Portada » Arte » Obras maestras del Renacimiento: cúpulas, palacios y pinturas emblemáticas
La cúpula de Santa María del Fiore de Florencia es una obra maestra del Renacimiento, diseñada por Filippo Brunelleschi y construida entre 1420 y 1436. Se eleva sobre un tambor octogonal y está formada por ocho grandes segmentos en forma de vela que convergen en la linterna, decorados exteriormente únicamente por ocho costillas de mármol, lo que refuerza su sobriedad y monumentalidad.
Su estructura es especialmente innovadora: está compuesta por dos cúpulas superpuestas, una interior y otra exterior, que se equilibran entre sí. Ambas se sostienen gracias a un complejo sistema constructivo basado en una espiral de ladrillos en espina de pez, verdadero eje estructural de la obra. Además, toda la cúpula está organizada siguiendo la sección áurea, logrando una perfecta armonía, proporción y equilibrio, principios fundamentales del arte renacentista. En 1466, Andrea del Verrocchio realizó la bola de bronce que remata la linterna.
Desde su inauguración en 1436, la cúpula se convirtió en el elemento vertebrador del perfil urbano de Florencia, destacando por sus enormes dimensiones y su silueta inconfundible, a pesar de estar integrada en un entorno urbano muy limitado. Cumple la función de cubrir el crucero de la catedral, pero también fue concebida como un símbolo del poder, la riqueza y el prestigio de la ciudad, gobernada en el siglo XV por la familia Médici.
Por la complejidad y originalidad de su sistema constructivo, está considerada la obra arquitectónica más importante realizada desde la época romana y la mayor cúpula de obra del mundo. Inspirada en la cúpula del Panteón de Roma, la cúpula de Brunelleschi ejerció una enorme influencia en la arquitectura posterior, sirviendo de modelo para numerosas cúpulas en Florencia y en toda Europa, y especialmente para Miguel Ángel en el diseño de la cúpula de San Pedro del Vaticano.
Esta obra es la fachada del palacio Rucellai. El autor es Leon Battista Alberti. Pertenece al estilo renacentista. La cronología es 1446–1451. El rico comerciante Rucellai encargó en 1446 a su amigo personal y arquitecto, Leon Battista Alberti, la unificación de ocho casas de su propiedad en Florencia en un solo palacio.
El palacio se estructura en tres niveles marcados por el uso de los tres órdenes clásicos: dórico en la planta baja, jónico en el primer piso y corintio en el segundo. Los tres niveles están separados solo por un entablamento. La superposición de los órdenes clásicos responde a la voluntad de las teorías de Vitruvio. En la fachada se repiten los elementos y formas con geometría exacta, características que se aplicarán a todos los palacios realizados a posteriori en el siglo XV.
La integración urbanística es destacable ya que no alteró el entorno ni lo condicionó en modo alguno, de tal manera que hasta es difícil ver la totalidad del palacio en perspectiva. Aun así, Rucellai ordenó derribar las casas frente al palacio y construir una plaza. El palacio Rucellai de Alberti es un todo funcional, pensado como residencia privada de una familia de comerciantes acaudalados. Gracias a ellos, Alberti creó un prototipo de palacio renacentista, utilitario y racional, que se aleja de los ejemplos medievales.
El palacio Rucellai de Alberti se convirtió en el modelo para la totalidad de palacios construidos en la península Itálica durante el siglo XV, entre ellos los palacios Strozzi y Pitti, en la misma Florencia. El principal ejemplo de palacio construido a imagen del palacio Rucellai es el que ideó Bernardo Rossellino para el papa Pío II: Palacio Piccolomini, en Pienza.
La fachada de Santa María Novella, construida entre 1458 y 1470, es una obra clave del Renacimiento italiano, concretamente del Quattrocento, diseñada por Leon Battista Alberti. La iglesia dominicana, de estilo gótico, había llegado al siglo XV sin fachada, algo frecuente en Florencia, y esta se convirtió en la única fachada de iglesia levantada en la ciudad durante ese siglo.
Alberti, arquitecto y teórico del Renacimiento, concibió una fachada racional, matemática y proporcional, caracterizada por una gran sobriedad decorativa. Toda la composición se basa en la sección áurea y en la repetición de formas geométricas como cuadrados, rectángulos, triángulos y círculos, que se organizan de manera armónica. Respetó el nivel inferior gótico preexistente, integrándolo sin ruptura en el conjunto, lo que demuestra su capacidad para unir tradición y modernidad.
La fachada sigue la tradición toscana de origen románico, combinando el mármol blanco de Carrara con el mármol verde de Prato, reforzando la claridad y el equilibrio visual. El edificio se sitúa en la plaza de Santa María Novella, creada para acoger a los fieles que asistían a las predicaciones dominicas, y la fachada actúa como elemento simbólico de entrada y referencia de la basílica.
Su importancia reside en que constituye uno de los grandes manifiestos arquitectónicos del Renacimiento, influyendo decisivamente en la arquitectura posterior. El propio Alberti retomó estos principios en la fachada de San Andrés de Mantua, y más tarde fueron reinterpretados por Giacomo della Porta en la fachada de la iglesia del Gesù de Roma, donde se mantiene la racionalidad matemática al tiempo que se incrementa la monumentalidad, convirtiéndose en un referente de la arquitectura de la Contrarreforma.
Esta obra es El tributo de la moneda. Pertenece a un ciclo de frescos sobre la vida de San Pedro, que decora los muros de la capilla Brancacci en la iglesia de Santa María del Carmine en Florencia.
En el conjunto participaron varios pintores desde 1424, pero este pasaje en concreto es obra de Masaccio. La escena representa el momento en que Jesús y sus discípulos llegan a Cafarnaúm y deben pagar un tributo para entrar. Mediante el procedimiento de narración continua, ilustra en la misma escena tres episodios distintos: en el centro, Cristo le indica a San Pedro que vaya al mar, eche el anzuelo y en la boca del primer pez que capture hallará una moneda; al fondo a la izquierda, San Pedro está cogiendo la moneda de la boca del pez; y a la derecha, se la está entregando al recaudador.
En sus figuras Masaccio entronca directamente con la grandiosidad de Giotto, pero le supera en la utilización de la luz como creadora de volumen y corporeidad. Todas ellas mantienen una posición de contrapposto y se relacionan entre sí con absoluta naturalidad por gestos y miradas.
Además, Masaccio fue el primero en conseguir una correcta representación del espacio, según las leyes de la perspectiva lineal. El punto de fuga en esta composición está en la cabeza de Cristo, por lo que las líneas de fuga contribuyen a destacar su importancia al apuntar hacia él.
El David es una escultura en mármol del Renacimiento, realizada por Miguel Ángel entre 1501 y 1503 a partir de un bloque de mármol de Carrara previamente desechado. Fue encargada por el gobierno de Florencia para la catedral, pero finalmente se colocó en la plaza de la Signoria, donde se convirtió en símbolo de la libertad y la defensa de la República florentina.
Miguel Ángel, profundamente religioso y con una clara vocación por la escultura, concebía la forma como algo ya existente dentro del bloque de piedra, que el escultor debía liberar. Formado en Florencia e influido por el neoplatonismo, alcanzó pronto reconocimiento, como demuestra su Piedad del Vaticano.
El artista rompió con la representación tradicional de David tras la victoria y lo mostró antes del combate, como una figura colosal, desnuda y heroica, inspirada en la Antigüedad clásica. El perfecto estudio anatómico, el contrapposto y la tensión muscular reflejan la influencia de la estatuaria griega, mientras que la intensa expresión del rostro revela la tragedia interior del personaje y anticipa la terribilità característica de Miguel Ángel.
Convertido en uno de los grandes iconos del arte occidental, el David ejerció una enorme influencia en la escultura posterior, especialmente en artistas como Bernini, que desarrolló estas ideas hacia el dinamismo y la expresividad del Barroco.
La obra refleja El nacimiento de Venus. Se trata de una obra renacentista. El autor es Sandro Botticelli. La cronología es 1485. La tabla representa el nacimiento de Venus de las aguas, empujada a la playa por el soplo de los Céfiros, entre una lluvia de rosas, siendo finalmente recibida por Flora, diosa de la vegetación y la naturaleza.
De nuevo aparece el tema mitológico en la obra de Botticelli, aunque como era habitual en el primer Renacimiento, con una segunda lectura religiosa. Al fin y al cabo, también el cristiano nace a la verdadera religión a través del agua del bautismo.
No obstante, la verdadera temática del cuadro insiste de nuevo en la idealización platónica. Esta representación de Venus es la representación de la belleza, pero de la belleza neoplatónica, es decir, inalcanzable, espiritual, de ensueño, existente en todo caso en el mundo de las ideas, pero no en el terrenal.
La pintura una vez más refleja plásticamente este ambiente. Es por ello una pintura plana, etérea, en la que tanto los personajes como los elementos del paisaje se abstraen de la materia y de la realidad. Prevalece la línea sinuosa y sensual, marcando el ritmo sutil de la composición, y desentendiéndose de la representación del volumen y de la perspectiva. Tal es su idealización, que las olas del mar se reducen a un mero esquematismo de pequeñas líneas todas iguales.
La composición vuelve al esquema triangular, que equilibra en armonía la obra; la luz, cenital, de brillos inmaculados y cristalina, acentúa sin duda la sensación de inmaterialidad; lo mismo que el color, de tonos alegres, pero en el que impera un ámbito verde-azulado, que enmarca todo el sentido celestial de esta representación. Es igualmente importante subrayar la recuperación del desnudo como imagen de la belleza espiritual, lo que es una muestra más de sus referencias clásicas, si bien se trata, por supuesto, de un desnudo puro.
La Última Cena es una obra renacentista realizada por Leonardo da Vinci entre 1494 y 1498. Leonardo, considerado el hombre renacentista por excelencia, desarrolló su carrera entre Florencia, Milán y Francia, destacando por su interés tanto artístico como científico.
La obra presenta una gran teatralidad, reflejada en los gestos y actitudes de los apóstoles. Leonardo sitúa la escena en un espacio de arquitectura clásica, utilizando una perspectiva central matemática que crea un efecto de trampantojo y dirige la atención hacia la figura de Cristo. Los apóstoles aparecen agrupados de tres en tres, con alternancia de colores azules y rojos, y la luz procede del ventanal del fondo.
El pintor no representa la institución de la Eucaristía, sino el momento en que Cristo anuncia la traición, lo que le permite realizar un profundo estudio de los temperamentos humanos, mostrando emociones como la sorpresa, la ira, la duda o la culpa. La cuidada captación de gestos y expresiones refleja la mímesis de la naturaleza que Leonardo perseguía.
Por su composición, expresividad e innovación, La Última Cena se convirtió en una de las obras más influyentes de la historia del arte, siendo reinterpretada a lo largo de los siglos por numerosos artistas.
La Gioconda o Mona Lisa es una obra del Renacimiento, un óleo sobre tabla pintado por Leonardo da Vinci entre 1503 y 1506 durante su estancia en Florencia. Según Vasari, representa a Mona Lisa, esposa del florentino Francesco del Giocondo.
Considerada el gran icono del arte occidental, es la obra pictórica sobre tabla más importante de Leonardo. Se conserva en Francia porque el artista la llevó consigo hasta su muerte en 1519, pasando después a la colección de Francisco I y, tras la Revolución francesa, al Museo del Louvre.
La figura aparece representada de medio perfil, con ligera inclinación, las manos cruzadas y una mirada enigmática dirigida al espectador. El fondo es un paisaje brumoso tratado con perspectiva aérea, que aporta profundidad mediante gradaciones de color. En la figura, Leonardo emplea el sfumato, creando contornos difusos y evitando el dibujo marcado.
Por su innovación técnica, expresividad y misterio, la Mona Lisa ha sido una obra de enorme influencia y objeto de admiración constante a lo largo de la historia del arte.
La Escuela de Atenas es una pintura mural del Renacimiento, perteneciente al Cinquecento, realizada por Rafael Sanzio entre 1510 y 1511. Fue encargada por el papa Julio II para la Stanza della Segnatura del Vaticano, sala destinada a la firma de decretos del Tribunal Eclesiástico, y forma parte del programa iconográfico junto a La Disputa del Sacramento.
La obra representa la síntesis del pensamiento clásico, reuniendo a los principales filósofos, científicos y representantes de las artes liberales. En el centro de la composición se sitúan Platón, con el rostro de Leonardo da Vinci y túnica roja, y Aristóteles, con túnica azul, simbolizando las dos grandes corrientes del pensamiento antiguo. Aparecen también figuras destacadas como Sócrates, Pitágoras, Heráclito, y la representación simbólica de las siete artes liberales. Rafael se autorretrata en la escena y también incluye a Hipatia de Alejandría, ambos mirando al espectador.
Desde el punto de vista formal, la obra refleja la maestría de Rafael en el dibujo, la composición equilibrada y la distribución espacial, integrando influencias de Miguel Ángel en la anatomía y de Leonardo en el uso del sfumato. La Escuela de Atenas se convirtió en un modelo del clasicismo renacentista, influyendo tanto en el Manierismo como en artistas posteriores del Barroco y del siglo XIX.
La Capilla Sixtina fue decorada por Miguel Ángel entre 1508 y 1512 por encargo del papa Julio II, y es una de las grandes obras del Renacimiento. La bóveda se organiza en tres niveles: en los lunetos aparecen los antepasados de Cristo; en el nivel intermedio, siete profetas y cinco sibilas que anuncian al Mesías; y en el centro, nueve escenas del Génesis, flanqueadas por desnudos masculinos y medallones del Antiguo Testamento. Destacan las figuras monumentales, el movimiento y el interés escultórico por el volumen, con menor importancia del color y del fondo espacial.
El Juicio Final, pintado posteriormente entre 1537 y 1541, preside el muro del altar. La escena está dominada por Cristo Juez, con rasgos que recuerdan a un dios clásico, que separa a los elegidos, que ascienden al cielo, y a los condenados, que descienden al infierno. La composición reúne profetas, apóstoles y santos, como San Pedro, San Lorenzo y San Bartolomé, en un espacio sin profundidad y de gran dinamismo y dramatismo, propio del Manierismo.
La obra lleva al extremo el desnudo, la tensión y la expresividad, anticipando el Barroco. La audacia de las figuras desnudas provocó críticas y la intervención de Daniele da Volterra, que cubrió algunos cuerpos. La influencia de Miguel Ángel fue decisiva en el arte occidental, especialmente en artistas barrocos como Caravaggio y Rubens.
El retrato de Isabel de Valois sosteniendo una miniatura de Felipe II es una obra renacentista pintada en 1563 por Sofonisba Anguissola, considerada la primera mujer pintora de éxito del Renacimiento. La obra se conserva actualmente en el Museo del Prado.
Sofonisba se especializó en el retrato y el autorretrato, renovando el retrato femenino. A los 27 años se trasladó a España, donde trabajó en la corte de Felipe II, actuando como vínculo entre el retrato italiano y el español del siglo XVI e influyendo en el desarrollo posterior de este género. Su trayectoria abrió camino a otras mujeres artistas en un contexto que les negaba el acceso a la formación académica y al mecenazgo tradicional.
En la pintura, Isabel de Valois aparece vestida de negro, reflejo de la austeridad de la corte española. La iconografía se inspira en el retrato de Isabel de Portugal realizado por Tiziano. Durante siglos la obra fue atribuida erróneamente a Alonso Sánchez Coello, hasta que estudios recientes confirmaron la autoría de Anguissola.
La obra formó parte de la colección real española, pasando por distintos palacios hasta ingresar en el Museo del Prado en el siglo XIX, consolidándose como una pieza clave del retrato renacentista y del reconocimiento de la mujer artista.
