Portada » Arte » Renacimiento italiano y arte gótico: arquitectura, escultura y pintura explicadas
La arquitectura renacentista se caracteriza por la revalorización del arte clásico grecorromano. Al igual que otras artes, se divide en tres etapas: Quattrocento, Cinquecento y Manierismo.
Se busca la perfección matemática, la proporción y la unidad espacial. El muro recupera su función sustentante, se emplea el arco de medio punto y las columnas siguen los órdenes clásicos. Las cubiertas suelen ser cúpulas o bóvedas de cañón con casetones.
La decoración es sobria y de inspiración clásica, con grutescos, guirnaldas, medallones y motivos mitológicos o fantásticos. Predomina la horizontalidad sobre la verticalidad, reforzada mediante entablamentos, líneas de imposta y techumbres planas.
Finalmente, los arquitectos dejan de ser simples artesanos para convertirse en intelectuales: adquieren formación científica y participan activamente en la vida cultural.
La escultura renacentista italiana es el resultado de una evolución desde el gótico, con una fuerte influencia del arte romano clásico, muy presente en el ambiente cultural del momento. La escultura alcanza una plena independencia de la arquitectura y se desarrolla de forma libre.
También aparece una escultura decorativa en pilastras, muros y bóvedas, inspirada en modelos clásicos como el Ara Pacis, con guirnaldas y medallones. La temática es principalmente religiosa, aunque se combina con temas mitológicos, alegóricos y el retrato laico. Los escultores son artistas con sólida formación técnica y humanística, muy valorados socialmente y protegidos por los mecenas.
La pintura renacentista italiana experimenta una importante evolución cuyo punto de partida se encuentra en la obra de Giotto. Las diferencias entre autores dificultan establecer rasgos comunes, pero pueden señalarse una serie de características generales.
La temática es tanto religiosa como profana, según los intereses del comitente. Destaca el creciente desarrollo del retrato, que busca reflejar la posición social y la personalidad del representado.
La perspectiva constituye una de las grandes conquistas del Renacimiento, permitiendo la representación de la profundidad espacial. En un primer momento se utiliza la perspectiva lineal, a la que posteriormente se suma la perspectiva aérea.
En cuanto al dibujo y el color, en el Quattrocento predomina el dibujo preciso y definido, mientras que en el Cinquecento el color adquiere mayor protagonismo.
La luz en el Quattrocento es conceptual y uniforme, sin una fuente concreta, mientras que en el siglo XVI aparece la luz dirigida, que ilumina selectivamente las figuras. El cuerpo humano es objeto de un profundo estudio anatómico, empleándose recursos como el escorzo. Asimismo, se incorporan paisajes y arquitecturas como fondo de las escenas, generalmente idealizados y sin el detallismo propio de la pintura flamenca.
Leonardo da Vinci fue pintor renacentista de finales del siglo XV e inicios del siglo XVI, encuadrado en la denominada escuela florentino-romana de la etapa clasicista del Cinquecento. Trabajó en Roma bajo el patrocinio del papa Julio II y acabó su vida en Francia, en la corte de Francisco I. Máximo exponente del ideal humanista, fue inventor, escultor, pintor e ingeniero militar.
Su mayor aportación a la pintura fue el avance hacia la perspectiva aérea, difuminando contornos y tonalidades mediante el sfumato. Dio a sus obras sensación atmosférica, conjugando luces, sombras, volumen y perspectiva en composiciones sencillas y geométricas, cargadas de belleza y misterio. Entre sus obras destacan La Virgen de las Rocas, La Última Cena y el enigmático retrato de La Gioconda.
Miguel Ángel fue arquitecto, pintor y escultor renacentista italiano del siglo XVI, encuadrado estilísticamente en la etapa conocida como Cinquecento, que tuvo a Roma como principal capital artística. Evolucionó desde el clasicismo hacia el manierismo.
En arquitectura destacó por su carácter dinámico en la monumental cúpula de San Pedro del Vaticano. En pintura destacó por sus figuras musculosas, posturas complejas, escorzos y anatomías muy estudiadas, como se aprecia en el Juicio Final de la Capilla Sixtina. En escultura se encontraba más cómodo y cultivó una expresividad contenida llamada terribilità, visible en obras como el David o en El Moisés. En su etapa de madurez evolucionó hacia el manierismo, rompiendo algunos ideales clásicos (por ejemplo, en versiones tardías de La Piedad).
Masaccio fue pintor renacentista italiano de la primera mitad del siglo XV, encuadrado estilísticamente en la etapa conocida como Quattrocento, con Florencia como principal capital artística. Recogió el interés de Giotto por los valores plásticos y el volumen, al que añadió la aplicación de la perspectiva lineal, la proporción y la incidencia de la luz sobre los cuerpos. Sus composiciones estaban ordenadas con minucioso cuidado. Entre sus obras al fresco destaca La Trinidad y la Capilla Brancacci, donde se encuentran escenas como La expulsión de Adán y Eva del Paraíso.
