Portada » Lengua y literatura » Historia de la Novela, Poesía y Teatro en el Siglo XX y XXI
La novela española entre 1939 y 1974 está profundamente condicionada por la Guerra Civil y la dictadura. Muchos escritores se exilian y reflejan en sus obras la oposición al régimen, el recuerdo de la España anterior a 1936, la guerra y la imposibilidad del regreso. Destacan Ramón J. Sender con Réquiem por un campesino español, Max Aub con Campo de almendros y Francisco Ayala con Muertes de perro.
En la década de 1940, marcada por la censura y la ruptura con la tradición literaria anterior, surge la novela existencial, centrada en la angustia, la soledad, la muerte y la frustración. Predominan personajes marginales y desarraigados, y el malestar social se traslada al plano individual. La obra clave es La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela, que inicia el “tremendismo”, caracterizado por mostrar los aspectos más duros de la realidad. También destaca Nada (1945) de Carmen Laforet, crítica implícita de la miseria moral y material de la posguerra, y La sombra del ciprés es alargada (1947) de Miguel Delibes. Continúan además formas de realismo tradicional con autores como Ignacio Agustí y Zunzunegui.
En la década de 1950 se impone el realismo social (1951–1962), que denuncia las injusticias y muestra la vida cotidiana. Conviven la Generación del 36 (Cela, Delibes, Torrente Ballester) y la del Medio Siglo (Rafael Sánchez Ferlosio, Ana María Matute, Juan Goytisolo, Carmen Martín Gaite…). La obra clave es La colmena (1951) de Cela, con protagonista colectivo y estructura innovadora. También destacan:
Temáticamente predominan el mundo rural, el trabajo, la vida urbana y la crítica a la burguesía. Técnicamente, se usa narración lineal, abundante diálogo y personajes colectivos.
En la década de 1960 surge la novela experimental, que reacciona contra el realismo social e introduce innovaciones formales influida por autores como Marcel Proust, James Joyce o William Faulkner, y por el boom hispanoamericano (La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, Cien años de soledad de Gabriel García Márquez). Se emplean técnicas como el monólogo interior, saltos temporales, contrapunto, segunda persona y estructuras fragmentadas. La obra clave es Tiempo de silencio (1962) de Luis Martín-Santos. Otras obras importantes son:
En la década de 1970, especialmente tras 1975 y el fin del franquismo, continúa el experimentalismo pero se recupera el interés por la narración y la intriga. Surge la Generación del 68 y una literatura más innovadora pero minoritaria. La obra clave es La verdad sobre el caso Savolta (1975) de Eduardo Mendoza, que marca la transición hacia una novela más accesible y el regreso parcial a formas tradicionales. Posteriormente aparecerán autores como José María Merino, Juan José Millás o Javier Marías.
Desde la muerte de Franco en 1975, la novela española entra en una nueva etapa marcada por la democracia, la desaparición de la censura y la apertura cultural. La publicación de La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza supone el inicio de esta renovación narrativa, ya que combina elementos experimentales con una clara recuperación del argumento, los personajes y el placer de contar historias.
En esta etapa se simplifican las estructuras narrativas, se utilizan narradores tradicionales en primera y tercera persona y se busca un lector medio interesado en el entretenimiento. Son frecuentes los géneros como la novela policíaca, histórica, de aventuras o de intriga. Temáticamente aparece el desencanto político tras el fracaso del 68, junto con la reflexión sobre la intimidad, la soledad, el amor y el erotismo, con un tono que mezcla ironía, humor y amargura. Destaca la presencia de escritoras como Almudena Grandes, Rosa Montero, Dulce Chacón, Elvira Lindo o Lucía Etxebarría, así como la relación entre literatura y periodismo (articuentos de Juan José Millás).
La narrativa actual se caracteriza por el individualismo y el eclecticismo. Conviven escritores de distintas generaciones:
Persisten novelas experimentales minoritarias como Antagonía de Luis Goytisolo o Larva de Julián Ríos. Sin embargo, predominan varias tendencias:
En los últimos años, el panorama sigue siendo muy diverso con autores como Andrea Abreu, David Aliaga, Javier Pérez Andújar o Inés Martín Rodrigo.
Tras las vanguardias, la poesía evoluciona hacia una gran diversidad de estilos. Destaca Pablo Neruda, con obras como Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra, Canto general y su autobiografía Confieso que he vivido. También es fundamental Octavio Paz (Libertad bajo palabra, Piedra de sol), clave en la introducción del surrealismo. Otros poetas relevantes son Nicanor Parra (creador de la “antipoesía”) y Ernesto Cardenal (poesía social y épica).
A comienzos del siglo XX aparece la novela regionalista:
Entre los años sesenta y setenta surge el Boom de la narrativa hispanoamericana, caracterizado por el realismo mágico y la experimentación. Autores clave: Carlos Fuentes, Ernesto Sábato, Mario Vargas Llosa (La ciudad y los perros), Gabriel García Márquez (Cien años de soledad), Julio Cortázar (Rayuela) y Juan Carlos Onetti.
Tras el boom, la narrativa se diversifica en múltiples tendencias:
Según Dámaso Alonso, se divide en:
En los años cincuenta surge la poesía social (Blas de Otero, Gabriel Celaya, José Hierro). Posteriormente, la Generación del 50 (Ángel González, Gil de Biedma, Valente) se centra en la experiencia individual. En los setenta irrumpen los Novísimos (Pere Gimferrer), apostando por el culturalismo. Con la democracia, surge la poesía de la experiencia (Luis García Montero) y la poesía del silencio.
Tras la guerra, domina inicialmente el teatro de evasión (Jardiel Poncela, Miguel Mihura). El cambio llega con Historia de una escalera (1949) de Antonio Buero Vallejo, que inaugura el teatro realista y social, seguido por Alfonso Sastre. En los años setenta surge un teatro experimental (Fernando Arrabal, Francisco Nieva). Tras 1975, el teatro se diversifica con autores como Juan Mayorga.
Publicada en 1991, es una pieza fundamental de la narrativa contemporánea. Se adscribe a la estética posmoderna, caracterizada por la hibridez de géneros (ciencia ficción, sátira y diario) y la parodia. Situada en la Barcelona preolímpica, utiliza el recurso del extrañamiento a través de un narrador extraterrestre para denunciar el consumismo y el absurdo urbano. Es heredera de la picaresca y el esperpento de Valle-Inclán.
Publicada en 1990, reinterpreta el cuento clásico como un viaje iniciático de libertad individual en Nueva York. Presenta rasgos posmodernos y una marcada subjetividad simbólica. Sara Allen es una protagonista activa que transforma el «bosque» en la selva de asfalto de Manhattan, dignificando la literatura juvenil con profundidad estética y reflexión existencial.
Publicada en 1988, es una obra cumbre del neorruralismo. Se estructura como el monólogo agónico de Andrés de Casa Sosas, el último habitante de Ainielle. El tema central es la soledad y la lucha de la memoria frente al olvido. Es un testimonio lírico del éxodo rural y la «España vaciada», conectando la narrativa rural con una prosa rítmica y elementos cercanos al realismo mágico.
Publicada en 1981, es una de las cimas del siglo XX. Se adscribe al neorruralismo y denuncia las injusticias del sistema latifundista de la España franquista. Destaca por su técnica narrativa, imitando el ritmo oral y prescindiendo de puntuación tradicional. Personajes como Azarías encarnan la dignidad de los humildes frente a la brutalidad del poder, convirtiéndose en un referente de la memoria histórica.
