Portada » Psicología y Sociología » Desarrollo de la Empatía en Preescolares: Teoría de Hoffman y Plan de Intervención Socioemocional
El período preescolar es fundamental para la adquisición de habilidades de cognición social, como la empatía y la Teoría de la Mente (Decety, 2015). Estas competencias permiten a los niños desarrollar conductas prosociales, cooperar con sus iguales y construir relaciones positivas (Denham et al., 2003). A su vez, la identificación temprana de dificultades en estas áreas es esencial para prevenir problemas de desajuste social, que pueden manifestarse como conductas externalizadas, síntomas internalizados o incluso situaciones de acoso (Houssa & Nader-Grosbois, 2016).
Tomando un enfoque sociocognitivo, la teoría de Hoffman (2000) resulta especialmente relevante, pues describe la empatía como un fenómeno evolutivo que se despliega en cinco etapas desde la infancia hasta la niñez temprana:
Las consecuencias de la conducta empática en la infancia son ampliamente positivas, ya que favorecen el desarrollo socioemocional, la cooperación y la disminución de comportamientos agresivos o de acoso. Los niños que muestran mayores niveles de empatía —tanto cognitiva como afectiva— tienden a ser más sensibles al sufrimiento ajeno, a establecer relaciones sociales más saludables y a participar en interacciones prosociales que promueven el bienestar grupal (Mitsopoulou & Giovazolias, 2015; Zych, Ttofi, & Farrington, 2019).
En contraste, la falta de empatía se asocia con consecuencias negativas, como la mayor probabilidad de incurrir en conductas de acoso, agresión o indiferencia hacia el dolor de los demás (Jolliffe & Farrington, 2011; Van Noorden et al., 2015). Estos niños presentan dificultades para reconocer las emociones ajenas, lo que limita su autorregulación emocional y su capacidad de establecer vínculos afectivos positivos. A largo plazo, la ausencia de empatía puede traducirse en un menor ajuste social, escasas habilidades de resolución pacífica de conflictos y mayor riesgo de desarrollar comportamientos antisociales o disruptivos.
La necesidad principal a trabajar en esta unidad es comprender, mostrar, compartir y regular socialmente las emociones.
Los contenidos que se trabajarán para la consecución de los objetivos propuestos anteriormente se dividen en conceptuales, procedimentales y actitudinales:
