Portada » Filosofía » Ilustración, Razón y Conocimiento: Reflexiones Filosóficas de Kant y Platón
El presente texto forma parte de la obra de Immanuel Kant ¿Qué es la Ilustración?, un escrito divulgativo publicado en 1784, poco antes de la Revolución Francesa. Su propósito es fomentar el desarrollo y la extensión de las ideas ilustradas, especialmente en relación con la tolerancia religiosa y la libertad de expresión.
En este párrafo, Kant aborda la urgencia de extender la Ilustración y establece su requisito fundamental para esa expansión: el uso de la libertad. Este uso se entiende en un sentido muy particular, como la expresión de lo que Kant denomina el uso público de la razón. Sin embargo, esta libertad no es ilimitada, sino que está restringida por lo que él llama el uso privado de la razón. A continuación, intentaremos explicar por qué Kant establece esta distinción y restricción.
Para Kant, la Ilustración significa el paso del individuo de la minoría de edad, sometido a tutores de carácter político o religioso, hacia un estado de mayoría de edad, en el que los individuos alcanzan su autonomía e independencia de juicio. No obstante, esta Ilustración podría poner en peligro el orden legal establecido si se optara por una vía revolucionaria, sin alcanzar además un mayor grado de libertad para los individuos (según Kant, se cambiaría un tirano por otro).
Para evitar este riesgo, Kant aboga por un cambio dentro de las instituciones y por una Ilustración progresiva, basada en la educación y las reformas. Estas reformas deberían conceder gradualmente parcelas de libertad a los individuos sin necesidad de romper el orden social.
Es en este ámbito donde Kant desarrolla su doble sentido de libertad y, al mismo tiempo, de obediencia social, como se desprende de su texto:
Kant establece esta distinción como salvaguarda de cualquier conato revolucionario que pudiera poner en peligro el orden político vigente (en su caso, la monarquía absoluta de Federico II de Prusia). Universalizar la desobediencia hacia una ley, incluso siendo esta injusta, lleva, según Kant, a situaciones contraproducentes y contrarias al imperativo categórico.
A pesar de su aparente moderación, Kant sabe perfectamente dónde puede extender su noción de libertad más ampliamente: el campo religioso. Es en esta esfera donde el autor se vuelve más exigente y atrevido, solicitando de las autoridades políticas la separación entre Estado e instituciones religiosas, la limitación de toda censura religiosa, y la consideración de la religión como parte de la esfera de decisiones privadas de los individuos, que no conciernen a ninguna autoridad política, incluyendo al monarca absoluto.
Esto último entra dentro del programa típicamente ilustrado y reformista, que ya había sido esbozado un siglo antes por John Locke, y que otros ilustrados como Voltaire o Diderot habían extendido por Europa, hasta el punto de que la tolerancia religiosa y el deísmo (la creencia racional en un ser supremo, creador del universo y el orden moral del mundo) se confunden directamente con el pensamiento de la Ilustración.
A pesar de incidir aquí en otros autores ilustrados, la tensión del texto se refleja en dos autores contrarios que inspiran a Kant: Rousseau, por un lado, con su defensa de la libertad de los individuos y del derecho de los pueblos a gobernarse ellos mismos (la voluntad general), frente al autoritarismo pesimista de Hobbes, en el que la caída de un orden social nos llevaría inequívocamente a un brutal estado de naturaleza y la consiguiente guerra civil. Kant, a pesar de ser un liberal convencido —hecho que se desprende de su filosofía ética y de su propio imperativo categórico— se ve obligado a navegar en las circunstancias históricas de su tiempo, lo que le obliga a aceptar de facto el orden establecido, incluso aunque no se sienta identificado con él plenamente.
Podríamos comenzar el comentario indicando que la idea principal del texto es que en cada individuo reside la capacidad para conocer, una capacidad que reside en el alma. Según el fragmento, lo único que habría que hacer es «volverse hacia la luz», es decir, hacia el verdadero conocimiento (el Mundo de las Ideas) con el alma.
Con esta afirmación, Platón se opone a la concepción del conocimiento defendida por los sofistas, quienes afirmaban que podían infundir conocimiento donde no lo había, rechazando así la idea de que en cada persona ya está presente la capacidad de conocer.
En lo que hemos visto anteriormente, encontramos también algunos términos cuyo significado en el pensamiento del autor nos permitirá profundizar en el propio texto. Así, el alma, que para Platón es la parte más importante del ser humano, en contraste con el cuerpo, posee las siguientes características:
Platón habla además de tres partes del alma:
El alma, por tanto, es el órgano del conocimiento, la que nos permite conocer la verdad. Pero, ¿qué es la verdad para el autor? Son las Ideas, cuya cúspide se halla en la Idea de Bien (como se dice en el texto). Conocer, para Platón, es conocer las Ideas. La Teoría de las Ideas es el núcleo principal de la filosofía de Platón, siendo posible encontrar sus antecedentes en varios autores, destacando los pitagóricos, Parménides y Sócrates.
Platón no expone en ninguna de sus obras de forma concluyente y decisiva su Teoría de las Ideas; esta aparece en diversos momentos y obras de modo bastante desigual, si bien presenta las siguientes características fundamentales:
Para conocer las Ideas, Platón utiliza o trata sobre tres posibles caminos a seguir:
Pasar de las «tinieblas» (ignorancia/mundo sensible) a la «luz» (conocimiento/Mundo de las Ideas) significa ascender de lo sensible a lo inteligible, pasar de la ignorancia a la luz, lo que nos permite el alma como, recordemos, órgano del conocimiento. La diferencia entre los dos ámbitos generales del conocimiento está clara:
En el fragmento aparecen términos como «luz / tinieblas / luminoso», haciendo referencia al importante Mito de la Caverna al que pertenece el fragmento y en el que Platón alude y expone de forma alegórica los contenidos de su Teoría de las Ideas y la implicación de la misma en la educación y en el buen gobierno (política), aspectos estos últimos que también podemos desarrollar. La educación tiene como finalidad conducir al ser humano hasta el verdadero conocimiento (las Ideas, saliendo de la caverna) y busca formar al gobernante para que este conozca la verdad. Llegar a la meta del conocimiento es una tarea larga en el tiempo y su método será la dialéctica (método de ascenso y arte del diálogo).
En cuanto a lo político, el buen gobierno es el arte de conducir a la ciudad o Estado hacia la perfección y la felicidad, seleccionando a los ciudadanos más adecuados para ello.
El conocimiento significa liberarse de los sentidos, situar en el alma el papel central del conocer, como vimos en el fragmento. Pero Platón relaciona también cada parte del alma con cada una de las diferentes clases sociales que distingue en su utopía política:
En definitiva, en el conocimiento Platón se sirve del alma para pasar de la ignorancia al saber, de lo sensible a lo inteligible, del interior de la caverna al exterior en el que domina la Idea de Bien, el Sol que con su luz permite y hace posible el conocimiento de lo verdadero.
A continuación, se presenta una guía para la redacción crítica y personal, donde se debe relacionar el contenido del fragmento o algún aspecto de la filosofía del autor con:
La relación puede ser con el propio autor (Platón) o con cualquier otro de la historia (otros problemas, circunstancias, filosofías o autores).
Para responder adecuadamente a esta cuestión, es importante tener en cuenta los consejos que aparecen para su correcta realización en las orientaciones de la EBAU (en la UEX), entre los que destacamos:
«Se pide responder a una pregunta de carácter “comparativo”. Al ser una comparación no se trata de explicar arduamente los dos elementos comparados sino de desarrollar, brevemente, la cuestión comparativa, de modo que nos tenemos que centrar en el contraste (diferencias, semejanzas, contrastes, relación, etc.) entre lo que se nos pide comparar… Lea bien la pregunta y limítese, en el caso de que se le dé a elegir, a hacerlo dentro de la oferta que se le hace. Es muy buena idea que tenga claras las etapas de la filosofía y los autores de cada una.»
La presente cuestión es bastante personal, por lo que será importante tener en cuenta los conocimientos e intereses de cada uno.
Si se optara por la cuestión «a», podría desarrollar temas como, por ejemplo:
No debe olvidarse que, desarrolle el tema que sea, siempre deberá hacerlo COMPARÁNDOLO CON EL CONTENIDO DEL TEXTO O CON ALGÚN ASPECTO DEL PENSAMIENTO DE PLATÓN.
Si responde a la cuestión «b», no olvide que deberá referirse a otra época que no sea la actual. Valdrían los temas propuestos para la cuestión «a», si bien referidos a otro tiempo, por ejemplo, al mundo antiguo, al medieval, etc.