensación, de manera que la misma persona humana viene a ser una serie de sensaciones. Lo que llamamos fenómenos son las sensaciones actuales; lo que llamamos entendimiento y sustancia no son más que sensaciones duraderas y adquiridas. La imaginación, la reflexión y la razón se identifican con la asociación y comparación de sensaciones actuales y posibles. En su teoría, el mundo externo no es más que la posibilidad de las sensaciones actuales.
La historia social es la división de la ciencia histórica que toma como objeto la sociedad en su conjunto. Surge como reacción frente a la historia política tradicional, de tipo militar y centrada en figuras individuales como reyes o héroes.
Aunque existen antecedentes en Heródoto y Tucídides, no es hasta el siglo XX, con la recepción del materialismo histórico de origen marxista y su adaptación por escuelas como Annales en Francia o Past and Present en Inglaterra, cuando se desarrollan plenamente la historia económica y la historia social. Es común definir el conjunto de ambas como historia económica y social.
«No hay historia económica y social porque se acabó y se fue. Hay la historia sin más, en su unidad. La historia que es por definición absolutamente social».
Para Hobsbawm, la historia social puede ser vista desde tres aristas:
En España, esta corriente se recibe por influencia europea y el trabajo de hispanistas como Pierre Vilar y exiliados como Manuel Tuñón de Lara. Actualmente, uno de sus principales representantes es Josep Fontana.
La racionalidad se entiende como la función social que fija una determinada cosmovisión sobre una colectividad. Para los teóricos de la Escuela de Frankfurt, la Modernidad ha impuesto la ciencia experimental y su aplicación técnica como paradigma único.
La racionalidad instrumental (también llamada tecnocrática o positivista) es aquella que se convierte en una herramienta de la sociedad. La razón sirve para buscar el camino más eficaz para conseguir un objetivo determinado, basándose en el cálculo y la efectividad. La Escuela de Frankfurt critica esta corriente por ser una herramienta del «Pensamiento Único», renunciando a contemplar la realidad en su complejidad y limitándose a la pragmaticidad y la monetariedad.
La obra más relevante al respecto es la Dialéctica de la Ilustración (1947) de Theodor Adorno y Max Horkheimer. Para estos autores, la racionalidad instrumental es un método para dominar la naturaleza que se interesa únicamente en los instrumentos. Herbert Marcuse añade que este concepto constituye una ideología, ya que la técnica misma es una forma de dominio sobre los hombres.
Por su parte, Jürgen Habermas critica la reducción de la racionalidad a la dimensión científico-técnica. Él defiende dos vertientes necesarias:
Desde Descartes (1596-1650) hasta la primera mitad…
