Portada » Economía » Perspectivas y Desafíos de la Economía Española: Transformación Digital y Bienestar Social
El COVID-19 supuso en su momento la mayor caída trimestral del PIB en el año 2020 (primer y segundo trimestre), especialmente cruenta en España con respecto al resto de la Unión Europea. La afiliación a la Seguridad Social (personas dadas de alta con contrato de trabajo) bajó en 750.000 personas entre los meses de marzo y junio.
Esto hace que no nos podamos permitir ningún tipo de relajación de cara al futuro debido a las carencias estructurales que mantiene históricamente nuestra economía. En los estudios económicos se detalla específicamente la necesidad de mejorar nuestras tasas de productividad, corregir las graves ineficiencias de algunos mercados, asegurar la estabilidad del mercado de trabajo, la sostenibilidad de las cuentas públicas, reducir la desigualdad y paliar los efectos del cambio climático. Todo ello unido al cumplimiento de las exigencias actuales en cuanto a procesos mundiales de globalización y digitalización. El reto más importante de ellos es el de recuperar en nuestro país un verdadero desarrollo de la política industrial.
Durante su historia, los países han realizado procesos de apertura al exterior, en los que se intercambian bienes y servicios, factores de producción y conocimientos (know-how), todo ello impulsado además por la mejora de las comunicaciones, de los avances tecnológicos y los costes de transporte. A este fenómeno se le denomina globalización.
A partir de la década de los 90, y tras su inicio histórico al final de la Segunda Guerra Mundial, los mercados empiezan a desregularse y se desarrollan procesos productivos más eficaces tras sucesivas mejoras tecnológicas y privatizaciones; aparece internet y se rompen las fronteras tradicionales, generalizando una dimensión supranacional. Podemos decir, de manera imaginaria, que el mundo ha disminuido de tamaño por las evoluciones en los transportes y las transacciones comerciales. Esto se ha acentuado en las últimas décadas gracias a tres factores fundamentales:
Por tanto, podemos decir que la globalización se ha visto favorecida por las multinacionales, la I+D+i y la inversión extranjera directa. Sin embargo, España está ligeramente rezagada en todo este movimiento globalizador debido a:
Sin una respuesta en innovación, tecnología y conocimiento será imposible que la economía española aproveche las ventajas de la globalización. Ello debe hacerse impulsando la creación de nuevas empresas tecnológicas, diversificando empresas tradicionales hacia nuevos sectores y animando a las empresas a implantar procesos innovadores eficientes.
Teóricamente, la globalización es un fenómeno que debía ayudar en la convergencia entre países y reducir los niveles de pobreza. Lo que, en teoría, debería suponer la búsqueda de un bienestar económico similar no solo no se está produciendo, sino que estamos muy lejos del objetivo deseado. España, por ejemplo, es el tercer país con mayor desigualdad de los 27 que forman la Unión Europea (ya que el 10% más rico acumula más riqueza que el 90% restante). Para combatir estos datos es necesario e imprescindible mejorar la productividad, reformar el mercado laboral, reformar el sistema fiscal y las transferencias sociales.
Concepto aparecido en los inicios de los años 90. Describe el paso de una economía basada en la fabricación y la industria a otra basada en el conocimiento (know-how). El motor que lo impulsó fue la inversión en empresas tecnológicas y sus argumentos fundamentales son:
Esto debe confluir a su vez en estructuras de relaciones humanas en entornos culturales muy distintos que se utilizan para construir nuevas ideas con flujos de información. Fluyen aportando ideas y conocimientos y compartiendo tecnologías que, una vez aplicadas, favorecerían la competitividad de las empresas. Ello hace que la supervivencia y el éxito empresarial estén fundamentados en la capacidad innovadora y en la adaptación de las empresas. Estamos viviendo el periodo de revolución industrial más rápido y profundo jamás conocido como consecuencia de la generalización del uso de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación).
Es el motor del cambio social y su impacto ha tenido, tiene y tendrá consecuencias en casi todos los ámbitos económicos, planteando oportunidades, pero también desafíos. Internet ofrece fórmulas para cambiar la agricultura, la industria, la producción y la distribución. No solo va evolucionando en su funcionamiento y prestaciones, sino también en el tipo y tiempo de dispositivos que la usan. Es una infraestructura global que conecta objetos físicos y virtuales, siendo uno de los principales impulsores de la economía del futuro.
