Portada » Psicología y Sociología » Principios de Normalización e Integración Social: Fundamentos y Aplicaciones
A pesar de que existe una normativa legal al respecto, son frecuentes los desajustes entre la ley y el pensar-actuar de entidades públicas o privadas, instituciones o personas.
***Bank-Mikkelsen*** (Dinamarca) explicó la normalización como la posibilidad de que la persona con discapacidad desarrolle un tipo de vida tan normal como sea posible en cuanto a oportunidades y opciones en los distintos ámbitos de la vida (vivienda, trabajo y tiempo libre).
***Nirje*** (Suecia) entendió la normalización como la mejora de la calidad de vida experimentada por niños y adultos con retraso. En 1968, presentó al parlamento sueco la ley de normalización y definió el principio criticando el concepto vigente de deficiencia mental, centrado en el propio deficiente. Considera que las limitaciones que experimentan las personas con discapacidad son consecuencia de:
Las experiencias que va viviendo, positivas o negativas, le hacen ir mejorando o empeorando. No por ser deficiente debemos privarle de amor, exigencias, enseñanza y apoyo adecuados, haciéndole más incapaz. Si no se les enseña, no van a aprender y no serán capaces de adaptarse a la sociedad. Hay que evitar las situaciones sociales que aumentan la deficiencia. Las barreras las ponemos los demás, no las tienen ellos. No hay que compadecerles, sino estimular sus potencias de aprendizaje, que todos las tienen.
***Wolfensberger*** (Canadá), influido por las aportaciones anteriores, generaliza el principio de normalización creando una perspectiva más amplia cuya idea principal es la valoración del rol social de la persona con discapacidad. Se centra en la persona y lo generaliza a todas las personas socialmente marginadas (no solo a las personas con discapacidad mental, como en las conceptualizaciones anteriores). Exige respeto y consideración normal a sus derechos, opciones, deseos y aspiraciones, rigiéndose por las mismas normas económicas que los demás y posibilidad de acceder al mundo del trabajo.
Es decir, permitir que las condiciones de vida de una persona sean al menos tan buenas como las de un ciudadano medio, ya que es un derecho que tienen todas las personas, con independencia de sus características y particularidades personales, de gozar de los entornos normales de bienestar social.
En resumen, la normalización no significa la eliminación de la discapacidad, sino reconocer su derecho a ser diferentes, apreciar su participación en la vida social y sentir que la sociedad puede enriquecerse con su aportación.
La normalización exige la creación de un entorno lo menos restrictivo posible, dotado de recursos humanos y técnicos suficientes para un tratamiento integral de calidad, según las necesidades de cada individuo, mediante un cambio de actitudes ante las personas con discapacidad. Para ello es necesaria la integración en la sociedad, en la familia, en la escuela, en el trabajo, en el ocio.
La normalización se caracteriza por los siguientes rasgos:
En fin:
Integración es la posibilidad de que la población con y sin discapacidad se encuentren, se conozcan, se acepten y crezcan juntos.
La integración social puede tener varias manifestaciones:
La LISMI (Ley de Integración Social del Minusválido) marca las pautas para la integración, sobre todo escolar y laboral.
***Brown*** reivindica la necesidad de que se establezcan relaciones satisfactorias en el periodo escolar para lograr la integración social comunitaria, que en caso contrario resultaría mucho más difícil, agrandando la distancia entre ambos grupos y operando en sentido negativo para las personas con discapacidad. Hay un riesgo de que se produzca una mayor segregación como consecuencia de vivencias inadecuadas de la integración, y en ese caso, en vez de reducirse los prejuicios, se producirá el efecto contrario, reafirmándose las falsas creencias que confirman las nulas expectativas respecto a las personas con minusvalía.
La ***UNESCO*** sostiene que la integración debe partir de la reforma del sistema escolar, cuya meta es la creación de una escuela común que ofrezca una educación diferenciada a todos en función de sus necesidades, en un marco único y coherente de planes de estudio. Precisa una estrecha relación entre la integración escolar y la atención a la diversidad.
***García Pastor*** considera que hay que trabajar por una escuela para todos, una escuela común donde tengan cabida niños diferentes. El respeto a la diferencia debe ser uno de los pilares básicos, fundamentalmente en los siguientes rasgos:
Existen, por tanto, múltiples formas de integración en el panorama científico, legislativo y en la praxis, aunque no podemos plantear un único concepto de integración. Esto no impide que se agrupen las ideas en tres grandes enfoques.
