Portada » Historia » España en la Encrucijada: Crisis de 1808, Guerra de la Independencia y Orígenes del Liberalismo
A finales de 1807, la situación social y económica del país era muy grave. Las guerras sucesivas, el hambre y las epidemias provocaron una importante mortandad. Los precios se habían disparado y el comercio estaba colapsado. A todo esto se sumaba la bancarrota del Estado. La indignación de todos los grupos sociales, contra Godoy y contra los reyes, se fue concentrando en torno al príncipe Fernando.
Napoleón decidió invadir Portugal. Para ello, firmó con el gobierno español el Tratado de Fontainebleau, por el que se autorizaba al ejército francés a atravesar España camino de Portugal. Cuando Napoleón tomó la decisión de invadir España, ocurrió el llamado Motín de Aranjuez. Carlos IV se vio obligado a abdicar, cediendo la corona a su hijo.
Tras el Motín de Aranjuez, Carlos IV y Fernando VII fueron llamados a Bayona por Napoleón. Allí, bajo presión, ambos monarcas abdicaron en favor del emperador, quien a su vez cedió la corona a su hermano, José Bonaparte.
El levantamiento del 2 de mayo en Madrid marcó el inicio de la guerra. La rebelión se extendió rápidamente por todas las ciudades del país.
La relación de fuerzas era muy desigual. Frente a un ejército francés amplio, que hasta entonces había sido invencible, los restos del ejército español estaban en clara inferioridad de condiciones. A mediados de junio, se inició el sitio de Zaragoza, cuya resistencia fue organizada por el general Palafox. Pero el curso de los acontecimientos dio un brusco vuelco cuando el 19 de julio las tropas francesas sufrieron una humillante derrota en la Batalla de Bailén. Tras esta derrota, Napoleón decidió intervenir personalmente. Tras vencer la resistencia en el Puerto de Somosierra, Madrid se rindió el día 4 de diciembre.
Aún quedaban unidades del ejército español, se había organizado un gobierno de guerra, la Junta Suprema Central, y la voluntad de resistencia permanecía. Se inició entonces una guerra de desgaste. Las guerrillas aparecieron en 1808, formadas por unidades de paisanos armados con el objetivo de mantener en constante amenaza a los franceses. Su efecto en el ejército francés era doble:
En la primavera de 1812, además, Napoleón tomó la decisión de atacar Rusia, para cuya campaña retiró a las mejores unidades que tenía en España. En junio, las tropas de Wellington entraban en Salamanca. Tras el desastre de Rusia, Napoleón retiró más hombres para asegurar la defensa de Francia, dejando a las fuerzas hispano-británicas en superioridad. El 21 de junio de 1813, la Batalla de Vitoria consumó la derrota francesa y obligó a José I a cruzar la frontera. El 11 de diciembre, Napoleón firmaba el Tratado de Valençay, por el que restituía la corona de España a Fernando VII.
Se calcula que hubo medio millón de muertos, sin olvidar el exilio de los miles de afrancesados. Los daños materiales no fueron menores. Ciudades como Zaragoza, Gerona o San Sebastián quedaron totalmente arrasadas. Respecto a los daños económicos:
Tras recibir la corona, José Bonaparte se enfrentó a la difícil tarea de dirigir el país. Pero su posición fue complicada, ya que la mayoría de la población se resistía a aceptar su autoridad. Comenzó por imponer el Estatuto Real de Bayona, una carta otorgada. Colaboraron con José Bonaparte los llamados afrancesados. La mayoría de ellos creían que José I conseguiría evitar la disgregación, que conservaría la integridad nacional y la independencia económica, y que contaría con el apoyo financiero de Napoleón.
Quienes propugnaban los cambios eran los liberales. El liberalismo había penetrado en España, procedente de Francia. Los liberales exigían un régimen político libre y parlamentario, en oposición al absolutismo monárquico.
