Portada » Historia » España (1856-1881): O’Donnell, Amadeo, la Primera República y el sistema canovista
O’Donnell y la Unión Liberal. Regresaron al poder en 1856 hasta 1863. Este periodo estuvo marcado por un fuerte crecimiento económico con el «boom de los ferrocarriles» y por el intervencionismo exterior, como la guerra de Marruecos, el intento de recuperar Santo Domingo, la expedición a México o la guerra contra Perú y Chile, aunque estas acciones no aportaron grandes resultados.
La vuelta de Narváez al poder en 1863 marcó el inicio del periodo final del Partido Moderado, caracterizado por la inestabilidad política y una tendencia autoritaria, en un contexto en el que el desarrollo económico comenzó tras la crisis de 1864. Moderados y unionistas se alternaron en el poder hasta la caída de Isabel II en 1868. Los intentos de insurrección, como el motín de Sangil en Madrid en 1866, fueron duramente reprimidos. El creciente descontento con Narváez llevó a la formación del Pacto de Ostende, en el que unionistas, progresistas y republicanos se aliaron para derribar a Isabel II y al régimen moderado.
Regencia y búsqueda de un rey. Mientras se elegía a un rey, se estableció una regencia presidida por el general Serrano, con Prim como presidente del Gobierno, que planteó reformas institucionales y económicas. Prim viajó por Europa buscando un candidato entre las casas reales europeas; el favorito fue Amadeo, hijo del rey italiano Víctor Manuel II.
Amadeo llegó buscando estabilidad tras años de inestabilidad política, pero su reinado estuvo marcado desde el inicio por la desgracia: su principal apoyo, el general Prim, fue asesinado antes de que llegara a España. Amadeo encargó entonces a Serrano formar gobierno. Tras la muerte de Prim, los progresistas se dividieron; destacaron Sagasta y otros líderes. Amadeo enfrentó la oposición de carlistas, alfonsinos, republicanos, la Iglesia y de españoles que no querían un rey extranjero. Además, el conflicto por la independencia cubana consumió todavía más recursos del Estado. Agobiado e incapaz de resolver la crisis, abdicó tras dos años.
Tras la abdicación de Amadeo, las Cortes proclamaron la Primera República al considerar que la monarquía no ofrecía estabilidad. Duró apenas nueve meses y tuvo cuatro presidentes. La República enfrentó la oposición de carlistas, la Iglesia, militares, monárquicos y parte de la alta burguesía.
A principios de 1874, los militares conspiraron contra la República y el general Pavía dio un golpe de Estado, disolviendo las Cortes y estableciendo un gobierno provisional presidido por Serrano. España se vio obligada a elegir entre consolidar la República o preparar la vuelta de la monarquía con Alfonso XII, decantándose finalmente por la restauración borbónica, organizada por Martínez Campos.
El sistema canovista y la Restauración. El sistema canovista se instauró con la Restauración borbónica en 1874 y garantizó una etapa de relativa estabilidad política en España mediante un régimen liberal-conservador basado en la alternancia en el poder de dos partidos: el Conservador, liderado por Cánovas del Castillo, y el Liberal, dirigido por Sagasta. Ambos defendían la monarquía, la propiedad privada y el Estado unitario y centralista, aunque con diferencias en sus políticas. Además, la política alfonsina se apoyaba en el manifiesto de Sandhurst (liberalismo y catolicismo).
Cánovas del Castillo fue el líder y creador del sistema de la Restauración. No pretendía volver a los tiempos de Isabel II, sino crear un modelo que eliminase los males de su reinado: el carácter extremo del partidismo, el intervencionismo de los militares y la proliferación de enfrentamientos civiles. Para ello propuso una Constitución basada en el bipartidismo, en la que se turnarían el Partido Conservador de Cánovas y el Partido Liberal de Sagasta, y pacificar el país poniendo fin a la guerra de Cuba y a la guerra carlista.
El Partido Conservador de Cánovas, heredero de los moderados, contaba con el apoyo de la alta burguesía y de los grandes terratenientes. El Partido Liberal de Sagasta, heredero del progresismo, estaba apoyado por la burguesía industrial. Conservadores y liberales eran partidos de notables que coincidían ideológicamente en lo fundamental: defensa de la monarquía, la Constitución, la propiedad privada y la consolidación del Estado liberal unitario y centralista.
La Constitución de 1876, caracterizada por su brevedad y flexibilidad, estableció una soberanía compartida entre el rey y las Cortes, un sistema legislativo bicameral con un Senado parcialmente designado por el monarca y un Congreso de los Diputados electo. Aunque reconocía ciertos derechos y libertades, su aplicación dependía de las leyes ordinarias. España se declaró un Estado confesional católico, permitiendo otras religiones solo en el ámbito privado.
Hubo diversos gobiernos durante el reinado de Alfonso XII. El primer periodo de gobiernos conservadores (1875-1881) permitió, durante su mandato, poner fin a la Tercera Guerra Carlista (1876) por la desunión de los carlistas y la pérdida de su base social. Esto supuso, entre otras medidas, la supresión de determinados fueros, aunque se instauraron los Conciertos Económicos que otorgaron un cierto grado de autonomía fiscal a las provincias vascas (consistiendo en el pago anual de una cantidad acordada).
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