Portada » Lengua y literatura » Literatura Española de Posguerra y Fundamentos de Semántica
La novela española entre 1939 y 1975 refleja la evolución de una sociedad marcada por la dictadura, la censura y una posterior apertura económica y experimental. Tras la Guerra Civil, la narrativa de los años 40 se debate entre una línea oficialista y el surgimiento de una novela existencialista que plasma el malestar y la soledad de la época.
En esta corriente destaca Camilo José Cela con La familia de Pascual Duarte (1942), obra que inaugura el tremendismo por su crudeza y violencia. Asimismo, Carmen Laforet con Nada retrata el vacío de la posguerra, mientras que Miguel Delibes se inicia con el pesimismo de La sombra del ciprés es alargada. No se debe olvidar la narrativa del exilio, donde sobresale Ramón J. Sender con su emblemático Réquiem por un campesino español.
En la década de los años 50, el foco se desplaza hacia el Realismo Social, donde la novela actúa como testimonio de las injusticias y la dura vida de las clases oprimidas. Con un estilo objetivo y el uso frecuente del protagonista colectivo, los autores denuncian la desigualdad social.
Las obras fundamentales de este periodo son La colmena de Cela, que ofrece una visión coral del Madrid de posguerra, y El Jarama de Rafael Sánchez Ferlosio, cumbre del objetivismo narrativo. A este impulso se suma la Generación del 50, con autores que aportan una mirada más íntima y crítica, como Carmen Martín Gaite en Entre visillos y Ana María Matute con Primera memoria.
A partir de 1962, coincidiendo con la publicación de Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, se inicia una etapa de renovación y experimentación narrativa. El realismo anterior deja paso a nuevas técnicas como el monólogo interior, la ruptura del orden cronológico y el perspectivismo.
En este contexto, autores consagrados evolucionan hacia formas más complejas, como Miguel Delibes en su magistral Cinco horas con Mario o Gonzalo Torrente Ballester con La saga/fuga de J.B.. Finalmente, autores como Juan Marsé, en Últimas tardes con Teresa, o Juan Goytisolo, en Señas de identidad, consolidan esta transformación literaria que perdurará hasta el fin del franquismo en 1975.
Historia de una escalera (1949), de Antonio Buero Vallejo, es una obra fundamental del teatro de posguerra que rompe con la comedia burguesa de evasión para proponer un drama de corte existencial y social. La trama se sitúa en el rellano de una vecindad y se divide en tres actos que abarcan treinta años, mostrando cómo el paso del tiempo evidencia el fracaso generacional.
El conflicto central gira en torno a la historia de amor frustrada entre Fernando y Carmina, quienes, por conformismo o falta de voluntad, acaban casados con otras personas a las que no aman. La escalera funciona como el símbolo principal de la obra, representando la inmovilidad social y la parálisis personal de unos personajes que, pese a sus deseos de prosperar, se ven atrapados por sus propias circunstancias.
Para lograr este efecto de realidad, Buero Vallejo emplea un lenguaje coloquial y espontáneo adecuado a la clase media-baja, además de acotaciones esenciales que marcan el deterioro del espacio. La obra cierra un ciclo de desilusión cuando los hijos repiten las mismas promesas de sus padres, consolidando una crítica a la falta de progreso de la sociedad española.
En la lírica, los años 40 se dividen en dos corrientes:
En los 50, surge la poesía social con Blas de Otero (Pido la paz y la palabra) y Gabriel Celaya. Posteriormente, la Generación del 50 (Ángel González, Gil de Biedma) recupera el intimismo. En 1970 aparecen los Novísimos (Pere Gimferrer), caracterizados por el culturalismo, dando paso en democracia a la poesía de la experiencia de Luis García Montero.
La posguerra comienza con el humor de Jardiel Poncela y Miguel Mihura (Tres sombreros de copa). No obstante, el gran referente es Buero Vallejo, quien evoluciona hacia el compromiso social en La Fundación. Junto a él, Alfonso Sastre representa la denuncia radical.
A partir de 1970, el teatro se vuelve experimental con grupos como Els Joglars y el estilo «pánico» de Fernando Arrabal. Con la democracia, triunfa un realismo cotidiano con José Luis Alonso de Santos y Sanchís Sinisterra, culminando en la actualidad con el éxito de Juan Mayorga.
A continuación, se definen las principales relaciones que se establecen entre los significados de las palabras:
