Portada » Historia » Que sectores sociales apoyaron a rosas
LA DICTADURA FRANQUISTA (1939-1975): CarácterÍSTICAS, EVOLUCIÓN Y REPRESIÓN. OPOSICIÓN Entre 1939 y 1975, España vivíó bajo la dictadura de Franco, un régimen autoritario en el que el poder se concentraba totalmente en su figura. Fue un sistema personalista, con rasgos militares, que controlaba la vida política, social y cultural del país. La ideología del régimen se basaba en el nacionalcatolicismo, que unía la religión católica con la identidad española. Sus principios fundamentales eran el anticomunismo (rechazo de las ideologías de izquierdas), el nacionalismo centralista (defensa de una España unida, prohibiendo lenguas y nacionalismos regionales), el antiliberalismo (rechazo de la democracia y los partidos políticos) y el militarismo (importancia del ejército y la disciplina). El franquismo se caracterizó por la falta de libertades y el control total del Estado. Franco concentraba todos los poderes (jefe del Estado, del Gobierno y del ejército) y solo existía un partido legal, el Movimiento Nacional. La oposición era perseguida y se aplicó una fuerte censura en la prensa, la educación y la cultura, con gran influencia de la Iglesia. El régimen se apoyó en tres pilares fundamentales: el Ejército, que garantizaba el orden; la Falange, que organizaba la vida política; y la Iglesia, que legitimaba el sistema y controlaba la moral y la educación. También contó con el apoyo de las élites económicas y sociales, mientras que gran parte de la población se adaptó al régimen sin participar activamente en política. Dentro del franquismo existían distintas “familias” (falangistas, monárquicos, tecnócratas…) que competían por influir en el poder, aunque siempre bajo la autoridad de Franco. La evolución del régimen se divide en varias etapas. En el primer franquismo (1939-1959) predominó el aislamiento internacional y la influencia de la Falange. Durante la Segunda Guerra Mundial, España se declaró neutral, aunque mostró simpatía por Alemania e Italia, llegando a enviar la División Azul. Tras la derrota del fascismo, el régimen quedó aislado y fue condenado por la ONU. Para sobrevivir, Franco intentó adaptar su imagen, dando más importancia a la Iglesia y aprobando leyes (Leyes Fundamentales) que pretendían aparentar un sistema político organizado. Aun así, España quedó excluida de organismos internacionales hasta los años 50. La situación cambió con la Guerra Fría, cuando Estados Unidos consideró a Franco un aliado anticomunista.
En los años 50 se produjo el fin del aislamiento: España firmó acuerdos con EE.UU., ingresó en la ONU en 1955 y mejoró su posición internacional. Además, comenzaron a tener importancia los tecnócratas, que impulsaron reformas económicas. En el franquismo tardío (1959-1975), el régimen intentó modernizarse para mantenerse. Se aprobaron algunas leyes como la Ley de Prensa (1966), que reducía la censura previa, y la Ley Orgánica del Estado (1967). En 1969, Franco nombró sucesor al rey Juan Carlos. Sin embargo, aumentaron las tensiones internas entre sectores inmovilistas (contrarios a cambios) y aperturistas (favorables a reformas). En los últimos años, el régimen entró en crisis por varios factores: el asesinato de Carrero Blanco por ETA en 1973, la crisis económica internacional y el creciente rechazo social. Además, España quedó aislada frente a una Europa democrática. En 1975, poco antes de la muerte de Franco, España abandonó el Sáhará tras la presión de Marruecos. La represión fue constante durante toda la dictadura, especialmente en la posguerra. Se aprobaron leyes para perseguir a los opositores, con miles de encarcelados, ejecutados o exiliados. Se utilizaron cárceles, campos de concentración y trabajos forzados. También hubo depuraciones en la administración, la enseñanza y la cultura, expulsando a quienes habían apoyado a la República. Además, se prohibieron las lenguas y culturas regionales. La oposición fue muy débil al principio debido a la represión y al exilio. Existieron guerrillas (maquis), pero fracasaron. En el exterior, los republicanos intentaron organizarse sin éxito. A partir de los años 50, la oposición comenzó a reorganizarse dentro de España mediante huelgas, protestas obreras y movimientos estudiantiles. Surgieron organizaciones como Comisiones Obreras y aumentó la actividad clandestina de partidos como el PCE y el PSOE. En los años 60 y 70, la oposición crecíó y se hizo más diversa, incluyendo movimientos obreros, estudiantiles, sectores de la Iglesia y nacionalistas. También aparecíó el terrorismo de ETA, que intensificó la violencia contra el régimen. En los últimos años del franquismo, la oposición se organizó mejor para preparar el fin de la dictadura, mientras el régimen respondía con represión pero cada vez tenía menos capacidad de control.En conclusión, el franquismo fue una dictadura autoritaria basada en el control, la represión y la ausencia de libertades.
ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN EL FRANQUISMO: AUTARQUÍA, DESARROLLISMO Y DESEQUILIBRIOS Tras la Guerra Civil, España quedó devastada y con una economía muy debilitada. El régimen franquista implantó una política de autarquía (1939-1951), basada en la autosuficiencia económica y en el fuerte control del Estado. España apenas comerciaba con el exterior, lo que provocó un estancamiento económico generalizado, escasez de productos básicos, hambre y racionamiento. Los años 40 fueron conocidos como los “años del hambre”. Las causas de esta situación fueron los daños de la guerra, el aislamiento internacional tras la Segunda Guerra Mundial (España quedó fuera del Plan Marshall) y la política intervencionista del régimen. En la agricultura, la producción descendíó por la falta de maquinaria, fertilizantes y modernización, además del control estatal de los precios, que desincentivaba a los agricultores. En la industria, el crecimiento fue muy lento, aunque el Estado creó el Instituto Nacional de Industria (INI) para impulsar sectores estratégicos. La escasez de productos favorecíó el desarrollo del mercado negro o estraperlo. En conjunto, la autarquía provocó pobreza, subida de precios, bajos salarios y un fuerte descenso del nivel de vida. También aumentaron las enfermedades, la mortalidad y la desigualdad social, mientras que el régimen no aplicó medidas efectivas de redistribución de la riqueza. A partir de los años 50 comenzaron las primeras medidas liberalizadoras (1951-1957). España empezó a salir del aislamiento internacional, en parte gracias a la ayuda de Estados Unidos, lo que permitíó importar materias primas y maquinaria. La economía comenzó a crecer, con mejoras en la agricultura (mecanización, regadíos, uso de fertilizantes) y un impulso de la industria. Sin embargo, seguían existiendo problemas como la inflación, el déficit comercial y la escasa competitividad. El cambio más importante llegó con el Plan de Estabilización de 1959, que puso fin al intervencionismo y abríó la economía al exterior. Se redujo el gasto público, se aumentaron los impuestos, se congelaron los salarios y se favorecieron las inversiones extranjeras. Aunque al principio estas medidas provocaron dificultades, permitieron un crecimiento económico sostenido. A partir de 1960 comenzó el desarrollismo (1960-1975), una etapa de fuerte crecimiento conocida como el “milagro español”. La industria se convirtió en el motor de la economía, con altas tasas de
crecimiento, mientras que la agricultura se modernizó y perdíó peso. El sector servicios también crecíó, especialmente el turismo, que se convirtió en una fuente clave de ingresos. Este proceso provocó una gran urbanización debido al éxodo rural. El crecimiento económico se apoyó en factores externos como el turismo, las inversiones extranjeras y el dinero enviado por emigrantes. Aumentó la renta nacional y se extendíó una sociedad de consumo, con acceso a bienes como automóviles, electrodomésticos y vivienda en propiedad. Sin embargo, también hubo importantes problemas: desigualdades regionales, dependencia del exterior, falta de servicios públicos y concentración de la riqueza. La crisis del petróleo de 1973 puso fin a esta etapa de crecimiento. En el ámbito social, durante los años 40 y 50 la población vivía en condiciones muy duras, centrada en la supervivencia. A partir de los años 60, el crecimiento económico provocó importantes cambios. La población aumentó debido a la alta natalidad y la baja mortalidad (baby boom). Se produjeron grandes movimientos migratorios, tanto dentro de España (del campo a la ciudad y hacia zonas industrializadas) como hacia países europeos. Esto provocó el crecimiento de las ciudades y el abandono del medio rural. La estructura social también cambió: disminuyó la población agraria y aumentaron los trabajadores de la industria y los servicios, consolidándose una amplia clase media urbana. En cuanto a las mentalidades, en el primer franquismo predominaban valores tradicionales, religiosos y conservadores, con fuerte control de la Iglesia y censura. La mujer tenía un papel subordinado como madre y ama de casa. A partir de los años 60, la sociedad se fue modernizando. La influencia del turismo, el contacto con Europa, el aumento del nivel de vida y la expansión de la televisión cambiaron las costumbres. Se difundieron valores más abiertos y consumistas. También mejoró la educación con la Ley General de Educación de 1970. En conclusión, el franquismo pasó de una etapa de autarquía, caracterizada por el atraso y la pobreza, a otra de crecimiento económico tras 1959. Este desarrollo transformó profundamente la sociedad española, haciéndola más moderna, urbana y consumista, aunque el régimen político permanecíó autoritario y desfasado respecto a la nueva realidad social.
