Portada » Psicología y Sociología » La naturaleza de la existencia humana: Tiempo, decisiones y valores
Los humanos, como cualquier otro ser vivo, estamos en perpetuo cambio. El esqueleto de un dinosaurio se mantiene igual hasta que la erosión lo pone al descubierto; no cambiarán salvo que las circunstancias que los rodeen les afecten y, cuando esto ocurra, no podrán hacer nada para recuperarse: han existido y han dejado de existir sin poder hacer nada al respecto, porque forman parte de un universo que tiende al desorden y al enfriamiento. Pero los seres vivos mantenemos nuestro orden interno e interactuamos con el exterior.
La vida se caracteriza por intentar mantener la estabilidad de la estructura en un entorno inestable, con el cual intercambia información y materia, sin confundirse con él. Por eso, la muerte consiste en lo contrario: cuando morimos, el cadáver se enfría a temperatura ambiente y comienza un proceso de disgregación y de desestructuración, hasta que el desorden y la inestabilidad externos ya no se distinguen de lo que antes fue una estructura llamada “cuerpo”.
La vida está limitada en el tiempo. El tiempo cronológico de la vida es muy variable, desde pocas horas, como las efímeras, hasta miles de años, como las coníferas. Hay humanos que han llegado a vivir 120 años, aunque la duración media varía mucho según las condiciones. Una cosa es un minuto de reloj y otra un minuto vivido. En la conciencia, el tiempo no es homogéneo: se alarga, se escapa rápidamente o se detiene.
Al percibir el tiempo, lo percibimos como pasado: aquello que fue y ya no es, que no se puede cambiar; te puedes trasladar a él gracias a la memoria, pero no lo puedes modificar. El tiempo también lo percibimos como futuro: su característica es la incertidumbre, porque todavía no es. Tanto pasado como futuro se perciben desde el momento presente, paradójicamente el más difícil de definir.
Decidir es escoger una alternativa de acción entre otras. La decisión puede ser hacer o no hacer, actuar u omitir esa acción. Tomar decisiones no tiene sentido si no va seguido de la acción u omisión en el tiempo oportuno. Si no, es solo pensamiento desiderativo. La toma de decisiones puede ser obligada o libre, individual o colectiva. Una decisión deberá cumplir tres condiciones:
Podemos hablar de muerte en dos sentidos: como estado y como proceso. La muerte biológica es la reducción a cero de la tensión energética de un individuo y la detención completa de sus funciones vitales, el momento en que el sistema fisiológico complejo de un cuerpo deja de forma irreversible de constituir un todo integrado. Nuestra muerte, desde una visión científica, es el final de nuestra vida; por eso mismo, hay gente que le tiene mucho miedo a la muerte, mientras que otras personas piensan que tenemos que aprovechar la vida, ya que solo es una.
Una vida tiene sentido cuando se orienta, cuando va en una dirección. Una vida con sentido es aquella que se implica en proyectos, en objetivos propuestos libremente.
Desear no es lo mismo que tener proyectos, porque desear no implica necesariamente esforzarse por conseguir lo deseado. Los proyectos son aquellos deseos que quiero cumplir gracias a mis acciones, tomando la vida en mis manos y conduciéndola hacia un objetivo, al que me dedico libre y competentemente.
Los valores son los resúmenes, las síntesis abstractas de acciones concretas, de normas, de ideales y estilos de vida.
Todos los valores nos importan, pero algunos nos importan más que otros:
La sociedad es una estructura compleja y no hay sociedad moralmente uniforme. Parece que el objetivismo no responde a la realidad. Pero si el relativismo moral fuese verdadero, ni en la nuestra ni en sociedad alguna se discutiría sobre moral, porque viviríamos en la indiferencia ante posicionamientos diferentes a los nuestros.
Hay un tipo de relativismo que afirma que los valores morales son relativos a cada persona, fruto de una construcción progresiva de alguien que busca ser autónomo: es el subjetivismo.
El pluralismo intenta solucionar el problema de la convivencia entre personas que discrepan en valores morales.
