Portada » Historia » El Retraso de la Industrialización Española en el Siglo XIX: Causas y Desarrollo Regional
En España, durante el siglo XIX, se desmantelaron las estructuras feudales del Antiguo Régimen y se consolidó un modelo económico basado en la industria y el capitalismo. Sin embargo, la industrialización se realizó con retraso, y nuestro país continuó siendo eminentemente agrícola, con solo algunos núcleos industrializados entre los que destacan Cataluña y el País Vasco.
La industria textil catalana se inició con el tejido de algodón. Pese a sus limitaciones, ya que dependía del carbón (el cual en la península era escaso y de mala calidad) y de la debilidad del mercado interno, fue creciendo gracias a la introducción, a principios del siglo XIX, de máquinas movidas por ruedas hidráulicas o máquinas de vapor.
La evolución de esta industria estuvo marcada por los avatares históricos:
El sector textil catalán fue suficiente para industrializar la región, pero no para arrastrar al conjunto de la industria española.
La industria siderúrgica estuvo limitada por la inexistencia en España de buen carbón y de demanda suficiente, lo que explica su desarrollo accidentado. Su localización fue cambiando a lo largo del siglo, distinguiéndose tres etapas:
La minería estuvo estancada casi todo el siglo por la escasa demanda, el atraso económico, la falta de capitales y de tecnología, y la intervención del Estado que frenaba la inversión extranjera. No obstante, a partir de la Revolución de 1868, se aplicaron medidas liberales con la Ley de Bases sobre Minas (1868), que simplificaba la adjudicación de concesiones y ofrecía muchas seguridades a los concesionarios.
En esta época hubo un aumento considerable de la demanda internacional de productos mineros, y este sector se convirtió en uno de los más dinámicos de la economía nacional. Se hicieron cargo de la explotación minera, sobre todo, compañías extranjeras que extraían los minerales para su exportación en bruto a sus países de origen. España, por tanto, se convirtió en exportadora de materias primas, lo que a finales de siglo representó uno de los capítulos más importantes de la balanza comercial española.
Un gráfico de barras titulado “Población activa por sectores” de 1877 evidencia el menor nivel de desarrollo industrial y económico de España con respecto a otros países europeos y Estados Unidos, muy especialmente con respecto a Reino Unido, cuna de la Revolución Industrial. España aparece como un país agrario, rural, escasamente industrializado y con un sector servicios muy incipiente.
Al comparar los datos de 1877:
El proceso de industrialización en España no se detuvo durante el siglo XIX y poco a poco se fue diversificando (por ejemplo, con el desarrollo de la industria química o metalúrgica), pero evolucionó con un ritmo tan lento que quedó relegada como potencia industrial a uno de los puestos más bajos de Europa. De hecho, al finalizar el siglo, la base económica del país seguía siendo una agricultura de bajos rendimientos que empleaba a dos tercios de la población activa.
Las causas de estas diferencias con respecto a las potencias europeas radican en que, mientras los países más avanzados entraban en el siglo XIX en una acelerada industrialización con firmes instituciones liberales, España se refugiaba en el despotismo ilustrado anacrónico (1814-1833). Posteriormente, la convulsa construcción del Estado liberal, en un contexto de guerras civiles y continuos pronunciamientos militares, no fue el marco más propicio para el desarrollo industrial.
Aun con la instauración del liberalismo, la industrialización en España fue insuficiente y afectó principalmente solo a unas pocas regiones (Cataluña, País Vasco, Asturias). Este retraso se debió a múltiples factores:
Aunque algunos de estos problemas se fueron resolviendo a lo largo del siglo XIX, la industrialización española fue, en comparación con los países más avanzados de Europa, lenta, débil y tardía.
