Portada » Magisterio » Estrategias y actividades de razonamiento lógico-matemático en Educación Infantil
En EI (Educación Infantil), el pensamiento lógico-matemático se construye desde la acción, el juego y los sentidos. Se apoya en tres operaciones lógicas fundamentales: clasificación, seriación y enumeración.
Clasificación: organiza elementos por atributos (color, forma, tamaño…). Activa percepción – atención – memoria y se basa en centración (fijarse en una propiedad) y decantación (escoger los que cumplen un criterio). Puede ser simple, múltiple o de selección (por 2 o más criterios).
Seriación: ordena elementos con un criterio (creciente/decreciente) y requiere reversibilidad, carácter dual, transitividad y asimetría. Tipos: serie cualitativa (patrón que alterna cualidades), serie cuantitativa (orden por tamaño, peso…), y serie temporal.
Enumeración: es “hacer una acción una y solo una vez con cada elemento” (ej.: una carta por sobre). Es la base del número y del conteo; implica elegir el primer elemento, identificar el sucesor, recordar lo ya hecho y saber cuándo se ha terminado.
La construcción se fortalece con cuatro capacidades básicas: observación, imaginación, intuición y razonamiento lógico (muy preguntable: listarlas y poner un ejemplo).
Los principios del conteo explican qué debe dominar un niño para contar correctamente:
Ejemplo de aula (5 años) para un principio — clásico de examen: para la correspondencia 1–1, dar pinzas y tarjetas con puntos: por cada punto deben colocar una pinza (sin repetir ni saltarse). Luego verbalizan “he puesto 7 porque…”.
Contrato didáctico: expectativas de conducta entre docente y alumno (qué espera cada uno del otro). Si se rompe, aparecen efectos como Topaze (el docente simplifica tanto que realiza el trabajo por el alumno), Jourdain (dar por válido que el alumno ‘sabe’ cuando no usa bien el conocimiento), analogía (sustituir lo difícil por algo fácil sin asegurar la transferencia) y desplazamiento metacognitivo (centrarse en el método y olvidar el saber).
Situación didáctica: diseñada para enseñar. No didáctica: espontánea. A-didáctica: el alumno asume la responsabilidad y el conocimiento aparece como necesario para resolver; debe haber retroacción, incertidumbre, validación y posibilidad de repetir.
En una situación a-didáctica aparecen fases: acción → formulación → validación → institucionalización.
DESARROLLO DEL PENSAMIENTO MATE…
El error es parte de la construcción del aprendizaje; muchos errores se explican por obstáculos (persistentes): ontogenéticos, culturales, didácticos y epistemológicos. Pedagógicamente, hay errores de conocimiento, de saber hacer, de uso no pertinente y de razonamiento lógico.
Definiciones que meten puntos: magnitud = propiedad medible; cantidad = porción de magnitud; medir = comparar con una unidad para ver cuántas veces cabe. La medición pasa por percibir → comparar → asignar número + unidad.
Contexto: “Somos científicos/as del aula” y montamos un rincón de trasvases (si es capacidad) o una “obra de construcción” (si es longitud).
Objetivo general: vivenciar la magnitud, comparar, elegir unidades no estándar y justificar resultados oralmente.
Contenidos: comparación (más/menos/igual), ordenación, unidad no estándar, conteo de unidades, lenguaje matemático.
Metodología: manipulativa, por descubrimiento, trabajo cooperativo, preguntas guía (“¿cómo lo sabes?”).
Recursos: recipientes variados (capacidad), cuerdas, palmos, bloques (longitud), jarras, embudos, etiquetas.
Temporalización: 2–3 sesiones de 30–40 minutos.
Frase de examen que remata: En EI la medida se construye desde la conservación y la transitividad (Piaget) y el cuerpo es una primera “herramienta” de medida que prepara para instrumentos posteriores.
Para Piaget, en estas edades el niño distingue sobre todo propiedades topológicas (globales, no dependen de forma ni tamaño): abierto / cerrado, interior / exterior, frontera, continuidad / discontinuidad, orden, proximidad, conexión, etc.
Contextualización: rincón de construcción y juego simbólico. “Debemos diseñar caminos, cercas y espacios para animales”.
Objetivos: usar vocabulario espacial; identificar y crear invariantes topológicos; representar y explicar recorridos; cooperar y validar soluciones.
Contenidos: relaciones topológicas; orientación básica (dentro / fuera, entre, alrededor); representación (mini-mapas).
Materiales: bloques, plastilina, cuerdas o cintas (vallas), aros, cartón (puertas), animales mini, piezas para “río”, hojas para plano.
Temporalización: 2 sesiones.
Cierre (validación + lenguaje): cada grupo explica su granja usando palabras clave (dentro / fuera, frontera, abierto / cerrado, continuo / discontinuo, entre).
Situación fundamental = “marco global” que incluye varias situaciones a-didácticas encadenadas para que el conocimiento (aquí: ordinal) sea necesario. Situación a-didáctica = el alumno decide estrategias; el medio da retroacción y permite validar.
