Portada » Psicología y Sociología » Fundamentos Antropológicos y Éticos de la Praxis Educativa
El hombre es un ser de **realidades**, es decir, necesita situarse en relación a su propia realidad y a la realidad que le rodea. Esto es estar educado, formado. Lo que forma es siempre la **cantidad de realidad** de la que uno puede hacerse cargo. La educación es una tarea de la construcción en lo **real** de la persona. La realidad es el único sitio donde el ser humano se asienta con comodidad. Debemos construir nuestro “ser” pero no sabemos cómo; para eso está la educación.
La realidad se adapta al sujeto y el sujeto a la realidad. Nuestro deber como profesores es adaptar la realidad a las capacidades y edad de los niños.
El ser humano es también un ser de **irrealidades**. El ser humano es inacabado y tendente. Necesita proyectar su propia realidad en el futuro. Proyecta su realidad, pero debe hacerlo a partir de lo real. Ese todavía “no-ser”, se construye con 3 factores:
Estos tres factores van situando la vida humana. El pasado tiene influencia en nosotros, pero lo que realmente nos determina es el presente y la proyección de este. La educación se construye sobre esta forma de irrealidad. Esto es lo que mueve a todo proyecto educativo: la capacidad para alcanzar algo que todavía no se tiene. Por eso la educación no es posible sin **esperanza**.
Ser persona significa que por medio de la **Educación** se consigue el crecimiento personal y una noción de sí mismo bien fundamentada. La persona es **sustancia individual de naturaleza racional** (Boecio, S.V):
“La **dignidad de la persona humana**” se basa en 2 condiciones:
Cada uno tiene la posibilidad de usar su dignidad para comerciarla y llamar la atención, para cosas que la propia dignidad no reclama. Los atentados contra la dignidad personal no solo se quedan en uno, sino que repercuten en todos los demás.
La educación es una **coactividad** del educador y del educando, donde es necesaria la **confianza**. La base de la educación es la **gratuidad**: el don, lo que se da sin esperar retribución alguna.
La eficacia de la tarea educativa reside en gran parte en la existencia de la **confianza**, en la capacidad de crearla y mantenerla en el tiempo. Confiar en alguien consiste en ponerse en sus manos. La consecuencia es la capacidad del maestro de confiarle lo que sabemos y confiarle tareas.
Hay que dar oportunidades. La educación consiste también en volver a confiar cuando sea necesario. No se puede caer en un clima de absoluta desconfianza, esta provoca el **cinismo**. Hay que educar en libertad y para la libertad: la confianza se tiene que dirigir a que la persona elija lo mejor libremente.
Existen tres concepciones fundamentales de la libertad:
Un **valor** es la importancia que algo tiene para alguien. Los valores se encuentran en la realidad y hay que tener capacidad de descubrirlos. Para eso hace falta la educación, ya que no todas nuestras valoraciones son iguales.
Por eso un colegio cuyo valor principal sea la enseñanza de idiomas es un colegio que no está bien estructurado en cuanto a valores. Una persona que está mal educada valora cosas que no debería valorar, por ejemplo: valorar más el dinero que la amistad. Es una persona **deformada**, que no es capaz de asignar a cada cosa o situación el valor que le corresponde, por lo que no tiene unas prioridades claras en su vida.
La formación de una persona no radica en el mundo afectivo, ni en las valoraciones momentáneas de la realidad, sino en su **racionalidad y voluntad**. Lo que hay detrás de un valor, o es **virtud** o no es nada.
