Portada » Historia » Evolución económica, social y política de España: Del desarrollismo a la integración europea
Las dificultades económicas acumuladas desde 1956 provocaron una radical modificación en la política del régimen franquista. Entre las medidas clave destacan:
En este proceso tuvieron una importancia singular los tecnócratas, miembros del Opus Dei, quienes desplazaron a los sectores falangistas tradicionales en la toma de decisiones económicas.
Los resultados del Plan de Estabilización fueron inmediatos. A partir de 1961 se produjo un fuerte crecimiento económico, calificado como el «milagro español». Este crecimiento se basó en:
A partir de 1963, el Gobierno implementó los Planes de Desarrollo, inspirados en el modelo francés, mediante incentivos fiscales y subvenciones. Se crearon Polos de Desarrollo en ciudades como Burgos, Huelva, Vigo, A Coruña, Valladolid, Zaragoza y Sevilla, favoreciendo a menudo a aquellas que apoyaron el Golpe de Estado.
Aunque inicialmente el régimen mostró desprecio hacia la CEE (nacida en 1957), los tecnócratas impulsaron la solicitud de ingreso en 1962, la cual fue rechazada por motivos políticos. Finalmente, en junio de 1970, se firmó un Acuerdo Preferencial, vigente hasta la plena integración de España el 1 de enero de 1986.
El desarrollo económico trajo consigo cambios profundos:
El régimen se sostenía sobre una red interconectada de élites y soportes institucionales:
Tras las elecciones de 1977, las Cortes redactaron una nueva Constitución, ratificada en referéndum el 6 de diciembre de 1978. Sus pilares fundamentales son:
Se inició un proceso preautonómico (restauración de la Generalitat y Consejo General Vasco) que culminó en la política de «café para todos», permitiendo la creación del Estado de las Autonomías.
El periodo de transición estuvo marcado por la violencia política de grupos como ETA, GRAPO y organizaciones de extrema derecha, que buscaron desestabilizar la democracia mediante el terrorismo.
En los años ochenta, la desindustrialización (siderurgia y naval) golpeó duramente al País Vasco. La reconversión industrial, sumada al terrorismo, obligó a una transformación económica hacia el sector servicios y el turismo cultural (ej. Museo Guggenheim), consolidando a la banca como nuevo eje económico.
La integración en 1986 y la firma del Tratado de Maastricht (1992) marcaron la «europeización» de la política nacional. A pesar de las críticas por los ajustes económicos y el impacto en sectores como la pesca o la agricultura, la pertenencia a la UE permitió el acceso a fondos estructurales clave para el desarrollo y la modernización de España.
