Portada » Magisterio » Estrategias de Colaboración Familia-Escuela para el Éxito Educativo en la Primera Infancia
La escuela infantil es una respuesta de calidad a las necesidades de las familias y un pilar fundamental en la educación temprana.
Para los niños de 3 a 6 años, la escolarización es universal (alcanzando el 98% en el Estado español), mientras que la escolarización de los niños menores de 3 años es mucho menor, y la demanda sigue superando a la oferta (en Galicia, en 24/25, el 64.3% de los niños menores de 3 años estaban escolarizados).
La escolarización desde la primera infancia proporciona, desde el punto de vista de política social de igualdad de oportunidades, los siguientes beneficios:
Colaborar con las familias no implica querer cambiar cómo educan a sus hijos ni cómo se relacionan con ellos. Los padres quieren hacer lo mejor para sus hijos y no les gusta sentirse juzgados. Si es necesario señalar algo, hay que hacerlo sin que sientan que no son buenos padres.
Existen diferentes maneras de acercarse a los padres. No siempre funciona solo explicar o pedir a los padres que cambien su forma de pensar, porque las personas se niegan al cambio. Para que cambien, necesitan tener razones, alternativas y sentir que lo pueden hacer con éxito.
La colaboración con los padres debe hacerse poco a poco, reforzando y evaluando cada avance antes de pasar al siguiente.
La educadora que trabaja con las familias debe ser una profesional de *empoderamiento*, por lo que debe ayudar a las familias a reconocer sus capacidades y, al mismo tiempo, facilitar su crecimiento. Además, tiene que ayudar a la comunicación.
La construcción de una relación positiva depende de varios factores:
Hay una serie de actitudes que pueden facilitar la participación:
Son planes sistemáticos para enseñar a las familias cómo educar mejor a sus hijos y mejorar la forma de criarlos. Se trata de programas periódicos y voluntarios. Suele formar parte del proyecto educativo de la escuela infantil, pero también pueden organizarse desde otras instituciones.
Estos programas tratan temas que interesan a las familias, elegidos por ellas mismas o por las educadoras según lo que observen. Empiezan con explicaciones teóricas (a veces explicadas por distintos profesionales) y después se realizan actividades en las que las familias participan más.
El asesoramiento se da cuando las familias piden ayuda al personal de la escuela para resolver situaciones relacionadas con el cuidado y la educación de sus hijos. La educadora debe explicar de manera clara cómo abordar esa conducta o habilidad y hacer un seguimiento de cómo va el proceso.
Si el problema de las familias es demasiado complejo o no es competencia de la escuela, hay que informar a las familias de otros servicios y derivarlas hacia ellos.
Se trata de la presencia regular, planificada y organizada de algún padre dentro del aula durante unas horas o toda una jornada escolar. Tener más adultos en el aula permite más contacto con los niños y trabajar mejor en grupo pequeño.
Primero hay que conocer lo que saben, sus habilidades y lo que les gusta hacer a los padres, y después hablar de la función que va a tener y de su responsabilidad. Algunos autores llaman a esto *participación presencial* cuando los padres colaboran directamente con los niños en la escuela.
La finalidad es que las actividades se hagan mejor y de forma más ordenada, ya que todas las tareas y rutinas tienen un componente educativo. Es necesario explicar a las familias qué se está trabajando con esas actividades, así como la actitud y estrategias que ayudan a lograr esos contenidos.
Es habitual que quien ayude ponga los abrigos a los niños porque así se hace más rápido. Sin embargo, es más importante que los padres entiendan cómo relacionarse educativamente con sus hijos que la ayuda puntual que presten.
Uno o varios padres trabajan con grupos pequeños de niños y les enseñan habilidades específicas. Saber algo no es suficiente para enseñárselo a los niños, por lo que los talleres deben estar bien preparados.
Lo más importante es el proceso, no el resultado final, y esto a la familia le cuesta entenderlo. El proceso incluye no solo lo que aprenden en sí, sino también cómo se relacionan y las actitudes que se transmiten, etc. Al principio, es buena idea que los padres hagan los talleres junto con la educadora. En los talleres se hacen actividades organizadas, guiadas y cada vez más difíciles para que los niños aprendan diferentes técnicas.
Se trata de que los padres participen en determinados momentos del curso. Es una colaboración enriquecedora (para familias, niños y educadores) y su organización es más sencilla que la de la colaboración sistemática.
Esta colaboración se utiliza con mucha frecuencia en determinadas situaciones, como en el periodo de adaptación, fiestas y actividades extraescolares o la presentación de actividades y profesiones.
Es el tiempo que se tarda en asimilar la separación del hogar para incorporarse a la escuela. La llegada por primera vez al centro de Educación Infantil debe ser planificada. Esta planificación se debe hacer al principio de curso e incluirá:
Con los niños de 0 a 3 años hay que tener cuidado en las fiestas porque se puede dar el caso de que no entiendan el motivo de la multitud. Que haya mucha gente les puede asustar o hacerles sentir desorientados por el cambio. Muchas veces tienen miedo de los disfraces, ya que no son capaces de identificar a la persona que lo lleva.
Hay que decidir hasta dónde pueden participar, cuánto tiempo, en pequeños grupos y con disfraces que no asusten. Las excursiones y salidas son buenas ocasiones para hacer que los padres colaboren, asegurando así más adultos para garantizar que todo se haga con seguridad y calma.
Con los niños de 3 a 6 años, algunos educadores aprovechan las profesiones de las familias para pedirles que expliquen a los niños en qué consiste su trabajo, las herramientas que utilizan, los productos que elaboran, etc.
El educador debe asegurarse de que las explicaciones que se le van a dar a los niños las entiendan y sean de su interés, además de que sean útiles y divertidas. Para eso se deberá preparar con las familias el contenido. A veces puede ser útil programar una visita al trabajo del padre desde el punto de vista educativo.
Otro tipo de actividades colaborativas pueden ir más dirigidas a las familias, como por ejemplo conferencias o “semanas” sobre algún tema que interese, escuela de padres y madres, etc. También pueden colaborar en tareas de bricolaje, reparación y fabricación de juguetes.
Las educadoras aprovechan para hablar con los padres y comentar cómo usar juguetes de forma educativa, en qué momento son más útiles, etc.
Además de participar de manera individual, las familias también pueden colaborar juntas a través de órganos que representan su voz en el centro. La legislación educativa permite que las familias participen en la gestión de la escuela y establece las maneras de hacerlo.
La familia puede participar formando parte del Consejo Escolar, un órgano de gobierno de la escuela. También pueden participar a través de las ANPAs (Asociaciones de Padres de Alumnos), en las que se les permite organizar su colaboración en el centro.
