Portada » Historia » Evolución y Declive de los Bloques Capitalista y Comunista en la Guerra Fría
Durante los 20 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, el bloque capitalista, liderado por EE. UU., experimentó un rápido crecimiento económico. El avance científico y tecnológico, junto con el uso del petróleo y la electricidad, permitió el aumento del consumo privado, convertido en un símbolo de éxito personal. Sin embargo, los roles de género estaban muy marcados —el trabajo de la mujer permanecía confinado al ámbito doméstico— y, aunque la clase media aumentó, persistían desigualdades y bolsas de marginalidad.
Tras la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de reconstrucción llevó al Estado a intervenir activamente en la economía. Se implementó una política fiscal progresiva (impuestos en función de los salarios) para asegurar servicios básicos como sanidad, educación, subsidios de paro y seguridad social. El objetivo era evitar que la población con menos recursos se sintiera atraída por el comunismo. El Estado actuó como agente de redistribución de la riqueza y empleador a través de empresas públicas, reduciendo el riesgo de una deriva hacia el modelo comunista.
En los países occidentales se consolidó el sistema democrático parlamentario, el sufragio universal y el pluripartidismo. Se distinguen tres grandes tendencias políticas:
El movimiento obrero abandonó la idea de la revolución para centrarse en la mejora de las condiciones laborales y de vida. En la década de 1960 surgieron protestas sociales protagonizadas por la juventud:
El Estado pretendía organizar una igualdad social garantizando necesidades básicas (educación, sanidad, vivienda, trabajo). No obstante, existía una clase privilegiada, la Nomenklatura, formada por personas con vínculos o cargos en el Partido Comunista, quienes gozaban de acceso a productos exclusivos y mejores viviendas. Este modelo se aplicó en la URSS y las repúblicas democráticas populares.
La economía comunista enfrentó problemas de escasez y baja productividad, ya que la falta de estímulos competitivos desincentivaba el esfuerzo individual. Además, Stalin ejerció un poder despótico, extendiendo el uso de los gulags y campos de concentración.
Tras la muerte de Stalin en 1953, Nikita Kruschov impulsó reformas: reducción del culto al líder, cierre de los gulags y estímulos al progreso tecnológico y científico (industria militar, espacial y nuclear). Se promovió el deshielo, relajando la censura y abriendo el país al exterior. Posteriormente, Breznev (1964-1982) impuso un inmovilismo político que derivó en un gran estancamiento económico.
Las repúblicas de Europa del Este reclamaron mayor autonomía frente a la tutela de la URSS, enfrentando represiones duras:
Con Kruschov se inició un acercamiento a EE. UU. para frenar la carrera nuclear y evitar la intervención en asuntos del bloque contrario. En 1972 se firmaron los acuerdos SALT I.
Ronald Reagan reanudó la carrera armamentística con la denominada Guerra de las Galaxias, aumentando el gasto militar. Paralelamente, la URSS incrementó su presencia en África e invadió Afganistán.
La URSS entró en una profunda crisis económica marcada por la baja productividad, el inmovilismo político y los altos gastos militares. Las repúblicas de Europa del Este lograron independizarse.
Gorbachov intentó salvar el sistema con dos medidas:
El auge del espíritu nacionalista y el deseo de soberanía llevaron a la independencia de las repúblicas que conformaban la URSS, marcando el fin del bloque soviético.
