Portada » Historia » Historia de España: Del Franquismo a la Consolidación Democrática (1939-1982)
La primera etapa del franquismo (1939-1959) fue una etapa totalitaria inspirada en los regímenes fascistas de Alemania e Italia, donde predominaron la Falange y el Ejército. Destacó Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco, encargado de las relaciones con las potencias del Eje. Franco aprobó varias Leyes Fundamentales para organizar el Estado. El Fuero del Trabajo (1938) prohibía las huelgas y creaba el sindicato vertical (CNS), controlado por Falange. La Ley Constitutiva de las Cortes (1942) estableció la “democracia orgánica”, sin elecciones libres, donde solo tenían representación familia, municipio y sindicato, y las Cortes no tenían poder real.
Durante la Segunda Guerra Mundial, España se declaró no beligerante y apoyó diplomáticamente a Alemania e Italia. Franco se reunió con Hitler en Hendaya en 1940, pero España no entró en la guerra. El régimen ayudó a Alemania enviando wolframio y la División Azul, que luchó contra la URSS junto a los alemanes. En 1943, cuando el Eje empezó a perder la guerra, Franco retiró la División Azul y volvió a declarar la neutralidad.
Tras la derrota del Eje en 1945, el franquismo sufrió aislamiento internacional: la ONU condenó la dictadura y muchos países retiraron sus embajadores. Para mejorar su imagen, Franco eliminó símbolos fascistas y redujo el poder de Falange. En 1945 aprobó el Fuero de los Españoles y la Ley del Referéndum Nacional para aparentar respeto a los derechos. En 1947, la Ley de Sucesión declaró a España un reino sin rey y permitió a Franco elegir sucesor.
El reconocimiento internacional llegó en 1953 con el concordato con la Santa Sede y los acuerdos con Estados Unidos, que instaló bases militares en España a cambio de ayuda económica y militar. Durante la Guerra Fría, España pasó a ser aliada de Estados Unidos contra el comunismo. Gracias a ello, otros países reanudaron relaciones con España y en 1955 ingresó en la ONU.
La segunda etapa del franquismo (1959-1975) se conoce como etapa tecnócrata o desarrollista. Se caracterizó por la entrada en el Gobierno de tecnócratas del Opus Dei, cuyo objetivo principal era modernizar y desarrollar la economía española. El principal impulsor fue Carrero Blanco. Durante esta etapa se aprobaron algunas reformas para suavizar la dictadura. En 1963 se creó el Tribunal de Orden Público (TOP) para juzgar delitos políticos, aunque el terrorismo seguía siendo juzgado por tribunales militares. La Ley de Prensa de 1966 eliminó la censura previa y la Ley de Libertad Religiosa de 1967 permitió practicar otras religiones distintas a la católica. Ese mismo año se aprobó la Ley de la Seguridad Social, que ofrecía cobertura por desempleo, enfermedad, vejez y viudedad. También en 1967 se aprobó la Ley Orgánica del Estado para institucionalizar la “democracia orgánica”.
En 1969 Franco nombró sucesor a Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, excluyendo a su padre, Juan de Borbón. En los últimos años del régimen aumentaron las tensiones entre los aperturistas, que querían más libertades, y los inmovilistas, que rechazaban cualquier reforma. Predominaron los inmovilistas, dirigidos por Carrero Blanco, nombrado presidente del Gobierno en 1973. Ese mismo año ETA asesinó a Carrero Blanco, lo que provocó una gran crisis en el régimen. El nuevo presidente, Carlos Arias Navarro, intentó unir ambas posturas, pero terminó cediendo a los sectores más ultraderechistas, llamados el búnker. Entre 1974 y 1975, Franco, muy enfermo, fue sustituido temporalmente por el príncipe Juan Carlos. Franco murió el 20 de noviembre de 1975 y dejó el régimen en crisis.
En política exterior, España siguió dependiendo de Estados Unidos y mantuvo su papel de aliado occidental frente al comunismo durante la Guerra Fría. España intentó entrar en la Comunidad Económica Europea (CEE), pero fue rechazada en 1962 por no ser una democracia, aunque en 1970 consiguió un acuerdo comercial preferente con la CEE. En la descolonización, España concedió la independencia a Guinea Ecuatorial en 1968. Sin embargo, en 1975 Marruecos invadió el Sáhara Occidental y España abandonó el territorio, cediéndolo a Marruecos y Mauritania. Además, la Revolución de los Claveles en Portugal en 1974, que acabó con la dictadura portuguesa, aumentó las demandas de democracia en España y debilitó aún más el franquismo.
