Portada » Psicología y Sociología » Psicología social: conceptos clave, influencia social y niveles de estudio
La psicología social es la rama de la psicología que estudia cómo los pensamientos, los sentimientos y los comportamientos de las personas están influidos por otras personas. Esta influencia no solo ocurre cuando los demás están físicamente presentes, sino también cuando los imaginamos o cuando su presencia está implícita a través de normas, valores y costumbres sociales que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida.
Una primera idea principal es que la psicología social es una ciencia. Esto significa que no se basa en opiniones personales ni en el sentido común, sino que utiliza el método científico para explicar el comportamiento social. Los psicólogos sociales observan y miden la conducta humana y elaboran teorías que después se contrastan con datos reales. Por ejemplo, no basta con decir que «las personas se comportan mal en grupo», sino que se estudia de manera sistemática por qué ocurre eso, en qué condiciones y qué procesos psicológicos están implicados.
La segunda idea principal es que la psicología social se centra en la influencia social, entendida de forma amplia. Muchas veces creemos que nuestras decisiones son totalmente individuales, pero en realidad están muy influidas por la sociedad.
Un ejemplo claro es el comportamiento cotidiano: aunque estemos solos en un parque y nadie nos esté mirando, normalmente no gritamos ni tiramos basura al suelo. Esto ocurre porque hemos interiorizado normas sociales que siguen influyendo en nuestra conducta incluso cuando no hay otras personas presentes.
Por tanto, la psicología social muestra que el comportamiento humano no puede entenderse sin tener en cuenta el contexto social, ya que incluso nuestros pensamientos más privados están influidos por el lenguaje, la cultura y la convivencia con los demás.
La psicología social estudia cómo las personas piensan, sienten y actúan dentro de un contexto social. Su objetivo no es analizar al individuo de forma aislada, sino entender cómo su comportamiento está influido por otras personas, por los grupos a los que pertenece y por la sociedad en general. Se sitúa entre la psicología individual y otras ciencias sociales, pero se diferencia de ellas por su forma de explicar el comportamiento.
En la psicología social actual, la orientación predominante es la cognición social. Este enfoque se centra en cómo las personas interpretan la realidad social. No reaccionamos automáticamente a lo que ocurre a nuestro alrededor; lo interpretamos a través de procesos mentales como la percepción, la categorización o las creencias. Por ejemplo, dos personas pueden vivir la misma situación social y entenderla de forma distinta según sus experiencias previas o sus expectativas.
Además, el capítulo explica que el comportamiento social puede analizarse desde distintos niveles de estudio, propuestos por Doise. Estos niveles facilitan una comprensión multifacética del comportamiento humano:
Estos niveles permiten comprender que el comportamiento humano es complejo y que no puede explicarse desde un único punto de vista.
El poder de la situación hace referencia a la gran influencia que el contexto social puede tener sobre el comportamiento de las personas. El capítulo insiste en que no siempre actuamos de una determinada manera por nuestra personalidad, sino porque la situación en la que nos encontramos nos empuja a comportarnos así. Las personas pueden cambiar mucho su conducta dependiendo del contexto social.
Ejemplos del poder de la situación:
Esto demuestra que para entender el comportamiento humano no basta con analizar la personalidad, sino que es fundamental tener en cuenta la situación social en la que se produce la conducta.
La construcción subjetiva de la realidad significa que las personas no percibimos la realidad de forma objetiva, sino que la interpretamos según nuestras creencias, experiencias previas y el contexto social en el que vivimos. El significado de una conducta puede variar dependiendo de quién la observe y de la situación en que ocurra.
Esta idea ayuda a explicar la discriminación arbitraria, ya que a veces basta con clasificar a las personas en grupos para que aparezcan diferencias de trato, incluso cuando esas categorías no tienen una base real. Por ejemplo, si se divide a una clase en dos grupos al azar, es posible que algunos estudiantes empiecen a valorar más a los de su propio grupo y a ver de forma más negativa al otro grupo, aunque no exista ninguna diferencia objetiva entre ellos.
Las expectativas juegan un papel muy importante en este proceso. Si esperamos que una persona se comporte de una determinada manera, tendemos a interpretar sus acciones para confirmar esa expectativa. Por ejemplo, si creemos que alguien es problemático, es más probable que interpretemos cualquier comportamiento suyo como negativo, reforzando así esa idea inicial.
De este modo, la realidad social se construye y se mantiene a través de interpretaciones compartidas que influyen en el comportamiento y pueden dar lugar a prejuicios y discriminación, incluso cuando se basan en criterios completamente arbitrarios.
