Portada » Filosofía » Filosofía Griega Clásica: Presocráticos, Sofistas y Sócrates
Los filósofos presocráticos fueron un grupo de pensadores que vivió en diversas polis del mundo griego, marcando el inicio de la filosofía occidental.
Su pensamiento se caracteriza por dos ejes fundamentales:
Conocer la physis o naturaleza: Dejaron de lado los problemas relacionados con el ser humano, ya que los asuntos humanos eran de orden práctico, mientras que la naturaleza tenía una dimensión más teórica. La naturaleza presenta dos características fundamentales:
Búsqueda de una explicación racional de la realidad: Partían de la convicción de que debía existir alguna sustancia originaria a partir de la cual se generara la diversidad de seres naturales. Esto condujo a formularse la primera pregunta filosófica: el origen o arjé. La pregunta por el arjé es racional porque busca el principio último y originario de la realidad, y universal puesto que el arjé actuaría como principio del que surge toda la realidad y no solo una porción de ella.
Mileto fue una polis griega cuna de los primeros filósofos. Los representantes de esta escuela propusieron como arjé una realidad monista, porque lo conciben como una única sustancia, y dinámica, ya que se puede transformar en otras sustancias. La sustancia originaria es un ser vivo que posee en sí mismo el principio del movimiento.
Tales de Mileto: Es considerado el primer filósofo. Para Tales, el arjé es el agua, proponiendo esta sustancia como origen de la naturaleza.
Anaximandro: Consideró que el cosmos está constituido por una serie de contrarios permanentemente enfrentados. El arjé no podía ser uno de los elementos del cosmos, sino aquello que no tiene definición, lo indeterminado. Por ello, propuso como arjé lo ilimitado (el ápeiron).
Anaxímenes: Propuso el aire como sustancia originaria de la physis. Se interesó en explicar los procesos por medio de los cuales se genera el cosmos, que son: la rarefacción (el aire se transforma en fuego) y la condensación. Con este esquema, introdujo la idea de cambio cualitativo.
El fundador de esta escuela fue Pitágoras. Las doctrinas pitagóricas abarcaban tres asuntos relacionados entre sí:
La transmigración de las almas: La doctrina de la metempsicosis o transmigración de las almas sostiene que, al morir un ser vivo, su alma se separa del cuerpo y se une con otro para formar un nuevo ser vivo.
Las matemáticas: Sus miembros quedaron cautivados por la idea de que la naturaleza entera responde a un orden matemático, lo que los llevó a preguntarse: ¿por qué los seres naturales se acomodan a las matemáticas? La única respuesta era que los principios que gobiernan a las matemáticas debían ser los que gobernaban también a la naturaleza. Por lo que los números son el fundamento y el arjé de la realidad. Como los números son muchos, había que buscar un principio explicativo de todos ellos. Los pitagóricos encontraron dos principios: lo par y lo impar. Si estos conceptos explicaban el origen de todos los números, a partir de ellos se debería poder explicar toda la realidad.
La armonía: La dualidad de elementos propuestos como sustancias originarias (lo par y lo impar) llevó a los pitagóricos a establecer un dualismo general en la realidad. Pero esta unión no se realiza por el triunfo de uno de los opuestos sobre el otro, sino mediante la armonía.
Heráclito de Éfeso fue el creador de un estilo filosófico basado en los aforismos. Para él, la ley que gobierna la actuación y conducta humana es la misma que rige el acontecer cósmico, por eso su doctrina es una cosmología. Esto quiere decir que cualquier enseñanza de Heráclito debe interpretarse como aplicable a los tres niveles de la realidad: individuo, polis y cosmos.
Concibió la physis como sujeta a un continuo cambio. Sin embargo, para garantizar el orden y la racionalidad de lo real, debe haber algo que permanezca inmutable, una ley que gobierna todo el universo: el Logos o fuego, utilizando uno u otro concepto dependiendo del contexto. El cambio se explica recurriendo a los opuestos que se relacionan mediante la lucha.
