Portada » Griego » La Épica Medieval: Cantares de Gesta y Narraciones Caballerescas
En la Edad Media europea hallamos dos formas de literatura épica: los cantares de gesta y las narraciones caballerescas.
Son largos poemas que contaban hechos célebres del pasado. De esta manera el pueblo, analfabeto, conocía los sucesos más significativos de su país. Las características principales de los cantares de gesta son:
Los cantares de gesta más importantes son: La Canción de Roldán en Francia y el Poema de Mio Cid en España. Todos ellos compuestos entre los siglos XI y XIII.
La leyenda comienza con la conquista del tesoro de los Nibelungos por Sigfrido y el baño de sangre de un dragón que lo protege en todo su cuerpo, excepto en una parte de la espalda en que una hoja de un árbol había impedido que la sangre rozara su piel. El príncipe se enamora de Crimilda y para poderse casar con ella debe ayudar al hermano de esta, Gunter, a enamorar a Brunilda, la princesa de Islandia.
Sigfrido logra que Gunter culmine todas las pruebas precisas, pero años después, Brunilda se entera del engaño y, como conoce su punto débil gracias a una imprudencia de Crimilda, manda matar a Sigfrido. Muerto Sigfrido, Crimilda arranca su venganza: se casa con Atila, lucha y muere en la batalla tras matar a su hermano Gunter. Este cantar de gesta relata una atroz historia de amores y de sangrientas venganzas. Su argumento proviene de antiguas tradiciones orales que un poeta culto debió refundir y escribir alrededor de 1200. De los personajes destaca Crimilda, figura central del poema: inocente y tierna en su juventud, cuando vivía Sigfrido; inhumana y sanguinaria en su madurez, cuando solo la ciega la venganza. Parecen dos personajes diferentes.
La venganza, por lo tanto, es el tema principal de la obra. Desde el siglo XIX, este poema épico es más conocido gracias a Wagner, que lo universalizó con su famosa ópera.
Poema que cuenta, fantaseándolo, la persecución que sufrió el ejército de Carlomagno en el valle pirenaico de Roncesvalles. Transcurrieron tres siglos entre el suceso histórico y la elaboración del cantar, durante los cuales circularon narraciones orales que un gran poeta debió de reorganizar para conseguir una obra de personal belleza que poco tiene que ver con lo ocurrido. Está escrita en un estilo sencillo, con escasos recursos entre los que destacan los epítetos épicos, las repeticiones y los paralelismos.
La acción se divide en cuatro partes: traición de Ganelón, derrota y muerte de Roldán, victoria de Carlomagno y castigo de Ganelón.
Uno de los máximos aciertos del cantar es el retrato de los personajes: Roldán es el modelo de héroe valiente, aunque tiene el defecto de amar el peligro y de ser demasiado orgulloso al no querer pedir ayuda al ejército imperial (se niega a hacer sonar el olifante).
En sus inicios fueron narraciones en verso que tenían como protagonista a un caballero que luchaba de forma individual; aparecían muchos elementos fantásticos y una trama amorosa. Las narraciones caballerescas se diferencian de los cantares de gesta en las siguientes características:
Es el argumento más conocido. Se denomina «ciclo artúrico» por ser la corte del mítico rey Arturo y «materia de Bretaña» porque su acción suele desarrollarse en la Gran Bretaña y en la Pequeña Bretaña (como era designada la continental, en el extremo noroeste de Francia). Sus protagonistas son los famosos caballeros de la Tabla Redonda. El autor más importante fue Chrétien de Troyes (segunda mitad del siglo XII). La materia de Bretaña consta de varios núcleos temáticos legendarios entrelazados. Los más importantes son:
En el siglo XIX, Wagner resucitaría esta temática en óperas como Tristán e Isolda y Parsifal. En el siglo XX, el cine ha llevado a la pantalla repetidamente estas aventuras amorosas y caballerescas. Se han abordado los episodios artúricos de dos formas diferentes: haciendo adaptaciones explícitas del ciclo (Excalibur, El último caballero…) o introduciendo referencias indirectas en las películas (La guerra de las galaxias, Indiana Jones y la última cruzada).
