Portada » Historia » Revolución Rusa y Periodo de Entreguerras: Transformaciones del Siglo XX
Gobierno: Rusia estaba gobernada por un zar de la dinastía Romanov, quien ejercía un poder absoluto por derecho divino. Su autoridad se apoyaba en la Iglesia ortodoxa, el ejército y una amplia burocracia, lo que hacía del sistema una autocracia sin participación política.
Demografía y sociedad: La población rondaba los 175 millones de habitantes, con un 80% de campesinos y una gran diversidad étnica. La sociedad era muy desigual: la nobleza y el clero poseían la tierra, mientras la mayoría campesina vivía en condiciones duras, aunque la servidumbre había sido abolida en 1861. También existían los kulaks, campesinos ricos.
Economía: La economía era atrasada y agraria, con baja productividad. A finales del siglo XIX comenzó una industrialización impulsada por el Estado y el capital extranjero, concentrada en ciudades como Moscú y San Petersburgo, lo que favoreció el crecimiento de la burguesía.
Tensiones políticas: El atraso político generó oposición:
El principal pensador revolucionario fue Lenin, quien escribió un libro que resumía su concepción del marxismo. El partido debería ser una organización formada por militantes disciplinados que asumiesen el papel de vanguardia de las masas. Debía ser un núcleo reducido de líderes jerárquicamente organizados; el grupo tenía que liderar al proletariado y su objetivo era una sociedad colectivista e igualitaria. Lenin criticaba la vía política de los partidos socialdemócratas e impuso sus ideas en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso en 1903.
Dentro del partido surgieron dos corrientes:
En 1905, el imperio de los zares sufrió su primera sacudida revolucionaria grave. En la guerra ruso-japonesa, Rusia fue derrotada debido a su atraso, lo que provocó un aumento del descontento y fue una humillación para el zar y su ejército.
El detonante de la Revolución fue una masiva manifestación obrera en enero de 1905, frente al Palacio de Invierno en San Petersburgo. Reivindicaban la democratización del Estado, una jornada laboral de ocho horas y subidas salariales. El Ejército mató a 300 personas en lo que se conoce como el Domingo Sangriento. Esto provocó una serie de huelgas y levantamientos revolucionarios.
Para detener la escalada revolucionaria, el zar prometió a la oposición derechos civiles y la convocatoria de una Duma para aprobar una Constitución. Los cadetes, eseritas y mencheviques aceptaron la promesa y abandonaron las movilizaciones. Sin embargo, Nicolás II no cumplió lo prometido, pese a que se convocaron elecciones a una Duma de carácter meramente consultivo.
La participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial fue decisiva para la caída del régimen zarista, ya que el ejército no pudo resistir a Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano debido a su escaso armamento. Esto provocó un fuerte descontento social que unió a burgueses, obreros y campesinos contra la incompetencia del zar y del gobierno.
En Petrogrado, mujeres y obreros se manifestaron por la falta de alimentos. El zar ordenó reprimirlas, pero los soldados se negaron y se unieron a la revolución. El 27 de febrero (12 de marzo en el calendario gregoriano) cayó el gobierno zarista y se formó un Gobierno Provisional dirigido por Georgy Lvov. Nicolás II abdicó y Rusia pasó a ser una república liberal.
Se estableció una dualidad de poder entre el Gobierno Provisional de Aleksandr Kerenski, apoyado por liberales y mencheviques, y los sóviets, con influencia bolchevique y el liderazgo de León Trotski. En abril de 1917, Vladímir Lenin regresó y defendió la toma del poder con la dictadura del proletariado, bajo el lema «Todo el poder a los sóviets» y su programa de paz, control estatal de la economía y reparto de tierras.
En 1917, tras el intento de golpe del general Lavr Kornílov, los bolcheviques aprovecharon la crisis. El 25 de octubre (7 de noviembre) tomaron el poder en Petrogrado con el asalto al Palacio de Invierno y la ocupación de puntos estratégicos. Vladímir Lenin instauró el Gobierno bolchevique tras disolver la Asamblea Constituyente, aunque eran minoría. Se impuso la dictadura del proletariado con una fuerte represión contra la oposición.
Tras la Revolución de Octubre, los bolcheviques instauraron una dictadura de partido. Adoptaron el nombre de Partido Comunista. Se inició una Guerra Civil entre los Rusos Blancos (apoyados por potencias como Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Japón) y el Ejército Rojo, organizado por León Trotski, que contaba con unos 500.000 soldados. Los blancos ofrecieron una resistencia fuerte en zonas como Ucrania, pero su división política debilitó su éxito.
En este contexto, Lenin consolidó el poder: en julio de 1918 fue ejecutado el zar Nicolás II y su familia. Además, en marzo de 1918 se firmó el Tratado de Brest-Litovsk, por el que Rusia perdió territorios como Finlandia, Polonia, Ucrania y los países bálticos. En 1919 se creó la III Internacional o Komintern para expandir la revolución mundial.
Lenin estableció un Estado de partido único (1918-1921) y aplicó el comunismo de guerra, nacionalizando la industria, el comercio y la tierra. Esto provocó una grave crisis con unos 5 millones de muertos por hambre y frío. Ante esto, Lenin implantó la NEP (Nueva Política Económica), que permitía un retorno parcial a la economía de mercado. Entre 1921 y 1928 la economía se recuperó, aunque se mantuvo la represión política.
En 1922 se creó la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). Tras la muerte de Lenin en 1924, los principales candidatos al poder fueron:
Iósif Stalin se impuso a Trotski, quien fue expulsado en 1927 y asesinado en 1940. Stalin concentró todo el poder, convirtiéndose en el «zar rojo» y estableciendo un régimen totalitario como secretario general del PCUS.
El Partido Comunista se convirtió en el centro del Estado. Se realizaron purgas constantes y en los Procesos de Moscú se condenó a muerte a miles de dirigentes. La policía política, la NKVD, dirigía la represión y el sistema de campos del Gulag.
Stalin impulsó los Planes Quinquenales dirigidos por el Gosplan. La agricultura sufrió una colectivización forzosa (koljoses y sovjoses), lo que provocó una gran hambruna entre 1931 y 1932. La industria pesada creció exponencialmente, convirtiendo a la URSS en una potencia mientras Occidente sufría la Gran Depresión.
Tras la Primera Guerra Mundial, Europa sufrió una gran destrucción y problemas financieros. Los países quedaron endeudados con Estados Unidos. Alemania, incapaz de pagar las reparaciones, sufrió una hiperinflación galopante (en 1923, 1 dólar equivalía a 42 billones de marcos).
Para solucionar esto, se aplicó el Plan Dawes, mediante el cual EE. UU. concedió préstamos a Alemania para reactivar su economía y permitir el pago de reparaciones a Francia y Reino Unido.
Entre 1923 y 1929, EE. UU. vivió un gran despegue económico basado en industrias nuevas (automóvil, aeronáutica, petroquímica y electrodomésticos). Se consolidó el patrón dólar y surgió la sociedad de consumo de masas. Sin embargo, existían riesgos como la sobreproducción agrícola y la dependencia de los préstamos estadounidenses.
Los «felices años veinte» fueron una etapa de optimismo, crecimiento urbano y desarrollo de medios de comunicación (radio, cine). Las mujeres avanzaron en su emancipación y obtuvieron el sufragio femenino en países como Reino Unido (1918/1928), EE. UU. (1920) y España (1931).
El 24 de octubre de 1929 (Jueves Negro), la Bolsa de Nueva York se hundió, iniciando la Gran Depresión. El paro se disparó y la crisis se extendió globalmente. Como solución, Franklin D. Roosevelt aplicó el New Deal (intervención estatal, obras públicas y ayudas sociales). En Europa, la crisis favoreció el ascenso de totalitarismos como el fascismo y el nazismo.