DEL BIPARTIDISMO AL 15-M. LOS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS Y LA INTEGRACIÓN DE ESPAÑA EN LA ACTUAL UníÓN EUROPEA. El periodo que va desde 1982 hasta la actualidad en España se caracteriza por la consolidación de la democracia, la alternancia política entre el PSOE y el PP y la integración en Europa. Durante muchos años predominó el bipartidismo, lo que dio estabilidad al sistema político, aunque con el tiempo surgieron críticas que provocaron cambios importantes. El PSOE llegó al poder en 1982 con Felipe González, iniciando una etapa de modernización. En sus primeros años se impulsaron reformas económicas como la reconversión industrial, que pretendía hacer la economía más competitiva, aunque provocó paro y conflictos sociales. También se aprobaron leyes importantes, como la LODE para garantizar la educación o la despenalización parcial del aborto. Además, se reformó el ejército y se decidíó la permanencia en la OTAN tras el referéndum de 1986. Ese mismo año, España entró en la Comunidad Económica Europea, lo que permitíó recibir fondos que ayudaron a modernizar el país, mejorar infraestructuras y desarrollar el Estado del bienestar. Se creó un sistema sanitario público y se ampliaron derechos sociales. Sin embargo, hubo tensiones como la huelga general de 1988. Durante estos años, el terrorismo de ETA fue muy intenso, y aunque el Estado mejoró la lucha policial, también hubo acciones ilegales como las de los GAL. A finales de los 80 y principios de los 90, España mejoró su imagen internacional con eventos como los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla en 1992. También se aprobó la LOGSE, que reformó el sistema educativo. Sin embargo, en los últimos años del PSOE aumentaron los problemas: crisis económica, paro, corrupción y desgaste político, lo que llevó a su derrota en 1996. El PP llegó al poder con José María Aznar, aplicando políticas económicas liberales como la privatización de empresas públicas y medidas de austeridad para entrar en el euro en 2002. Durante su gobierno continuó la lucha contra ETA, destacando la reacción social tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. En su segunda legislatura, España vivíó un fuerte crecimiento económico, aunque también aumentaron las críticas por decisiones como el apoyo a la Guerra de Irak o la gestión del desastre del Prestige. El final de esta etapa estuvo marcado por los atentados del 11 de Marzo de 2004 en Madrid, que
provocaron un cambio político. El PSOE volvíó al poder con José Luis Rodríguez Zapatero, que impulsó importantes leyes sociales como el matrimonio igualitario, la ley de dependencia o la ley contra la violencia de género. Sin embargo, su segundo mandato estuvo marcado por la crisis económica de 2008, que afectó gravemente a España debido al estallido de la burbuja inmobiliaria. Esta crisis provocó un gran aumento del paro y obligó a aplicar recortes económicos. El descontento social dio lugar al Movimiento 15-M, que criticaba el sistema político y el bipartidismo. Ese mismo año, ETA anunció el fin de la violencia, lo que supuso un hecho histórico muy importante. En 2011, el PP volvíó al poder con Mariano Rajoy, en plena crisis económica. Su gobierno aplicó políticas de austeridad, con recortes y reformas laborales, lo que aumentó el malestar social. También tuvo que enfrentarse a casos de corrupción y al conflicto independentista en Cataluña, que alcanzó su momento más grave en 2017 con un referéndum ilegal y la intervención del gobierno central. Durante estos años, el bipartidismo empezó a romperse con la aparición de nuevos partidos, lo que dio lugar a un sistema político más fragmentado. En 2018, una moción de censura llevó al poder a Pedro Sánchez, iniciando una nueva etapa marcada por gobiernos en minoría y coalición. Desde entonces, España ha vivido una situación política más inestable, con dificultades para formar gobiernos. Esta etapa ha estado marcada por la pandemia de COVID-19, la crisis económica y la tensión política, aunque también se han aprobado medidas sociales importantes como la subida del salario mínimo o nuevas reformas laborales. Por otro lado, la integración en la Uníón Europea ha sido fundamental en todo este proceso. Desde 1986, España ha recibido ayudas económicas que han permitido modernizar infraestructuras y mejorar la economía. La adopción del euro en 2002 fue un paso clave, aunque supuso perder parte del control económico. Además, la pertenencia a la Uníón Europea ha reforzado la democracia española y su papel internacional, aunque también ha obligado a aplicar políticas económicas estrictas en momentos de crisis. En conclusión, España ha pasado de un sistema bipartidista estable a otro más complejo y fragmentado. A pesar de las crisis económicas, los conflictos políticos y los problemas sociales, el país ha logrado consolidar su democracia, superar el terrorismo
Tarea 1. Interés del documento como fuente histórica La fotografía de las mujeres rapadas de Oropesa (Toledo) es una fuente primaria de carácter gráfico e histórico, realizada durante la Guerra Civil Española o en la inmediata posguerra. Se trata de un documento de gran valor para conocer la represión ejercida por el bando franquista contra mujeres vinculadas directa o indirectamente con el entorno republicano. Su interés histórico reside en que permite observar de forma directa una de las manifestaciones más crueles de la represión franquista: la violencia de género utilizada con fines políticos y sociales. La imagen demuestra que la represión no se limitó a la eliminación física de los enemigos políticos, sino que también buscó su humillación pública y su marginación social. Por ello, esta fotografía constituye un importante testimonio para comprender la dimensión social y simbólica de la violencia franquista. Tarea 2. Ideas principales del documento La idea principal del documento es la represión y humillación pública ejercida por el franquismo contra mujeres vinculadas al bando republicano durante la guerra y la posguerra. En la fotografía aparecen cuatro mujeres con la cabeza rapada, una de ellas con un niño en brazos, mostrando una actitud de resignación y sufrimiento. El rapado de cabeza fue uno de los castigos más frecuentes impuestos a mujeres consideradas afines a la izquierda o familiares de represaliados republicanos. Este castigo solía acompañarse de otras formas de humillación, como la ingesta forzada de aceite de ricino, paseos públicos por las calles, insultos, palizas, torturas e incluso violaciones. Estas prácticas buscaban deshumanizar a las víctimas, destruir su imagen pública y despojarlas de su feminidad y dignidad. Además, estas mujeres sufrían un doble castigo: por su ideología o la de sus familiares y por haber roto el modelo de mujer tradicional defendido por el franquismo. De este modo, la represión tenía también un carácter ejemplarizante, ya que pretendía sembrar el miedo y advertir al resto de la población de las consecuencias de oponerse al régimen. Tarea 3. Contexto histórico La fotografía se sitúa en el contexto de la Guerra Civil Española (1936-1939) y la posterior Dictadura Franquista, una etapa caracterizada por una intensa represión política, social y cultural. Durante la guerra hubo violencia represiva en ambos bandos, especialmente en la retaguardia. Sin embargo, tras
la victoria franquista en Abril de 1939, la represión se institucionalizó como una política de Estado destinada a eliminar cualquier rastro de oposición política, ideológica o social. El régimen franquista utilizó múltiples mecanismos represivos: ejecuciones, encarcelamientos, campos de trabajo, depuraciones de funcionarios, censura y exclusión social. A ello se sumaron castigos públicos y simbólicos como el reflejado en la fotografía, cuyo objetivo era humillar a los vencidos y reforzar el control social. Las consecuencias de la guerra facilitaron esta política represiva. España quedó devastada, con cientos de miles de muertos, un gran exilio y una grave crisis económica. La política autárquica impuesta por el franquismo provocó escasez, racionamiento y los llamados “años del hambre”, lo que aumentó la dependencia de la población respecto al Estado y facilitó su control.Las mujeres sufrieron una represión especialmente dura. Durante la Segunda República habían conquistado mayores derechos y presencia en la vida pública, pero el franquismo restauró un modelo de mujer subordinada al hombre, centrada en el hogar y sometida a la moral católica. Por ello, las mujeres republicanas o simplemente relacionadas con la izquierda fueron objeto de una represión específica de género, mediante rapados, violaciones, encarcelamientos y humillaciones públicas.
Para consolidar este sistema, el régimen aprobó leyes represivas como la Ley de Responsabilidades Políticas (1939) y la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo (1940), que permitieron perseguir legalmente a miles de personas por su ideología.
