Portada » Música » Música barroca y clasicismo: características, géneros e instrumentos históricos
La música del período barroco es el estilo musical relacionado con la época cultural europea homónima, que abarca desde el nacimiento de la ópera en el siglo XVII (aproximadamente en 1600) hasta la mitad del siglo XVIII. Se trata de una de las épocas musicales más largas, fecundas y revolucionarias de la música occidental, así como de las más influyentes. Su característica más notoria es probablemente el uso del bajo continuo y el desarrollo de la armonía tonal, a diferencia del sistema modal anterior.
Algunas de sus características están relacionadas con el movimiento homónimo en las artes plásticas. Entre las más destacadas figuran los contrastes violentos, una gran pasión por la ornamentación, la pompa y el esplendor en los espectáculos públicos, y el llamado estilo concertante, basado en contrastes sonoros y en el diálogo entre el solista y el ripieno, que daría pie al concerto grosso.
Durante el Barroco los músicos siguieron cultivando texturas heredadas del Renacimiento, pero las voces de dichas obras no son iguales o similares: se destaca la voz superior, reduciéndose la escritura de las demás al llamado bajo continuo; esta textura se llama monodía acompañada.
El estilo musical barroco se caracteriza también por el género vocal recitativo, en el cual el ritmo de la palabra determina el discurso melódico — «La música ha de ser sirviente de la poesía» — y por un auge de la música instrumental pura, es decir, sin relación con consideraciones textuales o funcionales como la música de danza.
En esta época se desarrollan la sonata, el concerto grosso, la ópera, el oratorio y el ballet francés. Tienen gran importancia la teoría de los afectos, que considera a la música como creadora de emociones, y la retórica, que transfiere conceptos de la oratoria tradicional a la composición del discurso musical barroco.
Finalmente, cabe señalar que la música en esta época estaba abierta a cambios y adaptaciones: muchos compositores creaban nuevas obras adaptando o reescribiendo, con algunas modificaciones, partituras anteriores, ya fuera cambiando la misma partitura o las combinaciones instrumentales. En la música vocal, los cantantes disponían de pasajes donde podían improvisar.
A mediados del siglo XVIII en Europa empieza a generarse un nuevo movimiento en la arquitectura, la literatura y las artes conocido como clasicismo o neoclasicismo. El clasicismo musical o período clásico comienza aproximadamente en 1750 y termina alrededor de 1820.
La expresión «música clásica» suele usarse en sentido general para referirse a todos los períodos de la música culta europea, pero las primeras composiciones que se denominaron clásicas corresponden a este período. En la música no se trató del redescubrimiento y copia literal de los clásicos grecorromanos: los pocos restos de música griega y los tratados teóricos conservados no son suficientes para conocer cómo era aquella música realmente. La música del clasicismo evoluciona hacia un extremo equilibrio entre armonía y melodía. Compositores muy famosos de esta época son Haydn, Mozart y el Beethoven de su primera etapa (Beethoven supone un giro en la evolución de la música tonal, yendo cada vez más lejos del llamado centro tonal, enunciado por J. S. Bach; en este punto comienza la época romántica en la historia de la música).
Algunos instrumentos surgen o se consolidan en este periodo, como el piano, el arpeggione y el clarinete. Si bien la mayoría de los instrumentos sinfónicos ya existían desde el Barroco, muchos alcanzan la madurez en este periodo, por ejemplo el fagot, el oboe y el contrabajo. Mientras surgen nuevos instrumentos y se desarrollan los que ya existían, otros pierden vigencia casi hasta su extinción: la viola da gamba, el clavicordio, la dulzaina, la flauta dulce (que volverá a renacer en el siglo XX), el bajón, el laúd, etc. El piano se impuso sobre el clave de tal forma que pasó a ocupar un lugar central en la música de cámara e incluso en los conciertos para solista; esta tendencia se profundiza aún más en el Romanticismo.
En cuanto a la armonía no se producen cambios radicales porque las principales reglas armónicas ya venían establecidas del periodo anterior. Sin embargo, se observan grandes cambios de textura: se utiliza un estilo más puro y equilibrado, generalmente basado en la melodía acompañada, y en ocasiones en la homofonía o en una polifonía vertical más clara. Surge y se impone el bajo Alberti (forma de acompañamiento en la que se despliegan las notas del acorde en un patrón característico).
Esto sucede en oposición al estilo barroco sobrecargado y imitativo, que produjo complejas fugas y cánones. El ideal clásico es equilibrio y claridad. Cada vez se utilizan más variedad de dinámicas y articulaciones, gracias al desarrollo de los instrumentos. Las melodías se vuelven cantábiles y la forma musical adquiere particular importancia. Es en este periodo cuando se definen claramente las estructuras en las que se basa la música culta occidental hasta casi la actualidad: la sonata, la sinfonía y el concierto clásico.
