Portada » Filosofía » El Pensamiento de David Hume: Ser Humano, Dios, Ética y Política
Al igual que con la crítica a la causalidad, Hume realiza una crítica a la sustancia y afirma que en ella no hay nada permanente. No poseemos una impresión sensible de la misma; por lo tanto, no existe una identidad ni ninguna impresión que demuestre la existencia del yo. Hume sostiene que el yo es un conjunto de percepciones y vivencias internas y externas. No existe una impresión concreta de la que proceda la idea del yo, sino que esta surge de una serie de emociones y sentimientos que unimos mediante la imaginación y la memoria, por hábito y costumbre.
Como consecuencia, Hume niega la identidad personal, ya que no existe un yo permanente e idéntico a lo largo del tiempo; solo percibimos una sucesión de sensaciones, emociones o pensamientos. Para Hume, el yo es una ficción de la mente que resulta útil para unir todas nuestras percepciones.
Al igual que en su crítica a la substancia, Hume va a negar todo conocimiento relativo a Dios, ya que nunca tendremos una experiencia o impresión sensible de él. Esta negación no demuestra la existencia de Dios ni la rechaza; por lo tanto, Hume se declara escéptico o agnóstico (ni lo afirma ni lo niega). Hume explica que no se puede demostrar la existencia de Dios ni a priori —ya que las relaciones de ideas provienen de nuestra subjetividad— ni a posteriori —puesto que, al aplicar el principio de la causalidad de Tomás de Aquino a la demostración de Dios, no obtenemos conocimiento real—.
Distingue entre Dios y la religión: de Dios no podemos tener experiencia alguna, pero de la religión sí. Hume realiza un estudio de los sentimientos religiosos y concluye que el origen de la religión se ubica en el miedo, la ignorancia y la búsqueda de consuelo. Este sentimiento religioso crea formas de comunidad con un impacto social muy importante.
Hume también critica la metafísica tradicional. Los conceptos fundamentales de la metafísica son mundo, alma y Dios; de estos no se tiene ninguna impresión sensible, ya que si se elimina todo lo cambiante de ellos, no permanece nada. La metafísica se basa en deducir, a partir de efectos, tres causas: mundo, Dios y alma; pero estas tres ideas no pueden ser conocidas al carecer de una base empírica sólida.
Hume se pregunta por el origen de las normas morales y critica al racionalismo, que afirma que su origen es la razón encargada de conocer el orden de la naturaleza y determinar qué acciones son buenas o malas. Hume sostiene que la razón solo sirve para determinar la existencia y esencia de algo. La ética busca principios de la voluntad, no del conocimiento; por lo tanto, la razón es insuficiente para constituir una ética.
Hume afirma que el origen de estos principios morales son los sentimientos (percepción interna): todo lo que produce agrado es considerado bueno y lo que produce desagrado es malo. Si estos principios dependieran de la razón, no se podría distinguir entre teoría (naturaleza) y práctica (voluntad), y tampoco se tendría libertad, ya que se estaría determinado según las leyes de la naturaleza creadas por la razón. Hume explica que todos los seres humanos sienten agrado o desagrado por las mismas cosas gracias a la empatía (o simpatía).
Para que una ley sea aprobada, debe ser útil, y esta utilidad puede ser individual o colectiva. Por ello, para Hume, la moral será emotivista. Define la utilidad como la capacidad de una acción para fomentar el bienestar del individuo y de la sociedad. Esta ética no se basa en lo bueno o malo absoluto, sino en la utilidad. Por lo tanto, la virtud moral consiste en actuar guiado por el sentimiento de simpatía, persiguiendo la felicidad propia y ayudando a aumentar la felicidad de los demás.
Hume niega la validez de la hipótesis del contrato social, que intenta explicar por qué el hombre se unió a los demás y cómo surgió la organización política. Esta hipótesis parte de la ficción del estado de naturaleza (un estado social donde no hay todavía derecho público o político). Mientras que para filósofos como Hobbes los seres humanos crean el Estado por miedo a la muerte violenta, Hume afirma que es por la necesidad de garantizar la propiedad privada. Hume rechaza el estado de naturaleza por falta de comprobación empírica.
El origen del Estado debe buscarse en los hechos mismos: es la utilidad lo que nos lleva a la asociación política. La legitimidad de la acción política en el Estado y de las leyes no tiene un fundamento racional ni teológico; los seres humanos obedecen las leyes por dos razones: costumbre (tradición) y miedo al castigo. Finalmente, Hume considera que si un gobierno no es capaz de ejercer una autoridad de manera legítima, el pueblo se le puede resistir o desobedecer, aunque reconoce el peligro de esto. Siempre será mejor un gobierno malo que ninguno, para evitar el retorno al hipotético estado de naturaleza.