El pensamiento de Parménides quedó recogido en un poema en el que expone su gran descubrimiento: el ser.
El poema cuenta que una diosa se le aparece y le habla de tres caminos:
Lo ente (el ser) y lo no-ente (el no-ser) no es: Parménides repara en que la realidad es “ente”. Y lo importante no es lo que los entes sean, sino que son. La vía de la verdad es el camino del pensamiento que extrae las consecuencias lógicas de este hallazgo.
Lo ente no es y lo no-ente es: Esta posibilidad es desechada por la diosa, ya que lo no-ente no se puede pensar ni decir, pues lo que no es no puede ser pensado.
Tanto lo ente como lo no-ente son: Según la diosa, los hombres comunes recorren esta vía de la opinión sin reparar en su incoherencia lógica cuando aceptan la multiplicidad y el cambio.
Estos filósofos pretendían superar el conflicto planteado por las teorías de Parménides, que exige optar entre quedarnos con lo que nos dicen los sentidos o salvar la lógica. Las tres principales propuestas son las de:
Empédocles: Para él, existe una pluralidad de entes originarios que son imperecederos y cualitativamente inmutables, pero que están sujetos al movimiento. Propuso cuatro arjé: agua, aire, tierra y fuego. Todas las cosas están compuestas por partículas de los cuatro elementos y se distinguen entre sí por sus proporciones al combinarse. Así, se acepta el principio según el cual no es posible surgir de la nada ni perecer en la nada. Además, admitió el cambio y tuvo que explicar cómo se producía. Su solución consistió en distinguir la materia de los cuatro elementos y la fuerza de atracción y repulsión que los mueve. Para ello, recurrió a dos analogías poéticas: el amor será la fuerza encargada de unir y el odio la encargada de separar. Según esta teoría, cuando triunfa el amor, todos los elementos se integran en una realidad única, mientras que el odio logra una disgregación de los cuatro elementos. Este es un proceso que se repite de forma indefinida.
Anaxágoras: Pretende salvar la evidencia de que en el cosmos están presentes y existen la pluralidad y el movimiento, sin ir en contra de las leyes de la razón. Para Anaxágoras, existe una pluralidad infinita de realidades materiales a las que llama homeomerías (partículas homogéneas de materia que, si se dividen, serán idénticas) y una realidad generadora del movimiento a la que llama nous (como la inteligencia gobernadora del cosmos).
Demócrito: Defendió la existencia de partículas de materia indivisibles a las que denominó átomos y que tienen todas las propiedades del ser de Parménides, menos dos: son innumerables y no son esféricos. El pluralismo de Demócrito es cuantitativo e ilimitado. Lo que se interpone entre dos átomos es el vacío. Este vacío es un no-ser (no tiene propiedades). El atomismo se aleja de la idea de un plan inteligente que construye y gobierna la realidad; es el resultado de choques azarosos de átomos flotando en el vacío. Él fue quien concibió la realidad como un mecanismo autónomo en el que la materia de los átomos es lo único a lo que podemos recurrir para tratar de explicarla.
La victoria de las polis griegas en las Guerras Médicas produjo una transformación en la forma de gobierno, pasando de aristocrática a democrática. Ahora, cualquier ciudadano podía ser miembro de la asamblea y acceder al poder. De este cambio surgió la sofística, que posee los siguientes rasgos:
Los intentos de proporcionar una explicación racional sobre la naturaleza despertaron cierta actitud escéptica. El escepticismo lo encontramos en filósofos como Demócrito, quien había negado que se pudiera alcanzar un pleno conocimiento de la naturaleza. Las consecuencias inmediatas del escepticismo fueron:
El escepticismo y el relativismo surgieron como reacción frente a la filosofía anterior, pero acabaron convirtiéndose en una actitud global con la que afrontar los nuevos problemas.
