Portada » Historia » El Franquismo: Origen, Consolidación y Características del Régimen
Tras la finalización de la Guerra Civil, dio comienzo un nuevo régimen político: el franquismo. Fue una dictadura de carácter personal en la que Francisco Franco concentraba todos los poderes: Jefe del Estado, Jefe del Gobierno, Jefe de las Fuerzas Armadas y Jefe de la Falange.
Este régimen se institucionalizó a través de las Leyes Fundamentales del Reino:
Todas fueron refundidas por el decreto del 20 de abril de 1967.
La andadura política del nuevo régimen se inició con el rechazo de la soberanía popular y de la democracia representativa. Se estableció un único cauce de participación política, el Movimiento Nacional, junto con una única central sindical, la Organización Sindical. Además, se suprimieron las libertades políticas y sindicales, se impuso la censura cultural y el adoctrinamiento en la educación. El régimen se apoyó ideológicamente en el conservadurismo, la Iglesia y la doctrina falangista, caracterizada por el nacionalismo exaltado, el centralismo, la confesionalidad católica y la negación de la lucha de clases.
Desde sus orígenes, el franquismo se apoyó en tres pilares fundamentales:
Además, contó con el apoyo de la oligarquía agraria, financiera e industrial, así como de la burguesía y del campesinado propietario.
Tras la Guerra Civil, el régimen franquista afrontó la reconstrucción del país y la consolidación del nuevo sistema en un contexto difícil, marcado por la Segunda Guerra Mundial y el aislamiento internacional. En el interior, destacó el fuerte impacto demográfico, con 500.000 muertes entre guerra y posguerra, debidas al frente, la represión, el hambre y las enfermedades, además de la caída de la natalidad.
La sociedad quedó dividida entre vencedores y vencidos, con represión política, exilio y una moral pública conservadora influida por la Iglesia. En el plano económico, se implantó la autarquía, que impulsó la industria y la agricultura, pero tuvo escasos resultados y provocó racionamiento y escasez de productos básicos. La oposición al régimen fue reprimida: en los años cuarenta destacó la guerrilla del maquis y, en los cincuenta, la actividad clandestina del PCE y el PSOE.
En política exterior, España pasó de la neutralidad en la Segunda Guerra Mundial a la no beligerancia, colaborando con el envío de la División Azul, y volvió después a la neutralidad. Tras la guerra, el régimen sufrió un aislamiento internacional, agravado por la condena de la ONU en 1946, manteniendo relaciones solo con Portugal y Argentina.
Tras la Segunda Guerra Mundial, el inicio de la Guerra Fría favoreció al régimen de Franco, ya que su anticomunismo lo acercó a las democracias occidentales frente a la URSS. En 1950, la ONU puso fin al aislamiento de España y el país se integró en organismos internacionales. En 1953, destacaron el Concordato con la Santa Sede y el Pacto de Madrid con Estados Unidos, que supuso ayuda económica e instalación de bases militares. El reconocimiento internacional definitivo llegó con la entrada en la ONU en 1955 y en el FMI en 1957.
El exilio fue la única salida para muchos españoles que perdieron la Guerra Civil, suponiendo una gran pérdida demográfica, económica e intelectual. Comenzó en 1937, con la salida de los llamados “niños de la guerra”, y al final del conflicto tuvo como principales destinos Francia y México. Durante la Segunda Guerra Mundial, algunos exiliados lucharon contra el Eje y otros murieron en campos de exterminio nazis. Muchos permanecieron en países de acogida, mientras que otros regresaron en los años cincuenta y sesenta o tras la muerte de Francisco Franco en 1975.
El régimen implantó un nuevo modelo educativo basado en valores católicos, patrióticos y afines al sistema. Se rechazó la educación laica de la Segunda República, sustituyéndola por una enseñanza religiosa y controlada ideológicamente, con un fuerte adoctrinamiento político.
La escuela se convirtió en el medio principal para transmitir el espíritu de victoria y los valores del franquismo.
