Portada » Historia » Revolución agraria, industrialización e impacto de la Primera Guerra Mundial (siglos XIX–XX)
La agricultura fue el primer sector en experimentar una fuerte transformación. Ya a lo largo de la Edad Moderna se habían llevado a cabo ciertas mejoras, como el perfeccionamiento de la maquinaria en algunos países de Europa. Sin embargo, fue en la Inglaterra de principios del siglo XVII donde se intensificaron los nuevos métodos:
Nacido en el territorio de la actual Croacia, el científico Nikola Tesla desarrolló gran parte de su trabajo en Estados Unidos. A finales del siglo XIX y principios del XX, Tesla llevó a cabo múltiples investigaciones en el campo de la corriente eléctrica. A él se deben los principales estudios sobre la corriente alterna, que contribuyeron de manera decisiva al desarrollo de la Segunda Revolución Industrial.
Al inicio de la industrialización, en muchos países europeos surgieron las primeras movilizaciones obreras. El ludismo consistió en acciones violentas para destruir las máquinas y evitar que estas sustituyeran el trabajo humano. El nombre de este movimiento proviene del legendario Ned Ludd, que supuestamente, desde 1810, organizó en Inglaterra varios actos de destrucción de maquinaria.
El imperialismo estuvo motivado por mecanismos muy complejos y diversos. Entre ellos podemos destacar:
Se pueden clasificar en tres modelos:
Como consecuencia de la situación prebélica se crearon dos bloques de alianzas, en gran medida herederos de las alianzas de los sistemas bismarckianos:
El 28 de junio de 1914, el príncipe heredero del Imperio austrohúngaro, Francisco Fernando, fue asesinado en Sarajevo a manos de un separatista serbio. En respuesta, Austria amenazó con anexionarse Serbia, en tanto Rusia salía en defensa de ésta.
Inmediatamente se produjo una reacción de todas las alianzas: Alemania atacó a Francia a través de Bélgica, y Gran Bretaña decidió defender a Francia y la neutralidad belga.
En la primera fase, llamada guerra de movimientos, Alemania lanzó un ataque rápido sobre Francia con la intención de dominarla en poco tiempo. Al mismo tiempo, una acción combinada de alemanes y austriacos derrotó a Rusia en el frente oriental.
En 1915, las tropas francesas detuvieron a las alemanas junto al río Marne, cerca de París. Comenzó una nueva fase, la guerra de trincheras o de posiciones, pues ambos ejércitos eran incapaces de avanzar. Así, la guerra se estancó, con terribles pérdidas humanas, tanto en el bando franco-británico como en el alemán.
Para protegerse del enemigo, los soldados tuvieron que cavar complejos sistemas de trincheras. Desde el Mar del Norte hasta Suiza, un frente de miles de kilómetros se convirtió en una trampa mortal. La lluvia, el frío, la nieve, el barro, las ratas, los piojos y las enfermedades llevaron al extremo el sufrimiento humano. Los intentos de los altos mandos militares por romper los frentes provocaron sangrientas batallas.
En este tiempo, la guerra se expandió a otras partes del mundo. Las operaciones se ampliaron a territorios del vasto Imperio británico y del Imperio otomano, que tomó partido a favor de los Imperios Centrales (Alemania y Austria-Hungría).
En 1917 se inició la última fase de la guerra. Este año resultaría decisivo. Tras el triunfo de la revolución en Rusia, este país firmó la paz con Alemania en términos que suponían prácticamente su rendición. Sin embargo, las potencias de la Entente superaron este traspié gracias a la intervención de los Estados Unidos, lo que a la postre desniveló las fuerzas a su favor.
Los problemas de abastecimiento y las dificultades en las condiciones de vida debilitaron el apoyo de la población civil a la guerra y la moral de los soldados mostraba signos de evidente cansancio.
Los contraataques aliados y la progresiva pérdida de apoyos por parte de Alemania llevaron al ejército alemán a la conclusión de que la guerra no podía ganarse. Guillermo II abdicó y se proclamó la República de Weimar.
Próximo el fin de la guerra, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, propuso un plan de paz conocido como los «14 puntos de Wilson». Tras la derrota de los Imperios Centrales se firmó el armisticio, que supuso la suspensión de las hostilidades en noviembre de 1918.
Las consecuencias profundas y trágicas del conflicto bélico pusieron de manifiesto la masiva capacidad de destrucción de la guerra moderna:
En 1905, fuerzas opositoras al zarismo intentaron conquistar el poder mediante una revolución. Sus causas profundas estuvieron en una grave crisis económica, política y social, que provocó un intenso movimiento huelguístico, y en la derrota en la guerra ruso-japonesa (1904–1905), que evidenció la debilidad del régimen zarista.
El detonante de esta nueva revolución fue la imposición de cartillas de racionamiento en una situación de guerra, hambre y desmoralización general. Estas cartillas permitían a las familias adquirir una pequeña cantidad de víveres para poder subsistir en tiempos de escasez.
El Gobierno provisional trató de dar un nuevo impulso a la guerra, lo que aumentó la crispación social. Durante el verano, el jefe de Gobierno —Kerenski— confió el mando supremo del ejército al general Kornílov, quien intentó dar un golpe de Estado e instaurar una dictadura militar. Este hecho se convirtió en la causa inmediata de una nueva revolución.
