Portada » Lengua y literatura » Evolución de la Poesía Española: Del Novecentismo a Juan Ramón Jiménez
El novecentismo es el movimiento que sigue a la Generación del 98 y se opone a cuanto considera propio del ochocientos. Se define como lo que ya no es ni Modernismo ni Noventaiochentismo, y lo que todavía no es el Vanguardismo. Tratan de modernizar intelectualmente España con un espíritu esencialmente dinámico.
Sus principales integrantes viajan con cierta frecuencia al extranjero e intentan incorporar a su saber los nuevos avances científicos y filosóficos. Destacan pensadores y ensayistas como Ortega y Gasset, Ayala y Jacinto Grau o Juan Ramón Jiménez.
La mayoría tienen una serie de puntos en común que sirven para configurar sus características:
Conocido como «el andaluz universal», marcha a Madrid donde Rubén Darío y Villaespesa le llaman para «luchar por el modernismo». La muerte de su padre provocó una profunda crisis por la que fue ingresado en un sanatorio mental, donde tiene una aventura amorosa con su psiquiatra; más tarde es trasladado a Moguer, donde escribió Platero y yo. Regresa a Madrid, donde inicia un gran periodo de renovación estética hasta el estallido de la Guerra Civil, lo que provoca su exilio. En 1956 se le concede el Premio Nobel.
En su concepción de la poesía, su obra siempre estaba escrita con mayúsculas (Poesía); es el poeta puro por excelencia. La suya es un caso de poesía minoritaria. Su idea de la poesía está presidida por una triple sed: de belleza, de conocimiento y de eternidad; de aquí su preocupación angustiosa por la fugacidad de las cosas y también su especial idea de Dios.
En su trayectoria poética, su obra resume los caminos recorridos por la poesía española desde el Modernismo hacia nuevas formas. Hay en Juan Ramón una permanente inquietud y una constante búsqueda que explican su peculiar evolución. Podemos distinguir tres etapas:
El tema fundamental de su poesía es el ansia de eternidad. En el estilo, debemos destacar la constante evolución de su obra: partiendo de un romanticismo íntimo y doliente, continúa con un modernismo más simbolista del que se va depurando hasta llegar a la desnudez y a la densidad hermética.
En el conjunto de su producción hay que resaltar la variedad de sus metros, la alternancia entre verso y prosa, las múltiples innovaciones formales, la densidad conceptual y su obsesión por la perfección suprema. La depuración progresiva alcanzó también su formulación métrica, con un paso paulatino del verso modernista al asonante, de este al versolibrismo y, luego, a una prosa marcadamente rítmica.
Los símbolos habituales de Juan Ramón poseen una graduación ascendente: desde los inanimados (la brisa, el agua) hasta los animados (la flor, el pájaro) y, especialmente, la mujer y el poeta. Es el máximo exponente de la búsqueda solitaria de la Belleza y el Absoluto. Por ello, sirvió de ejemplo para los poetas puros, para los componentes de la Generación del 27 y, posteriormente, para los Novísimos.