Para los presocráticos y para Sócrates, Platón y Aristóteles, la realidad es racional y el lenguaje es el instrumento para captar y comunicar su esencia. Gorgias, en cambio, desvinculó el lenguaje de la realidad, ya que el lenguaje está constituido por palabras que son solo sonidos y signos que no guardan una relación directa con la realidad. Esta tesis resultó fundamental en la idea que se tenía del ser humano y su papel en la sociedad, porque si se renuncia a entender el lenguaje como expresión de lo real, entonces su valor radica en la capacidad que posee para influir sobre la conducta y los sentimientos humanos.
Los sofistas consideraron que las leyes e instituciones que gobiernan la polis son convencionales, fruto de un acuerdo y, por lo tanto, pueden modificarse mediante un acuerdo diferente. Por esta razón, establecieron una diferenciación entre dos tipos de leyes:
Leyes naturales: Son fijas e inamovibles y en su elaboración no participa el ser humano. Estas leyes integran la physis.
Leyes políticas o sociales: Son el resultado del acuerdo entre los integrantes de una sociedad, se encuentran sujetas a cambios y reciben el nombre de “nomos”.
Physis y nomos son conceptos opuestos, representando la dicotomía entre naturaleza y cultura. Esta doctrina afectó a las leyes morales y ofrecieron dos argumentos:
La existencia de disputas morales: Si las normas morales procedieran de nuestra naturaleza, no serían objeto de debate, ya que existiría un acuerdo espontáneo.
Los principios que inspiran la conducta humana: A menudo, son contrarios a los propios de la naturaleza humana, lo que sugiere que no proceden de ella, sino que son fruto de una convención.
La figura del sofista acabó adquiriendo mala reputación debido a:
La palabra “sofista” en el lenguaje cotidiano llegó a significar “demagogo”.
Sócrates entendió el filosofar como un incesante examen de uno mismo y de los demás. No se trataba de impartir enseñanzas, sino de investigar conjuntamente a través del diálogo.
Se interesó por el ser humano, más allá de su inserción en la sociedad. El primer paso de su método era el reconocimiento de la propia ignorancia, ya que solo quien reconoce que no sabe se encuentra dispuesto a aprender. La intención de Sócrates era comunicar a otros el estímulo y el interés por la investigación filosófica. Para cumplir con esta tarea, se dotó de un método que consta de dos fases:
La ironía: Consiste en interrogar de manera persistente al interlocutor hasta socavar sus certezas más arraigadas, buscando que el interrogado descubra que no sabe aquello que creía saber, desenmascarando así el saber ficticio.
La mayéutica: Significa “arte de ayudar a dar a luz”. Una vez que el interrogado, por medio de la ironía, ha descubierto su ignorancia, Sócrates continúa formulándole preguntas para que, al responderlas, encuentre el verdadero saber.
Para Sócrates, las consecuencias del relativismo moral son inadmisibles, puesto que hacen imposible la comunicación. Ante esto, resulta urgente restaurar la función del lenguaje como vehículo de significaciones objetivas. Para Sócrates, la búsqueda de definiciones objetivas es la tarea primordial de la filosofía, porque así podremos resolver las discrepancias en el terreno moral, ya que para ser justo y honrado hay que saber qué es la justicia y la honradez. Esta doctrina recibe el nombre de intelectualismo moral.
El fundamento de esta identificación se encuentra en el paralelismo entre los tipos de saberes prácticos existentes:
Del intelectualismo moral se derivan una serie de consecuencias:
Para Sócrates, la filosofía es una tarea moral y trata de conocer lo importante: la virtud, que es la salud del alma. Los griegos concebían la virtud (areté) como un conjunto de bienes que incluían la nobleza en el linaje y en el carácter, pero también la riqueza y el vigor físico. Sin embargo, Sócrates no estaba de acuerdo. La salud del alma solo puede perderse si uno mismo la destruye al cometer una injusticia.