El Bosco (Hieronymus Bosch) fue pintor flamenco de los siglos XV-XVI y artista importante de la tercera generación de los «Primitivos Flamencos». Creador de una imaginación desbordante, unió tradiciones medievales y evolucionó hacia formas que dialogan con el Renacimiento. Sus temas, llenos de seres fantásticos de apariencia irreal e inspirados en los bestiarios, anticipan el surrealismo y constituyen una crítica religiosa y social. En el Museo del Prado se conservan obras como el Tríptico del Jardín de las Delicias y El carro de heno.
Jan van Eyck fue pintor flamenco del siglo XV, encuadrado en la primera generación de los «Primitivos Flamencos». Se inició junto a sus hermanos e incorporó la técnica del óleo sobre tabla, que le permitió trabajar lenta y cuidadosamente, superponer colores y dar gran brillo a sus obras. Destacan su detallismo, la captación de superficies, la búsqueda de la tercera dimensión y rostros realistas, como en el Tríptico del Cordero Místico. Todo ello destaca también en el Matrimonio Arnolfini, donde introduce una simbología compleja y un tratamiento del volumen a través de los paños.
Praxíteles fue un escultor griego del siglo IV a. C., encuadrado en la etapa de crisis del clasicismo griego. Trabajó de forma magistral el mármol y representó a los dioses con rasgos más humanos. Acentuó el contrapposto, creando la curva praxiteliana, sinuosa y rítmica, que convertía a sus figuras en personajes de aparente inestabilidad. Redujo la musculatura y redondeó contornos buscando un ideal de belleza cuyos rostros eran melancólicos e idealizados. Entre sus obras se citan el Apolo Sauroctono, la Afrodita de Cnido y el Hermes con el niño Dionisos.
Lisipo fue escultor griego del siglo IV a. C., encuadrado en la etapa de crisis del clasicismo griego que evolucionó hacia el helenismo. Aportó un tipo humano más esbelto a través del canon 1:8, el empleo del contrapposto y el dominio del espacio mediante esculturas abiertas y tridimensionales con múltiples puntos de vista. Destacan el Apoxiomeno y varios retratos de Alejandro Magno, pues fue escultor en su corte.
Maestro Mateo fue arquitecto y escultor de arte románico del siglo XII (primer estilo internacional europeo). Conocía las técnicas de construcción francesas (por ejemplo, la catedral de Reims). En escultura marcó el final del románico y el inicio de la transición al gótico. Su obra más importante es el Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago de Compostela, dividido en tres partes: en el tímpano central representa el fin del mundo; en las arquivoltas aparecen los ancianos del Apocalipsis; en el parteluz se coloca la figura del apóstol Santiago; y en las jambas se muestran figuras que comienzan a relacionarse entre sí. También realizó el triforio del piso superior de la catedral.
Mirón fue escultor griego de la segunda mitad del siglo V a. C., encuadrado en la etapa clásica griega. Buscó plasmar la belleza ideal mediante la armonía, la proporción y el estatismo emocional (ethos). Fue un paso más allá al intentar representar el movimiento y la tensión muscular en su obra El discóbolo, que muestra a un atleta en el instante de lanzar un disco, creando una transición entre dos trayectorias opuestas.
Fidias fue escultor griego de la segunda mitad del siglo V a. C., encuadrado en la etapa clásica griega. Representó la culminación del clasicismo por su gran maestría en el equilibrio compositivo, la idealización de las formas, la expresividad de los rostros y la perfección técnica de los «paños mojados». Destaca su labor en el Partenón, donde dirigió su decoración; de su taller salieron las famosas metopas y él mismo realizó la figura crisoelefantina de Atenea Partenos y la considerada maravilla de la Antigüedad, Zeus en Olimpia.
Se desarrolla entre los siglos XII y XV y se localiza en Europa occidental. El tipo de arquitectura que se desarrolla es tanto religiosa —iglesias y catedrales— como civil (palacios urbanos, hospitales, universidades y lonjas).
En España: siglo XIII en Castilla, siglo XIV en Levante y siglo XV bajo los Reyes Católicos.
Se produce un cambio en la idea de las formas escultóricas. El hieratismo geométrico de la figura escultórica románica —que provocaba una sensación atemporal y simbólica— deja paso a un naturalismo en línea con una nueva espiritualidad más humana.
Las figuras son esbeltas y presentan más expresividad: sentimientos de dolor, placer, bienestar, etc. La escultura sigue unida a la arquitectura, aunque se extiende más por el edificio que en el románico. Encontramos relieves y escultura exenta. Los temas más populares son religiosos: el Juicio Final; la Madre de Dios; la Piedad; el Crucificado; y representaciones de santos y santas.
En el siglo XV se desarrollan los retablos, donde se alterna pintura y escultura, y los sepulcros, donde renace el género del retrato, abandonado desde la época del Imperio Romano y recuperado en este siglo en el marco de la vida cortesana.
