Portada » Historia » Evolución y Contexto Histórico de las Víctimas de ETA en España
La imagen presenta tres gráficos principales que ilustran el impacto de la violencia terrorista:
En el gráfico de barras se observa que el número de asesinatos aumentó notablemente a partir de 1978, alcanzando su pico máximo en 1980 con 95 víctimas. Este periodo coincide con los años de la Transición democrática española y los primeros años del nuevo régimen. La violencia de ETA en esta etapa se intensificó, intentando desestabilizar el sistema democrático. Posteriormente, se mantuvo un nivel elevado de víctimas durante la década de 1980 y principios de los 90, aunque con altibajos.
Desde mediados de los años 90 en adelante, se observa una tendencia a la baja, reflejo de la mejora en las medidas antiterroristas llevadas a cabo por los gobiernos de España y Francia, así como un cambio en el contexto político y social, incluyendo la colaboración dentro de la Unión Europea. A partir del año 2000, los asesinatos se redujeron drásticamente gracias a la oposición de la ciudadanía vasca, una mayor coordinación internacional y fuertes medidas antiterroristas, lo que paralizó la actividad de la banda en 2010, preludio del abandono definitivo de la violencia en 2011.
El gráfico circular revela que la mayoría de las víctimas eran miembros de las Fuerzas Armadas y cuerpos policiales (501), seguidos de civiles (321) y políticos (32). Esto refleja el carácter selectivo de ETA hacia objetivos vinculados al Estado. En cuanto al género, la gran mayoría de las víctimas fueron hombres (771), lo cual está relacionado con la naturaleza de los objetivos (militares, policías y políticos), profesiones tradicionalmente masculinas en esas décadas.
ETA fue una organización armada vasca que nació en 1959 como una escisión del nacionalismo vasco tradicional, inicialmente como un movimiento de resistencia contra la dictadura franquista. Durante este periodo, uno de los episodios más relevantes fue el atentado contra el Presidente del Gobierno Luis Carrero Blanco en 1973, denominado “Operación Ogro”.
Tras la muerte de Franco en 1975 y el inicio del proceso de transición con el nombramiento de Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno en 1976 y la posterior aprobación de la Constitución de 1978, ETA continuó su actividad violenta con el objetivo de lograr la independencia del País Vasco. Durante la Transición (1975-1982) y los primeros años de la democracia, ETA se convirtió en una de las principales amenazas para el Estado, aprovechando la inestabilidad política, social y sindical. Su estrategia se centró en generar terror mediante atentados, asesinatos selectivos y coches bomba.
El periodo más sangriento coincide con el proceso de consolidación democrática (1978-1985). Un hito trágico fue el atentado del Centro Comercial Hipercor de Barcelona en 1987, que causó 21 muertos y 45 heridos. Asimismo, es necesario mencionar la existencia de los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), que actuaron entre 1983 y 1987 durante el gobierno socialista de Felipe González en la denominada “guerra sucia contra ETA”, con un total de 27 asesinatos. En este contexto, también operaron otros grupos terroristas como los GRAPO (Grupo de Resistencia Antifascista Primero de Octubre), de ideología comunista (1975-2011), y Resistencia Galega (1995-2005).
Con la entrada de España en la Unión Europea en 1986 y, sobre todo, a partir de los años 90, la respuesta del Estado se intensificó mediante reformas legales, cooperación internacional (especialmente con Francia) y la actuación de las Fuerzas de Seguridad, debilitando progresivamente a la banda. En paralelo, surgieron plataformas ciudadanas como Gesto por la Paz, ¡Basta Ya! o la Asociación de Víctimas del Terrorismo, que condenaban la violencia y exigían la paz.
Los últimos atentados de ETA ocurrieron en 2009 y 2010. En 2011, bajo la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, ETA anunció el cese definitivo de la actividad armada, y en 2018 se disolvió oficialmente al final del mandato de Mariano Rajoy. Este desenlace fue consecuencia de la presión social y policial, así como de la necesidad de los sectores vinculados a la banda y la kale borroka de integrarse en el sistema político e institucional, dando lugar a formaciones como EH Bildu, fundado en 2012.
