Portada » Historia » El Reinado de Isabel II (1843-1868): Partidos, Constituciones y la Revolución Gloriosa
Tras el pronunciamiento del general Narváez que puso fin a la regencia de Espartero, en 1843 las Cortes declararon mayor de edad a Isabel II. Así se inició su reinado efectivo, que se prolongó hasta la Revolución de 1868, conocida como “La Gloriosa”.
Durante este periodo, el Partido Moderado fue el que más tiempo permaneció en el poder, con Narváez como principal dirigente y apoyo político de la reina. Los principales grupos políticos fueron:
La primera etapa del reinado fue la Década Moderada, en la que Narváez lideró el gobierno.
Se aprobó la Constitución de 1845, que reflejaba la ideología moderada. Establecía la soberanía compartida, unas Cortes bicamerales con Congreso elegido por sufragio censitario y Senado designado por la Corona, y amplios poderes para la reina (como el veto, la disolución de las Cortes y el nombramiento del gobierno). Se reconocían derechos individuales, aunque sometidos a limitaciones legales, y se declaraba el catolicismo como religión oficial.
Durante esta etapa se implantó un liberalismo conservador. Se restringieron las libertades mediante una ley de imprenta severa y un sufragio muy limitado. Para garantizar el orden público se creó la Guardia Civil. Se reforzó la centralización administrativa, con gobernadores y alcaldes nombrados por la Corona. Además, se reformó la Hacienda, estableciendo un sistema fiscal unificado basado principalmente en impuestos indirectos, y se unificó el sistema jurídico mediante nuevos códigos.
En 1851 se firmó el Concordato con la Santa Sede, que restableció las relaciones con el Vaticano. Este acuerdo:
Durante esta década tuvo lugar la Segunda Guerra Carlista (1846-1849), que finalizó con la derrota carlista. A partir de 1852 surgieron problemas internos por el autoritarismo de Bravo Murillo, los casos de corrupción, la manipulación electoral y una crisis económica derivada de la dependencia financiera exterior, lo que provocó el cambio político.
El Bienio Progresista se inició tras el pronunciamiento de O’Donnell, conocido como la Vicalvarada, y la publicación del Manifiesto de Manzanares. Isabel II nombró jefe de gobierno a Espartero, con O’Donnell como ministro.
Se impulsaron importantes reformas económicas:
Se redactó la Constitución de 1856, conocida como non nata (no nacida), que recuperaba la soberanía nacional y ampliaba los derechos, pero no llegó a aprobarse. La inflación, el aumento de la conflictividad social, el crecimiento del movimiento obrero, el avance demócrata y la ruptura entre Espartero y O’Donnell debilitaron al gobierno. En 1856, O’Donnell dio un golpe de Estado y asumió el poder.
Entre 1856 y 1858 se produjo una vuelta al moderantismo, con gobiernos que restauraron la Constitución de 1845.
En 1858, O’Donnell creó la Unión Liberal y gobernó hasta 1863 en el llamado “gobierno largo”. Este periodo coincidió con un crecimiento económico, desarrollo industrial, expansión del ferrocarril y aumento de inversiones. Paralelamente, se desarrolló una política exterior activa en Marruecos, Conchinchina, México y en el conflicto con Chile y Perú, aunque sin resultados duraderos.
Entre 1863 y 1868 se sucedieron gobiernos inestables de Narváez y O’Donnell en un contexto de crisis económica (agraria y bursátil), con aumento de precios y conflictividad social. Creció el apoyo a demócratas y republicanos y se intensificó el desprestigio de la Corona.
Desde 1865 se produjeron acontecimientos decisivos:
Tras la muerte de Narváez en 1868, Isabel II perdió su principal apoyo. En septiembre, el almirante Topete se sublevó en Cádiz, iniciándose la Revolución Gloriosa que puso fin a su reinado.