Propuesta: “El tren de la granja” (vagones con animales).
A-didáctica 1 (acción): colocar animales según tarjetas: “pon la oveja en el 3.º vagón”. Sin modelos previos; el tren y las tarjetas ofrecen feedback (si no cabe, si se equivoca, no coincide).
A-didáctica 2 (formulación): en parejas se explican cómo lo hicieron (“para encontrar el 5.º conté desde la locomotora…”).
A-didáctica 3 (validación): cambiar condiciones: ahora la locomotora puede ir a la derecha o a la izquierda → deben acordar una referencia para validar (aquí aparece lo ordinal con sentido).
Variables didácticas: número de vagones, si hay locomotora fija o cambia, si se permite marcar vagones, si hay distractores (vagones vacíos), si el punto de inicio está explícito.
Institucionalización: el docente fija el lenguaje: “ordinal = posición en una serie (1.º, 2.º…) depende del punto de partida”.
En Educación Infantil la secuencia numérica no aparece ya hecha, sino que evoluciona por niveles. En el nivel de cuerda o hilera, el niño recita la cantinela como un bloque (“unodos tres…”) sin coordinarla bien con los objetos; en la cadena irrompible ya empieza la correspondencia palabra-objeto, pero necesita arrancar siempre desde el 1; en la cadena rompible puede empezar a contar desde cualquier número y domina el “antes / después” (habitual entre los 3,5 y 5 años, sobre todo hasta el 10); en la cadena numerable puede contar “a partir de” una palabra-número y decir cuántos números hay entre a y b; y en la cadena bidireccional ya maneja el conteo hacia delante y hacia atrás y comprende la posición de un número por su relación con el anterior y el siguiente.
Frase de examen: “La progresión de la cadena numérica explica por qué un niño puede recitar hasta 20 y, sin embargo, fallar al contar objetos si todavía no coordina la secuencia con la enumeración”.
Además, en EI no se trabaja el número solo como lista, sino con tres funciones esenciales: medir una colección (asignar un número a un conjunto), producir una colección (hacer n elementos) y ordenar una colección (asignar y localizar posiciones, base del ordinal). Esto conecta directamente con preguntas de examen sobre qué significa “contar bien”: no es recitar, es controlar la correspondencia y la finalidad del conteo.
En Educación Infantil el aprendizaje del número y de la suma y la resta se desarrolla de manera simultánea. El niño empieza a “sumar/restar” de forma intuitiva en acciones cotidianas (juntar, separar, repartir), pero solo cuando domina el conteo y la cardinalidad puede operar con sentido. Según Mialaret (1984), el aprendizaje de la suma y la resta pasa por cuatro fases: primero la manipulación (18 meses–3 años), en la que añade o quita objetos sin verbalizar; después la acción verbalizada (desde 3 años), donde manipula y explica lo que hace (“quito uno y junto dos”); luego el trabajo mental con verbalización (desde 4 años), cuando puede resolver operaciones sencillas sin objetos pero necesita decir en voz alta el proceso; y finalmente el trabajo mental (desde 5 años), donde realiza sumas y restas simples mentalmente sin narrarlas, usando estrategias de composición y descomposición.
Frase de examen: “No se ‘enseña’ la suma con fichas: se construye pasando de la acción con objetos a la interiorización del proceso, apoyada primero por el lenguaje y después por el cálculo mental”.
Para justificarlo, puedes incluir estrategias típicas: el niño puede usar reconteo (contar desde 1 todo de nuevo), sobreconteo (empezar desde el primer número y seguir contando lo que se añade) y, más adelante, descomposición (hacer dobles, completar hasta 10, partir un número en dos partes). Esto es muy útil para preguntas de “cómo lo trabajarías en el aula”.
En Educación Infantil la geometría debe relacionarse con el mundo real y construirse de forma gradual, desde una geometría informal y dinámica (acción, movimiento, manipulación) hacia formas progresivamente más precisas. Una enseñanza eficaz conecta la actividad espacial del niño con su representación mental (lo que hace, lo que imagina y lo que puede explicar). Se recomienda trabajar una geometría interfigural e intrafigural: no solo reconocer figuras, sino comparar relaciones dentro de una figura (lados, vértices, simetrías) y entre figuras (clasificar por propiedades). También conviene combinar lo inductivo (descubrir propiedades al manipular) con lo deductivo (explicar y justificar con lenguaje cada vez más matemático).
Aunque el examen se centra mucho en invariantes topológicos, conviene saber que el temario distingue tres tipos: los invariantes topológicos (no cambian aunque deformes: abierto / cerrado, interior / exterior, frontera, entre, continuidad…), los invariantes proyectivos (orientación y localización: delante / detrás, encima / debajo, izquierda / derecha; referencias de posición), y los invariantes métricos (relaciones con medida: longitud de segmentos, superficies, volúmenes; paralelismo, perpendicularidad, clasificaciones más formales).
