Portada » Historia » Evolución política de España: Del Franquismo a la Constitución de 1978
La Guerra Civil española (1936-1939) fue consecuencia de la polarización política y social, la crisis de la Segunda República y la conspiración militar tras el triunfo del Frente Popular.
El golpe de Estado comenzó el 17-18 de julio de 1936, dirigido por el Ejército de África bajo Francisco Franco. La muerte de José Sanjurjo y la creación de la Junta de Defensa Nacional marcaron su desarrollo. El golpe fracasó parcialmente, dividiendo España en dos zonas y originando la guerra.
Los bandos fueron el sublevado (derecha, Iglesia, ejército y élites) y el republicano (izquierda, sindicatos y nacionalistas). Alemania e Italia apoyaron a los sublevados, mientras que la República recibió ayuda de la URSS, México y las Brigadas Internacionales.
La guerra tuvo tres grandes etapas: avance inicial y fracaso en Madrid (1936-37), campaña del Norte con caída industrial republicana (1937) y ofensiva final con Teruel, el Ebro y la conquista de Cataluña (1938-39). La guerra terminó el 1 de abril de 1939 con la victoria franquista.
Hubo represión en ambos bandos, más sistemática en el sublevado. Las consecuencias fueron la dictadura franquista, gran mortalidad, exilio masivo, destrucción económica y una profunda fractura moral en España.
Tras la victoria en la Guerra Civil Española, se instauró en España una dictadura encabezada por Francisco Franco, que concentró en su persona todos los poderes del Estado. No existía Constitución democrática ni separación de poderes, y se eliminaron los partidos políticos. Se estableció un sistema de partido único, la Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que unificaba a las fuerzas del bando vencedor. El régimen se apoyó en tres pilares fundamentales: el ejército, la Iglesia católica y los sectores conservadores.
Ideológicamente se definió por el nacionalcatolicismo, el anticomunismo y el rechazo a la democracia liberal. El Estado era centralista, autoritario y controlaba todos los ámbitos de la vida política y social. En los primeros años se aplicó una política económica autárquica, basada en la intervención del Estado y el aislamiento internacional, lo que provocó escasez, racionamiento y atraso económico.
A partir de los años 50, el régimen franquista comenzó a salir del aislamiento internacional gracias al contexto de la Guerra Fría y a acuerdos con Estados Unidos. Se inicia una etapa de aperturismo, en la que el régimen intenta modernizar su imagen sin cambiar su naturaleza autoritaria. En este contexto ganan importancia los tecnócratas, muchos vinculados al Opus Dei, que impulsan reformas económicas.
El cambio clave se produce con el Plan de Estabilización de 1959, que pone fin a la autarquía y abre la economía al exterior. Esto da paso al desarrollismo de los años 60, una etapa de fuerte crecimiento económico basado en la industrialización, el turismo, la inversión extranjera y la emigración. Sin embargo, políticamente el régimen sigue siendo una dictadura. En el tardofranquismo (finales de los 60 y primeros 70), aumentan las protestas sociales y las tensiones internas. Finalmente, la muerte de Franco en 1975 puso fin a la dictadura.
Tras la muerte de Franco (1975), Juan Carlos I fue proclamado rey. El gobierno de Arias Navarro representó el continuismo franquista, rechazado por la oposición (Platajunta). En 1976, Adolfo Suárez impulsó la reforma política: amnistía, legalización de partidos y la Ley para la Reforma Política. Las elecciones de 1977 dieron la victoria a la UCD y consolidaron el sistema democrático.
La Constitución fue elaborada por las Cortes de 1977 mediante consenso y aprobada en referéndum en 1978:
La etapa estuvo marcada por los Pactos de la Moncloa (1977), la inestabilidad, el terrorismo y el intento de golpe de Estado del 23-F (1981). El gobierno de Calvo-Sotelo cerró la etapa con las elecciones de 1982.
