Portada » Historia » Fundamentos Políticos y Sociales de la Restauración Española: Nacionalismos, Anarquismo y Caciquismo
El nacionalismo es un movimiento político que persigue que naciones separadas se unifiquen en un solo Estado, o bien, que naciones oprimidas dentro de imperios o Estados multinacionales consigan su independencia y se conviertan en Estados nacionales. Su raíz reside en el concepto de nación: un grupo de personas que nacen o viven en un territorio, con elementos comunes que configuran su identidad colectiva, tales como la lengua, la historia, las costumbres y las tradiciones. En el siglo XIX y, posteriormente, en el siglo XX, se añadieron elementos como la raza y la religión. Toda nación tiende a poseer su propia organización política o Estado.
El nacionalismo catalán se inició en 1830 con La Renaixença, un movimiento cultural centrado en la recuperación de la lengua y la identidad cultural de Cataluña. El catalanismo se impulsó a finales del siglo XIX, debido a que la burguesía catalana aceptó este pensamiento nacionalista, coincidiendo con un gran desarrollo económico e industrial en la región.
Los principios del catalanismo se plantearon en las Bases de Manresa, entre los que destacan:
El partido catalán más relevante fue la Liga Regionalista, de pensamiento conservador, cuyos líderes fueron Prat de la Riba y Francesc Cambó.
Su auge se debió a la reivindicación de los fueros y a una reacción defensora de la lengua, la cultura y la sociedad vascas. Se desarrolló sobre dos pilares fundamentales: Sabino Arana y el PNV (Partido Nacionalista Vasco).
El pensamiento político de Arana nace de la concepción de una raza vasca superior que odia a los españoles, a quienes considera de una raza inferior. Exalta la lengua, la cultura y la historia del País Vasco, basadas en el foralismo y el tradicionalismo, y considera la religión católica como pilar ideológico, moral y social del pueblo vasco. Arana criticaba la ciudad por ser industrial, liberal y atea, y odiaba a la burguesía industrial vasca por facilitar la inmigración española al darles trabajo. La solución que planteaba era la independencia.
Arana fundó el PNV, que tuvo gran implantación y éxito. Posteriormente, el PNV se convirtió en Comunión Nacionalista Vasca. Cuatro años después, se separaron debido a sus diferentes ideologías: el PNV, más radical e independentista, y la CNV, más moderada y autonomista.
El anarquismo fue un movimiento político mayoritario en las clases obreras de Barcelona y el campesinado de Andalucía. Llegó a España durante el Sexenio Democrático. Su objetivo principal es la abolición del Estado (de todo tipo de gobierno), así como de toda forma de autoridad, jerarquía o control social que se pueda imponer a los individuos, por considerarlos dañinos, antinaturales y, en última instancia, innecesarios.
El anarquismo centra sus intereses en el individuo y la sociedad, con el propósito de impulsar un cambio social que conduzca a una sociedad sin amos ni soberanos. El anarquismo se mantiene generalmente fiel a los siguientes principios fundamentales:
En España, el anarquismo realizó diversos atentados contra la monarquía, la Iglesia, el Estado de la Restauración y la burguesía. La represión policial acabó con estas acciones utilizando la tortura y aplicando la «ley de fugas» (disparar sobre el preso al que se hacía creer que se liberaba, quedando justificado el acto).
El marxismo es el conjunto de doctrinas derivadas de la obra de Karl Marx. Se caracteriza fundamentalmente por su rechazo crítico al capitalismo y a su sistema económico, la tesis de la lucha de clases y la propuesta de construir una sociedad igualitaria, sin clases, es decir, comunista. El objetivo del marxismo es que sean los propios trabajadores quienes, a través del Estado, manejen los medios de producción, lo cual posibilitará una sociedad sin clases, evitando que una minoría acumule los medios de producción para explotar a la mayoría.
Con esta ideología, nacen el PSOE (Partido Socialista Obrero Español) y el PCE (Partido Comunista de España). En 1879, Pablo Iglesias fundó y dirigió el PSOE hasta su muerte.
Los socialistas fundaron la Unión General de Trabajadores (UGT), donde se defendían los derechos laborales enfrentándose a los empresarios, solicitando mejores salarios y condiciones de trabajo. Su instrumento de presión fueron las huelgas y las manifestaciones.
Debido a las duras condiciones laborales, se realizaron diversos conflictos sociales, como huelgas y protestas contra la explotación burguesa. Las respuestas del gobierno fueron la dura represión y algunas medidas insuficientes, como la creación del Instituto Nacional de Previsión y la imposición de la jornada máxima de ocho horas.
Para defender a los trabajadores de la explotación, nació el Movimiento Obrero, canalizado en dos frentes de lucha: la demanda de mejoras laborales y la vía de los partidos políticos para acceder al gobierno, tanto por caminos legales como por la revolución.
El caciquismo es la dominación o influencia de un cacique en un pueblo o comarca, y se utilizaba para llevar a cabo el fraude electoral. De forma pactada, el rey encargaba la formación de un nuevo gobierno (liberal o conservador). El jefe de gabinete convocaba elecciones y, desde el Ministerio de la Gobernación, se realizaban los encasillados.
El encasillado era la operación mediante la cual el Ministerio de la Gobernación rellenaba las «casillas» correspondientes a los distritos con los nombres de los candidatos que el Gobierno estaba dispuesto a proteger. Estos se entregaban a los gobernadores de cada provincia para que, a través de los caciques locales, impusieran la lista en los ayuntamientos.
Para conseguir que saliera ganador el candidato deseado, los caciques (prohombre o familia local que ejercía el control sobre los electores de una zona rural) recurrían a la manipulación fraudulenta:
El ejército, el alcalde y el juez le obedecían.
La Constitución de 1876 refleja el pensamiento liberal conservador y doctrinario, basándose en la de 1845. Sus características principales eran:
La Corona era el pilar del régimen, ya que la Carta Magna recogía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes. El monarca ejercía el poder ejecutivo, nombrando al presidente del gobierno y decidiendo el cambio político; además, tenía el derecho de iniciativa legislativa y de veto de leyes aprobadas.
Las Cortes se componían de la Cámara Alta (Senado), cuyo objetivo era frenar los excesos legislativos de la Cámara Baja. El Senado se componía de senadores por derecho propio, vitalicios (nombrados por el rey) y elegidos por sufragio censitario.
El sufragio no se reguló en la Constitución, sino en la Ley Electoral de 1878, que establecía el sufragio censitario, restringiendo el voto a la mayor parte de la población (solo mayores de 25 años que pagaban contribución territorial). Hubo que esperar hasta el gobierno de Sagasta para que se estableciera el sufragio universal masculino.
La Constitución tenía algunos elementos de carácter progresista, como el reconocimiento de derechos civiles (seguridad personal, inviolabilidad del domicilio, igualdad ante empleos públicos y derecho de asociación y reunión). Establecía la confesionalidad del Estado, pero permitía la tolerancia de cultos sin llegar a la libertad religiosa plena; en el ámbito privado, se permitía la práctica de otras religiones. Se restableció el presupuesto del clero.