Es la capacidad de las máquinas para replicar y realizar comportamientos humanos, tales como pensar, aprender, crear o planear. Las máquinas son capacitadas para funcionar con competencias propias de humanos mediante computación automatizada. Aparecen así el reconocimiento facial, el procesamiento y traducción de textos, los vehículos autónomos, etc.
Una tecnología que, teóricamente, mejora nuestra calidad de vida y se abre paso en sectores y empresas diversas. Esto solo sucederá si se utiliza la Inteligencia Artificial para mejorar la productividad y el crecimiento. Su aplicación acelerará en un futuro el crecimiento económico, pero para ello es fundamental invertir en procesos productivos y formación humana.
Es un término acuñado en Alemania e implica fusionar internet con la industria en lo que se han venido a llamar las fábricas inteligentes. Se sustenta en una serie de tecnologías básicas:
Con todo ello se pretende dotar a la sociedad de productos y servicios inteligentes, innovación inteligente y cadena de suministro inteligente. El progreso industrial dispondrá de sensores inteligentes, seguridad ante ciberataques, robots, procesos virtuales, procedimientos estandarizados y rediseño de plantas tecnológicas para convertir las organizaciones en entornos inteligentes.
Consiste en intercambios entre particulares cuya compensación (trueque de servicios) es una nueva forma de entender las relaciones económicas y la productividad. Entre sus supuestas ventajas tenemos el incremento de ofertas, el ahorro y la generación de empleo. Entre los inconvenientes destaca la falta de regulación. Ejemplos destacados son Uber, Airbnb, eBay, Kantox, Wallapop, etc.
Es uno de los hechos más determinantes desde la llegada de la globalización: el incremento de tamaño y, por tanto, de poder de un reducido grupo de empresas de grandes dimensiones sobre la producción, el comercio y las finanzas. Hay empresas norteamericanas con cifras mayores que el PIB de países europeos como Dinamarca, o con valoración bursátil entre los 10 mayores países del mundo. Esto les permite participar en grupos de presión políticos que influyen en las decisiones de los países posicionándose como lobbies. Estas grandes empresas se están materializando en firmas y fondos de inversión (hedge funds), muy vinculados a las grandes empresas tecnológicas.
Como toda revolución, esta tiene consecuencias sobre el mercado de trabajo y la distribución de la riqueza. Muchos expertos opinan que las nuevas tecnologías no van a generar tanta mano de obra como la que van a destruir, y que la calidad del empleo bajará significativamente. Otros, sin embargo, creen que la robotización reducirá los costes de producción y los precios, incentivando el consumo y el empleo.
Estos efectos variarán por país: en EE. UU., que está más industrializado que España, ya peligran un 38% más de puestos de trabajo debido al tipo de ocupación. En resumen, a mayor educación y estudios, menor posibilidad de que la máquina sustituya al ser humano. La juventud, la poca especialización o la temporalidad son factores de riesgo ante la automatización.
Actividades como la robótica y la Inteligencia Artificial crean gran cantidad de empleos. El problema radica en identificar los puestos más vulnerables y determinar actuaciones prioritarias para recolocar a quienes los desempeñan. Cuanto mayor es la responsabilidad directiva y el nivel educativo, menor es el grado de automatización. La clave es tomar medidas correctoras en el mercado de trabajo y reformar el sistema educativo.
Uno de los motores de esta revolución es la energía. Con el Tratado de París de 2017, la Unión Europea adquiere compromisos para reducir un 40% las emisiones de gases, aumentar el uso de renovables un 30% y mejorar la eficiencia energética un 30%. El plan europeo se articula sobre la descarbonización, la seguridad y la competitividad. La economía española aspira a la autosuficiencia aprovechando la energía solar y eólica, fomentando el autoconsumo y reduciendo la dependencia externa del petróleo para convertirse en un país neutro en carbono.
En la actualidad, el debate entre sistemas capitalistas y planificados se ha suavizado. La pregunta se enfoca desde el sector público: ¿qué deben hacer las instituciones? Existen instituciones inclusivas, que ofrecen incentivos y oportunidades, frente a las extractivas, donde el poder está concentrado y no ofrecen bienes públicos suficientes.
Las teorías reflejan que las instituciones determinan el destino de las sociedades. Por tanto, las actividades económicas deben buscar la recuperación de valores sociales, éticos y de bienestar. Los estados deben atender a realidades demográficas, estructuras sociales, inmigración y medio ambiente. Los grandes problemas futuros son:
Dentro de esta problemática, destaca la sostenibilidad de las pensiones. Las soluciones propuestas incluyen:
