Portada » Lengua y literatura » Antonio Buero Vallejo: Compromiso Ético y Evolución Dramática
Antonio Buero Vallejo (1916-2000) fue un dramaturgo con diversos intereses artísticos y un marcado compromiso social y político.
En 1949 ganó el Premio Lope de Vega por su obra Historia de una escalera. Su estreno fue un acontecimiento decisivo en el ambiente cultural de la posguerra y significó la aparición de un nuevo tipo de teatro en España.
En los años 60, protagonizó una famosa polémica con el también dramaturgo Alfonso Sastre sobre el posibilismo en la creación literaria, un debate que llevó a que Buero fuera acusado de ceder ante el régimen franquista.
El enfoque ético de la obra de Buero determina tanto la crítica social (que implica preocupaciones colectivas) como el compromiso con el ser humano (donde muestra inquietudes existenciales). El tema dominante es el anhelo de realización humana y sus dolorosas limitaciones: la búsqueda de la felicidad, la verdad y la libertad se ve obstaculizada por el mundo concreto en el que vive el individuo.
A Buero se le ha considerado un autor trágico de nuestro tiempo, pues la función de su teatro es doble:
La idea de la responsabilidad es esencial y está unida a la de libertad. La tragedia, en sus obras, se desencadena a menudo por una transgresión moral que un personaje ha cometido libremente y de la que es responsable.
Mediante la crítica social, Buero denuncia las injusticias concretas que atañen a las estructuras de la sociedad, las formas de explotación o los mecanismos de un poder opresivo.
En cuanto a su compromiso con el ser humano, en el plano existencial, su teatro medita sobre el sentido de la vida. Sus personajes se encuentran en contextos marcados por la ilusión, el fracaso o la soledad.
Como rasgo común de su técnica dramática, cabe destacar el uso de acotaciones muy detalladas. Su estilo evoluciona a lo largo de su carrera:
El simbolismo está presente tanto en los temas como en los personajes y los recursos escénicos. La oposición luz/oscuridad es fundamental en todas sus obras, así como otros símbolos recurrentes como la ceguera o el misterio. Los espacios escénicos adquieren frecuentemente un carácter simbólico (por ejemplo, la escalera en Historia de una escalera o la celda en La fundación).
La mayoría de sus personajes presentan alguna tara física o psíquica y experimentan un proceso de transformación a lo largo de la obra. Es habitual la contraposición entre dos tipos de personajes:
La trayectoria dramática de Antonio Buero Vallejo se puede dividir en las siguientes etapas:
Abarca desde Historia de una escalera (1949) hasta Las cartas boca abajo (1957). Su teatro aborda temas realistas, sociales y existenciales. En esta fase surge su concepción del teatro como tragedia, centrada en las «torpezas humanas». Otras obras destacadas son La tejedora de sueños y En la ardiente oscuridad.
Comprende desde Un soñador para un pueblo (1958) hasta El Tragaluz (1967). En estas obras, la denuncia de las injusticias sociales se hace más explícita. Buero fija la atención en la responsabilidad social y política del individuo, denunciando el abuso de poder, la guerra o la mentira. Para esquivar la censura franquista, recurre con frecuencia al drama histórico. Destaca también Las meninas.
Se inicia con La doble historia del doctor Valmy (1968). En este período, profundiza en la experimentación formal y en el tratamiento de temas sociales y políticos, incorporando de manera más audaz los efectos de inmersión. Obras representativas de esta etapa son El sueño de la razón y La fundación.
El teatro de Buero Vallejo contiene una indudable carga ética y de compromiso político. A lo largo de toda su trayectoria, se mantienen como constantes los siguientes aspectos generales:
