Portada » Lengua y literatura » Mitos de las Metamorfosis: Relatos de Transformación y Pasión en la Antigüedad
Licaón se burla de Júpiter para comprobar su poder, dándole como ofrenda un cuerpo humano para que se lo comiese. Deucalión y Pirra sobreviven a la lluvia que Noto convocó por orden de Júpiter; piden a Temis que la población vuelva. Estos tiran piedras tal y como se lo han ordenado y, por cada piedra tirada, poco a poco iba creciendo un ser humano, y así se repobló todo.
Apolo se burla de Cupido (hijo de Venus) diciendo que sus flechas solo sirven para sus trucos amorosos. Cupido se enfada y, con una de sus flechas de punta de oro que enamoran, hirió a Apolo, y con la de plomo hirió a Dafne. Un día, en el bosque, Apolo se enamoró de ella y se acercó, pero Dafne huyó y le pidió ayuda a su padre, convirtiéndose en laurel poco a poco.
Faetón, hijo de Clímene y del Sol, llevaba su linaje con orgullo. Épafo, su compañero de juegos, un día se burló de él y le dijo que no era verdad que su padre fuese el Sol. Faetón le pidió una muestra de ello a su madre, y esta le mandó donde su padre para que le diese él mismo pruebas de paternidad. El Sol le permitió pedir un regalo y Faetón pidió conducir el carro paterno. Su padre se negaba porque tenía mucho peligro, pero al final lo acabó conduciendo; no podía mantener el rumbo, se acercó más de lo debido a la tierra e incendiaron muchas cosas. Al final, le castigaron lanzando un rayo y este llegó a las orillas. Sus hermanas fueron a llorarle allí y se convirtieron en árboles.
El rey de los dioses recorrió las murallas del cielo para ver si algún rayo les había alcanzado e hizo rebrotar las fuentes y los ríos para recomponer todo. Calisto no perdía el tiempo hilando y se dedicaba a la caza; un día se tumbó cansada, Júpiter se acercó a ella, le preguntó y la besó. A los nueve meses, Diana se entera de que está embarazada y le dice que se vaya. Esta da a luz a Arcas y Juno va a su nacimiento y la castiga transformando sus brazos en negras cerdas; sus manos y uñas se convierten en patas, su boca en fauces y su voz en un gran gruñido; es decir, se convierte en osa.
Sémele, hija de Cadmo, era muy guapa y se enamoró de Júpiter, quien la dejó embarazada. Juno se enteró, quería proteger su matrimonio y bajó como una anciana nodriza mintiéndole: le dice que le pida una prenda de amor. Júpiter juró por la laguna Estigia y ella pidió que se presentase con su misma apariencia que ante Saturno y que la abrazase como en el reencuentro con Venus. El cuerpo de Sémele no resistió y ardió. Júpiter transformó el feto que tenía y se lo trasladó al muslo, y nació Dionisio en cada muslo.
Liríope, la ninfa violada por Cefiso, dio a luz a Narciso. Eco se enamoró de él y era muy habladora. Juno la castigó por ello y Júpiter decidió el castigo. Eco era una mandada e iba por obligación del dios para dar conversación a quien le mandasen. Juno descubrió que iba para que no supiese que Júpiter la engañaba y, cuando lo descubrió, la castigó con que las últimas palabras que ella escuchase las iba a repetir, y no todas las palabras. Se enamoró de Narciso y empezó a perseguirle; un día hablaron y ella repetía las terminaciones de las palabras que Narciso decía. Este comenzó a correr asustado y ella se ocultó en el bosque, en unas cuevas, donde solo quedaron sus huesos y su voz, que aún se escucha.
Dos vecinos muy guapos que hablaban a través de un hueco de su jardín, pero solo podían hablar y no darse besos. Entonces, un día acordaron quedar fuera, al lado del sepulcro de Nino, los dos solos, junto al blanco moral y la fuente. Tisbe llegó antes y se sentó a esperarle; apareció una leona sedienta que tenía el morro manchado de sangre porque había cazado justo antes. Tisbe huyó y se le cayó el velo. La leona jugó con el velo. Píramo llegó y vio el velo con sangre; pensó que ella se había suicidado y se clavó un puñal. La sangre cayó al lado del árbol y así tiñó los frutos blancos más cercanos. Tisbe regresó, vio el malentendido, cogió el puñal, pidió que los frutos negros se produjesen y se clavó el puñal también.
Aracne vivía en Colofón y era conocida por lo bien que tejía. La joven se creía mejor que Minerva y dijo que, si se atreviese a competir con ella, le ganaría. Minerva lo escuchó y le dijeron que pidiese perdón por creerse más que los dioses, pero esta se negó. Minerva fue a competir con ella. La tela de Aracne superaba a la de Minerva y la diosa no toleró perder: agarró el bordado de Aracne y lo rasgó. Minerva la roció con jugos de una hierba y le dijo que se iba a pasar todos sus días tejiendo. Poco a poco fue perdiendo su nariz, orejas, cuello y cabello. Su cabeza disminuyó de tamaño y su abdomen creció. Sus brazos y piernas se transformaron en patas articuladas (le salieron cuatro pares) y así tejía el hilo que salía de su abdomen.
Níobe era nieta de Atlas y su abuelo era Júpiter. Es muy guapa y quiere ser tratada como una diosa. Níobe se burló cuando Manto incitó a las mujeres tebanas a que rindieran culto a Latona. Esta empezó a decir cosas absurdas y a creerse superior porque tuvo siete hijos y siete hijas. Causó daño a Latona y esta llamó a sus hijos y les contó que también se había burlado de ellos. Apolo y su hermana cogieron sus arcos y flechas y, por las nubes, llegaron a donde esta vivía. Tiraron flechas a Ismeno, luego a Fédimo y Tántalo, Alfénor, Damasicton y el último, Ilioneo. Níobe lloraba y, mientras tanto, Diana lanzó flechas a las hijas de esta. Poco a poco, tras quedarse sin ningún movimiento, solo se quedó con sus lágrimas y se convirtió en fuente.
Juno no estuvo presente en las bodas de Tereo y Procne, pero estuvieron las diosas vengadoras. Un búho estuvo presente todo el rato en la boda y señalaba que el matrimonio iba a ser desgraciado. Pasados nueve meses nació Itis y esta, a los cinco años, echaba de menos a su hermana Filomela. Procne le dijo a su marido que quería ver a su hermana y que fuese a pedírselo al padre de Procne. Tereo estaba hablando con el suegro y apareció Filomela; este se enamoró. Filomela quería ver a su hermana. Tereo deseaba estar con ella y, al día siguiente, se fueron. En alta mar, Tereo pensó que ya la tenía en sus brazos y, al llegar a Tracia, le dijo de ir a un establo oculto en un bosque y la violó. Le ató las manos sin ella darse cuenta y le cortó la lengua. Este se fue y le contó a Procne que había muerto. Su hermana estaba cuidada por los guardias del establo y solo tejía. Tejió todo lo sucedido e hizo que le llegase a su hermana. Procne se dio cuenta de todo y fue a verla. Después de vestirla y hablar con ella, apareció su hijo y la besó. Esta le llevó al fondo de la casa, lo ahogó y descuartizó, y echaron en un caldero sus miembros y los guisaron. Tereo se lo comió y llamó a su hijo; este se acabó dando cuenta y comenzaron una guerra. Al final, tenían los brazos llenos de plumas y se convirtieron en aves: una en ruiseñor, otra en golondrina y Tereo en abubilla.
Dédalo se hizo famoso por el laberinto del Minotauro. En Atenas, su hermana le llevó a su hijo para que aprendiese arquitectura. El sobrino era muy bueno y se fijaba en todo; un día, mirando la naturaleza, cogió las espinas de un pez, las talló en un hierro e inventó la sierra. Sus inventos causaban envidia a Dédalo, quien llevó a su sobrino a lo alto de un templo y ahí le arrojó de cabeza al suelo. Poco a poco, se le fueron convirtiendo al sobrino los brazos en plumas y se convirtió en perdiz.
Jacinto era el más pequeño de los hijos de Amiclas y era muy guapo. Apolo se enamoró de él y olvidó su oráculo, sus flechas y su lira porque quería estar con él. Un día decidieron jugar con un disco y se ungieron con aceite. Apolo se adelantó, tiró el disco, este rebotó en el suelo y le dio en la cabeza a Jacinto. Apolo, sin haberlo hecho intencionadamente, corrió hacia él y, poco a poco, el joven se fue convirtiendo en una flor parecida a un lirio pero de diferente color.
Pigmalión era un escultor y un día esculpió una figura femenina porque estaba cansado de estar solo. La hizo con marfil y le quedó muy hermosa y parecida a una mujer. Acercaba sus manos y le daba besos como si fuese una mujer real. Cuando llegó la fiesta de Venus, le pidió que esa escultura se hiciese mujer. Cuando volvió a casa y la besó, sintió que se empezaba a mover; tras un rato, el marfil se reblandeció. Le dio gracias a la diosa y luego la mujer dio a luz a Pafos.
Muchos querían ser su marido y, cuando su padre le preguntó a quién quería como esposo, ella lloró. Un día por la noche, sabía que a quien ella quería era algo prohibido, ya que era su padre, Cíniras, a quien amaba. Las hadas nodrizas la escucharon y hablaron con ella para que no se quitase la vida. La nodriza la acompañó a un aposento para que quedase a oscuras con su padre. Quedaron varios días y sus cuerpos se unieron; tal y como la nodriza le dijo, Cíniras la llamó «hija» y esta le llamó «padre». Por la noche, él cogió una lámpara y vio que era su hija. Ella estaba embarazada y, tras su remordimiento, pidió ayuda a algún dios. Júpiter hizo que la tierra le recubriese las piernas, la sangre la transformó en savia, los brazos en ramas grandes y los dedos en pequeñas. Cuando fue a dar a luz, apareció Lucina y el niño salió por la ranura en la corteza.
Atlanta es muy guapa y nadie la gana en las carreras. En el oráculo le recomendaron no buscar marido, pero ella no entendió lo que le dijeron y fue al bosque. Muchos hombres iban en su busca; ella les decía de correr una carrera y que, si ella ganaba, los mataba, y si el hombre ganaba, se casaban. Habían muerto muchos y un día Hipómenes corrió contra ella; esta, en marcha, le dijo las consecuencias. Atlanta se fue enamorando de él y no sabía si dejarle ganar, por lo que hizo como que le había pasado algo en los pies y este se puso a la cabeza. Atlanta le adelantó e Hipómenes le pidió ayuda a la diosa con la condición de que quemaría incienso en su honor y le rendiría culto. Hipómenes ganó la carrera. Estuvieron muy felices y un día pasaron por al lado de la casa de Cibeles; Hipómenes tuvo el deseo de yacer con esa mujer. Cibeles lo escuchó e hizo que sus pelos se convirtiesen en un tono rojizo, que su vello cubriese todo el cuerpo y que en las manos y pies le saliesen garras. Los había convertido en leones, leones que tirarían de su carro.
