Portada » Lengua y literatura » Evolución de la Literatura Española: Del Romancero Gitano al Teatro Social y de Posguerra
La Fundación, publicada en 1974, es una de las obras de Antonio Buero Vallejo que han alcanzado mayor éxito de público y crítica por la novedad de los procedimientos técnicos utilizados. Fue la última obra de Buero estrenada durante el régimen de Franco. Presentada como una fábula, plantea al lector-espectador un choque entre realidad y ficción, que se resuelve paulatinamente a favor de la verdad. Cuando, identificados con el protagonista de la obra, creemos que nos encontramos cómodamente instalados en una «Fundación», descubrimos que estamos en una cárcel. Es el reflejo de nuestro mundo y de nuestra sociedad.
Romancero gitano recoge 18 composiciones escritas entre 1924-1927 y publicadas en la Revista de Occidente, en las que exalta la dignidad del pueblo gitano, marginado y abocado al dolor, la pena y la muerte. La obra tuvo un enorme éxito y convirtió a su autor en el poeta más popular de su tiempo, pero también recibió algunas críticas desde círculos vanguardistas por el tradicionalismo de la obra. El título alude a la métrica de la obra y a sus personajes. La estrofa empleada es el romance, serie ilimitada de versos octosílabos que riman en asonante los pares y quedan sueltos los impares. El pueblo gitano se convierte en protagonista de los diferentes romances. No es un libro social o testimonial de la cultura gitana. El autor refleja en el mundo gitano su propio mundo incomprendido, su frustración, su deseo de existencia en libertad. El poeta se enfrenta a la norma, a la sociedad y se pone del lado del derrotado, del débil, se identifica con él. Sus ejes temáticos principales son:
El teatro de posguerra surge tras la Guerra Civil Española, que provocó la pérdida o el exilio de grandes autores como Federico García Lorca y Ramón del Valle-Inclán, interrumpiendo la renovación teatral iniciada en los años veinte. Además, apareció un teatro en el exilio, mientras que en España las condiciones eran muy difíciles debido a la destrucción de teatros, la pobreza del público y la fuerte censura, que impedía cualquier crítica. En este contexto, predominó un teatro propagandístico y, sobre todo, un teatro comercial y burgués de evasión, en el que destaca Enrique Jardiel Poncela por su humor absurdo e ingenioso. Sin embargo, a finales de los años cuarenta comenzaron a surgir obras más renovadoras, como las de Miguel Mihura, y especialmente el teatro social de Antonio Buero Vallejo, centrado en reflejar y denunciar la realidad de la época. Sus características principales incluyen:
El teatro comercial continuador del teatro decimonónico tiene como principal figura a Jacinto Benavente, un autor de enorme éxito debido a su ingenio para plantear situaciones dramáticas y su facilidad para los diálogos. Sin embargo, no fue crítico ni innovador. Una de sus primeras obras, El nido ajeno, presentaba la situación opresiva en la que vivían muchas mujeres. El público se indignó y la obra fue retirada, por lo que Benavente comenzó a escribir obras con las que pudiera obtener el beneplácito de las clases pudientes de la época. En general, sus obras presentan una sátira social ligera en la que se defienden los valores morales tradicionales. En ellas se abordan temas relacionados con la vida matrimonial de las clases pudientes, como en La comida de las fieras, o del mundo rural, en los que la pasión amorosa da lugar a crímenes violentos. Su obra más original y conocida no entra dentro de esta clasificación: Los intereses creados.
Alfonso Sastre se dedicó plenamente al teatro comprometido y de protesta. Sus tragedias son una lucha en la que el individuo sale siempre derrotado; escribe con un tono existencial. Para él, el teatro debe tener la misión de transformar la sociedad injusta en la que vive el ser humano. Sus etapas son:
