Portada » Latín » La Retórica Clásica en Roma: Cicerón, Quintiliano y el Arte de la Persuasión
El **arte de la palabra** y el dominio de la **expresión oral** están muy ligados a la historia de **Roma** y al desarrollo de su literatura. La **oratoria pública** era, en la vida política de la **República romana**, un instrumento esencial para conquistar prestigio y poder en el Senado, en las asambleas ciudadanas y en los tribunales. Este arte se fue perfeccionando con la **influencia griega**.
Las cinco facultades que debe dominar todo buen orador son:
Y las partes de las que debe constar un discurso son: [Nota del profesor: El texto original menciona las partes del discurso, pero no las enumera. Se mantiene la frase sin eliminar contenido.]
El gran mérito de **Cicerón** reside en haber sabido llevar a la práctica las reglas teóricas de sus obras. Compuso gran cantidad de discursos, la mayoría de los cuales han llegado hasta nosotros y han servido de modelo de elocuencia en todas las épocas.
Muchos de sus discursos son de carácter privado y judicial, pronunciados ante un tribunal en defensa o acusación de personajes concretos:
Otros son de carácter público y político, pronunciados ante el Senado o en asambleas populares, y ofrecen un valioso testimonio de los conflictos de la época final de la República. Destacan en este último apartado:
Desde la época de **Augusto**, la progresiva supresión de las libertades políticas como consecuencia de la acumulación de poderes en manos del emperador, produjo la **decadencia de la oratoria**, que se alimentaba de los debates en el foro y de las rivalidades políticas.
En estas condiciones, los magistrados que precisaban formación retórica practicaban en sesiones privadas donde se pronunciaban brillantes conferencias (declamationes) sobre temas ficticios. Estos ejercicios eran fundamentalmente de dos tipos:
Séneca el Viejo (s. I d.C.) fue autor de Controversias y Suasorias.
Quintiliano (35-96 d.C.) es autor de una única obra conservada: Institutio oratoria, que es un completísimo tratado en 12 libros sobre la formación del orador.
Muchas de las partes de su obra no son teóricas, sino que derivan de su perfecto conocimiento de la psicología infantil como maestro de retórica. Por eso, la parte más valiosa de su obra son los dos primeros libros, donde demuestra el perfecto conocimiento del niño, al que el maestro debe inculcar los principios que han de regir el posterior desarrollo de su personalidad.
En el ámbito puramente retórico, es partidario de la imitación de **Cicerón**, al que considera el máximo modelo, despreciando a todos los oradores anteriores y posteriores.
Consecuencia de la decadencia antes apuntada es la degeneración de la retórica (Cornelio **Tácito** en su obra Dialogus de oratoribus se lamenta de esta situación).