Durante la primera etapa del franquismo (1939-1959), el régimen aplicó una política económica autárquica, basada en la autosuficiencia y en la intervención del Estado en la economía. El Estado controló el comercio exterior y limitó las importaciones, lo que provocó escasez de productos y materias primas y un descenso de la producción industrial, ya afectada por la Guerra Civil. También impulsó industrias estratégicas mediante ayudas públicas, nacionalizó empresas como RENFE y Telefónica y creó empresas públicas como Iberia, Endesa y SEAT a través del Instituto Nacional de Industria (INI), fundado en 1941.
El Estado fijó precios oficiales para los productos agrícolas y estableció el racionamiento de productos básicos hasta 1952. Como los precios eran muy bajos, muchos agricultores ocultaban productos para venderlos en el mercado negro o estraperlo. Todo esto provocó desabastecimiento, estancamiento económico y un descenso del nivel de vida.
A partir de 1959 comenzó la etapa del desarrollismo con la llegada de tecnócratas al Gobierno. Ese año se aprobó el Plan de Estabilización, que redujo la intervención del Estado y liberalizó la economía. Se permitió la entrada de importaciones e inversiones extranjeras y España recibió préstamos internacionales, especialmente del FMI. Desde 1964 se aplicaron los Planes de Desarrollo, que impulsaron la industrialización mediante subvenciones, créditos y ventajas fiscales. Se crearon polos de promoción y desarrollo industrial en ciudades como Burgos, Huelva, Valladolid, Vigo y Zaragoza. También se fomentó la agricultura con la concentración parcelaria y la construcción de embalses para ampliar el regadío.
Entre 1960 y 1973 España vivió un gran crecimiento económico conocido como el “milagro español”, con un fuerte aumento del PIB. Este crecimiento se debió a la inversión extranjera, los bajos salarios y la recuperación económica europea. También creció el sector servicios gracias al turismo de sol y playa en la costa mediterránea, Baleares y Canarias. Además, ayudaron las divisas enviadas por los emigrantes españoles que trabajaban en el extranjero. En 1973 el crecimiento terminó por la crisis del petróleo, que provocó una crisis económica mundial y el regreso de muchos emigrantes.
Durante el primer franquismo (1939-1959) hubo poca oposición organizada debido a la fuerte represión. Los partidos y sindicatos republicanos solo mantuvieron su actividad en el exilio, primero en México y después en Francia. La primera oposición armada fueron los maquis, guerrilleros republicanos escondidos en zonas montañosas. Su acción más importante fue la invasión del valle de Arán en 1944, organizada por el PCE desde Francia, pero fue derrotada por el ejército y la Guardia Civil. Entre 1946 y 1948 aumentó la actividad guerrillera, aunque la mayoría de los maquis fueron detenidos o asesinados.
Desde 1945 crecieron las protestas obreras por las malas condiciones de vida, sobre todo en el País Vasco y Cataluña. Destacaron la huelga general de Vizcaya de 1947 y el boicot a los tranvías de Barcelona en 1951, que se extendió a otras zonas. En 1956 comenzaron las protestas universitarias en Madrid. Dentro del propio régimen, algunos militares monárquicos pidieron a Franco restaurar la monarquía con Juan de Borbón como rey.
Durante la etapa tecnócrata (1959-1975) la oposición aumentó y participaron más grupos sociales. Surgieron conflictos laborales impulsados por sindicatos clandestinos como la UGT y especialmente Comisiones Obreras (CCOO), que combinaba huelgas ilegales con actuación dentro del sindicato vertical. También crecieron las protestas estudiantiles y los movimientos vecinales que reclamaban democracia.
Dentro de la Iglesia Católica aparecieron grupos críticos con la dictadura tras el Concilio Vaticano II, como las HOAC, y parte de la jerarquía eclesiástica se distanció del régimen, destacando el cardenal Tarancón. En el Ejército surgió la Unión Militar Democrática (UMD), formada por militares favorables a la democracia.
Los partidos políticos históricos como el PCE, el PSOE, el PNV y los nacionalistas catalanes lograron reorganizarse en el interior de España. En 1962, en el Congreso de Múnich, representantes de la oposición reclamaron democracia y derechos humanos. En 1974 y 1975 se crearon dos plataformas opositoras: la Junta Democrática, impulsada por el PCE, y la Plataforma de Convergencia Democrática, impulsada por el PSOE. En 1976 ambas se unieron en Coordinación Democrática o “Platajunta”.