En conclusión, la represión franquista fue fundamental para consolidar la dictadura y mantener el control de la sociedad durante décadas. El caso de las mujeres rapadas simboliza una de las formas más visibles de esa violencia, mostrando cómo el franquismo utilizó el miedo, la humillación pública y la represión sistemática para imponer su ideología y garantizar la obediencia de la población.
Resumen: Víctimas del terrorismo de ETA El documento es una fuente historiográfica de tipo gráfico que recoge información sobre las víctimas del terrorismo de ETA entre 1968 y 2010. Se trata de una fuente secundaria que sintetiza datos cuantitativos, lo que permite analizar de forma objetiva la evolución de la violencia terrorista en España. Su interés principal es que ayuda a comprender el impacto humano del terrorismo y su relación con los distintos contextos políticos, especialmente durante la Transición y la etapa democrática. La idea principal del documento es mostrar la evolución y la intensidad de la actividad terrorista de ETA a lo largo del tiempo. En total, se registran 854 víctimas mortales, la gran mayoría en democracia. El terrorismo comienza en 1968 y aumenta progresivamente, especialmente a partir de finales de los años 70. El punto más alto se alcanza en 1980, con 95 asesinatos, dentro de una etapa especialmente violenta conocida como los “años del plomo”. A partir de ese momento, la violencia disminuye de forma general, aunque con algunos altibajos, hasta el último atentado en 2010. Además, el documento muestra que la mayoría de las víctimas eran miembros de las fuerzas de seguridad, seguidos de civiles y, en menor medida, políticos. También destaca que la mayoría eran hombres, lo que refleja el tipo de objetivos de ETA. Estos datos permiten entender que la organización dirigía su violencia principalmente contra quienes consideraba representantes del Estado o enemigos de su proyecto independentista. El contexto histórico del documento abarca desde el final del franquismo hasta la consolidación de la democracia en España. ETA nacíó en 1958 como una escisión del nacionalismo vasco más moderado, en un momento en el que la dictadura franquista reprimía duramente cualquier expresión de identidad cultural y política vasca. Esta situación favorecíó el surgimiento de movimientos radicales que defendían la independencia mediante la violencia. En sus primeros años, ETA fue una organización minoritaria, pero fue ganando fuerza en la década de 1960, cuando comenzó a utilizar la lucha armada y cometíó sus primeros asesinatos en 1968. Durante el franquismo, la represión política y la falta de libertades contribuyeron a que algunos sectores de la sociedad vasca vieran a ETA como un grupo de resistencia. Sin embargo, tras la muerte de Franco en 1975 y el inicio de la Transición
democrática, el contexto cambió profundamente. España pasó a ser un sistema democrático con una Constitución en 1978 que reconocía autonomías, incluida la del País Vasco. A pesar de ello, ETA no abandonó la violencia, ya que consideraba insuficientes estos cambios y siguió defendiendo la independencia total. Durante la Transición y especialmente en los años 80, la violencia alcanzó su mayor intensidad. Este periodo estuvo marcado por numerosos atentados, que provocaron una gran inestabilidad social y política. Al mismo tiempo, el Estado desarrolló distintas estrategias para combatir el terrorismo, como el refuerzo de las fuerzas de seguridad, la cooperación internacional —especialmente con Francia— y la aprobación de pactos políticos contra ETA. También hubo episodios controvertidos como la actuación de los GAL, que utilizaron métodos ilegales en la lucha contra el terrorismo. A partir de los años 90, ETA comenzó a debilitarse debido a la presión policial, la pérdida de apoyo social y la cooperación internacional. Aunque continuó realizando atentados y acciones violentas, cada vez tenía menos capacidad operativa. Además, se produjeron intentos de negociación y treguas, aunque muchas de ellas fracasaron. Un momento clave fue la reacción social tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997, que supuso un rechazo masivo al terrorismo en la sociedad española. En los años 2000, el declive de ETA se hizo más evidente. La intensificación de las operaciones policiales y los acuerdos políticos contribuyeron a su debilitamiento definitivo. El último atentado mortal tuvo lugar en 2010, y en 2011 la organización anunció el cese definitivo de la violencia. Finalmente, en 2018, ETA se disolvíó, poniendo fin a más de cuatro décadas de terrorismo. En conclusión, el documento permite entender el terrorismo de ETA como un fenómeno histórico complejo, muy vinculado a los cambios políticos de España, que tuvo un enorme impacto social y dejó una profunda huella en la sociedad
