Portada » Lengua y literatura » Literatura del Siglo XVIII en España: Ilustración y Neoclasicismo
El siglo XVIII es conocido como el “Siglo de las Luces”, ya que la razón se convierte en el instrumento principal para explicar la realidad. El movimiento cultural predominante de este siglo es la Ilustración; sus ideas fundamentales aparecerán recogidas en la célebre obra titulada La Enciclopedia, de los franceses Diderot y D’Alembert.
En España se asienta la dinastía borbónica, que sube al trono tras la Guerra de Sucesión. El primer monarca, Felipe V, emprende una renovación del país para sacar a España de su atraso respecto a Europa, destacando medidas como la centralización del poder o la fundación de la Real Academia Española (RAE). Con el reinado de Carlos III se llega al apogeo de las ideas ilustradas; bajo su mandato se refleja el sistema político del momento, el Despotismo Ilustrado, y surgen reformas como las Sociedades Económicas de Amigos del País. No obstante, con Carlos IV y su ministro Godoy se produce un retroceso, entrando España en una época de censura.
La dinastía borbónica desaparece temporalmente en 1808, cuando las tropas napoleónicas entran en España y estalla la Guerra de la Independencia.
En el ámbito social y económico, los ilustrados defienden la desaparición de los privilegios. Durante este siglo se experimenta una cierta mejora económica y un aumento de la población. Los ilustrados promueven reformas en la agricultura y la educación, creando instituciones fundamentales como la RAE, la Real Academia de la Historia (RAH) y el Museo del Prado, entre otras. A pesar de ello, la sociedad sigue siendo estamental. En el campo de la cultura, predomina la idea de que la razón explica la realidad, lo cual se traduce artísticamente en el Neoclasicismo, una renovación de los valores clásicos donde los autores deben respetar estrictamente la regla de las tres unidades.
En el género narrativo, la prosa de ficción es escasa, destacando autores como Torres de Villarroel y el jesuita Francisco de Isla.
Sin embargo, destaca la prosa con fines didácticos, especialmente el ensayo, cultivado por los siguientes autores:
En la lírica del siglo XVIII se distinguen varias etapas:
Meléndez Valdés escribió prosa y teatro, pero sobresalió en poesía. Su obra se agrupa en:
Por otro lado, la fábula fue el instrumento perfecto para que los autores reflejaran el didactismo propio de la Ilustración.
En el teatro también se observan distintas fases. Inicialmente persiste el teatro posbarroco y surgen los sainetes (teatro popular de costumbres). Destaca Ramón de la Cruz con obras como La pradera de San Isidro y El Prado por la noche. En la comedia de capa y espada sobresalen Antonio de Zamora y José de Cañizares.
Posteriormente se desarrolla el teatro neoclásico, cuyas características son:
En la tragedia, los personajes encarnan virtudes como el patriotismo, suelen ambientarse en la Edad Media y están escritas en verso. Destaca Vicente García de la Huerta con su obra Raquel.
La comedia alcanza su apogeo con el fin de imitar la realidad. Sus rasgos son:
El autor fundamental es Leandro Fernández de Moratín. Escribió cinco comedias, tres de las cuales abordan la desigualdad en los matrimonios: El viejo y la niña, El barón y su obra maestra, El sí de las niñas.
Finalmente, también se desarrolló la comedia sentimental, cuyo objetivo era conmover al espectador, como ocurre en El delincuente honrado de Jovellanos.