En los años sesenta también aparecieron grupos terroristas contrarios al franquismo. El más importante fue ETA, organización independentista vasca que comenzó a cometer atentados en 1968.
Durante la etapa del desarrollismo mejoraron las condiciones económicas y sociales de la población. Se produjo un aumento de la natalidad (“baby boom”), descendió la mortalidad, especialmente la infantil, y aumentó la esperanza de vida. Entre 1960 y 1975 España pasó de 30 a casi 36 millones de habitantes, siendo el mayor crecimiento demográfico del siglo XX.
El régimen fomentó la emigración para reducir el paro y el descontento social. Cerca de un millón de españoles emigraron a países europeos como Alemania, Francia, Suiza y Bélgica, y otros marcharon a América Latina. El dinero enviado por los emigrantes ayudó a mejorar la economía española y elevó el nivel de vida.
La mecanización del campo y el crecimiento de la industria y el turismo provocaron un gran éxodo rural. Más de 4 millones de personas dejaron el campo para trasladarse a zonas industriales y turísticas, especialmente desde Andalucía, Extremadura, Castilla y Galicia. La población activa agraria disminuyó y muchos pueblos quedaron despoblados. La llegada masiva de población a las ciudades provocó barrios de chabolas e infraviviendas. Para solucionarlo, el régimen construyó barrios dormitorio en las periferias urbanas, aunque con viviendas de baja calidad y pocos servicios.
El crecimiento económico transformó la sociedad española: aumentaron los obreros industriales y la clase media, creció la urbanización y más personas pudieron acceder a estudios universitarios. También mejoró el nivel de vida y se generalizó el consumo de electrodomésticos, automóviles y viviendas.
Las nuevas generaciones adoptaron formas de vida más modernas y occidentales, y disminuyó la influencia de la Iglesia Católica sobre la sociedad. Las mujeres empezaron a acceder más a la educación y al trabajo, aunque seguían existiendo muchas desigualdades, y surgieron las primeras organizaciones feministas.
Todos estos cambios sociales favorecieron el crecimiento de una oposición a la dictadura que reclamaba democracia.
Tras la muerte de Franco en 1975 comenzó la Transición española hacia la democracia. El primer gobierno fue el de Arias Navarro (noviembre de 1975 – junio de 1976), que se caracterizó por la parálisis política, ya que no impulsó reformas importantes y mantuvo en gran parte estructuras del franquismo. En este contexto aumentaron las movilizaciones políticas y sociales, con huelgas, protestas y una fuerte presión de la oposición que reclamaba cambios democráticos.
En 1976 fue nombrado presidente Adolfo Suárez, que impulsó el cambio político desde dentro del propio sistema franquista. Su medida clave fue la Ley para la Reforma Política, que permitió desmontar legalmente el régimen anterior y abrir el camino hacia la democracia mediante elecciones libres.
En 1977 se llevaron a cabo reformas fundamentales, como la legalización de partidos políticos y sindicatos. Destacó especialmente la legalización del PCE (Partido Comunista de España), una decisión muy importante y polémica. Ese mismo año se celebraron las primeras elecciones democráticas desde la Segunda República, que consolidaron el inicio del nuevo sistema político democrático.
La consolidación de la democracia se basó en el consenso entre las principales fuerzas políticas para evitar conflictos del pasado. En este contexto se firmaron los Pactos de la Moncloa, que buscaron frenar la crisis económica y reducir la conflictividad social mediante acuerdos entre gobierno, partidos y sindicatos. También se aprobó la Ley de Amnistía, que permitió la liberación de presos políticos del franquismo.
El proceso culminó con la elaboración y aprobación de la Constitución de 1978, que estableció una monarquía parlamentaria, la soberanía nacional, la división de poderes, el reconocimiento de derechos y libertades fundamentales y la organización territorial en comunidades autónomas.
Durante estos años la democracia tuvo importantes dificultades, como la crisis económica, la conflictividad social, el terrorismo (especialmente ETA) y los intentos de golpe de Estado por sectores militares contrarios al cambio. El más grave fue el 23-F de 1981, que fracasó gracias a la intervención decisiva del rey Juan Carlos I.
Tras este episodio, gobernó Leopoldo Calvo-Sotelo, bajo cuyo mandato España ingresó en la OTAN. Finalmente, en 1982 el PSOE ganó las elecciones, lo que consolidó definitivamente el sistema democrático en España.
