Portada » Geografía » Evolución de la Población en España: Transición Demográfica y Movimientos Migratorios
La teoría de la transición demográfica sirve para explicar el cambio de las tasas de natalidad y mortalidad de un territorio, pasando de las altas tasas de una sociedad preindustrial a tener ambas tasas bajas de una sociedad industrial o postindustrial. Esto explica también el gran crecimiento de la población mundial desde el siglo XIX. Hay 4 etapas para explicar la evolución de la transición demográfica.
Esta fase se corresponde a una sociedad agrícola preindustrial con un crecimiento lento de población. Las tasas de natalidad y mortalidad eran muy altas, entre el 30 y el 50 por mil. Respecto a la natalidad, cada mujer tenía una media de cinco hijos, pero como la mortalidad infantil era muy alta, muchos no llegaban al primer año de vida. La mortalidad fue muy elevada y aumentaba en épocas de malas cosechas, epidemias o guerras; esto hacía que disminuyera la población. Las condiciones de vida de las clases bajas en las grandes ciudades propagaban enfermedades contagiosas, como la tuberculosis. La distribución de las tasas de mortalidad era parecida a las tasas de natalidad: el norte peninsular y los archipiélagos tenían tasas más bajas que la media, mientras que en el interior la tasa era mayor.
El paso entre el régimen demográfico antiguo y el actual se llama transición demográfica. Empezó más tarde que en otros países de Europa occidental y duró menos, pero tuvo mayor intensidad. Se caracteriza por la disminución suave de la natalidad, un brusco descenso de la mortalidad y un elevado crecimiento natural.
Como consecuencia, el crecimiento natural era alto, sobre todo entre 1920 y 1970, donde la mortalidad descendió mientras que la natalidad pasó por dos máximos. Desde 1970 el crecimiento se recortó, porque la mortalidad decrecía suavemente, ya que estaba en cifras bajas, mientras que la natalidad disminuía más rápido.
Se caracteriza por bajas tasas de natalidad y de mortalidad y por un escaso crecimiento natural. El hundimiento actual de la natalidad se produjo desde 1975 y ha sido más tardío y brusco que en el resto de los países de Europa occidental. La tasa de natalidad es hoy muy baja (10 ‰ en 2001) y también el índice de fecundidad (1,24 hijos por mujer), que en 1981 llegó a 2,1 hijos por mujer (el límite que permite el reemplazo generacional) y decreció hasta 1998 (1,15). Desde ese momento la natalidad aumentó un poco con la inmigración, ya que la población española tiene un comportamiento malthusiano desde 1975.
Sus causas han sido los cambios económico-sociales, como la situación económica que siguió a la crisis de 1975 y el cambio de mentalidad de la población española a partir de la entrada del régimen democrático en nuestro país. La mortalidad se mantiene en cifras bajas (8,91 ‰ en 2001), aunque desde 1981 aumentó un poco por el envejecimiento de la población; es decir, un aumento causado por el incremento del número de ancianos, ya que la mortalidad real continúa descendiendo con el aumento de la esperanza de vida en las edades más avanzadas. El crecimiento natural actual es muy pequeño por las bajas tasas de natalidad y de mortalidad (1,12 ‰ en 2001).
Si bien el modelo original de transición demográfica tiene tres fases, hay obras que hablan de otra fase más denominada de involución demográfica. En ella, la natalidad sigue estable (en el caso de España desciende) y, con el envejecimiento de la población, la mortalidad llega a superar a la natalidad. En ese caso, el crecimiento natural puede llegar a ser negativo, como ocurre en España desde 2015. En los países más desarrollados de Europa occidental esta situación se ha compensado con la inmigración, creando un estancamiento de la población o un ligero crecimiento en el caso español. Actualmente, el número de hijos por mujer no garantiza el reemplazo generacional. En los siguientes años la edad media española aumentará muy rápido y, a pesar de los niveles de desempleo, el mercado de trabajo necesitará que se incorpore más población activa inmigrante para compensar esta situación.
Las migraciones son los movimientos de población en el espacio. Cuando se dan dentro de un mismo país se llaman migraciones interiores; si es hacia otro país, migraciones exteriores. Las causas que llevan a las personas a desplazarse son diversas: económicas, políticas, sociales. Generalmente son económicas, con la búsqueda de un empleo en otro lugar que permita mejorar la situación financiera y, con ello, las condiciones de calidad de vida y bienestar social. En la historia de España, los movimientos migratorios se analizan en tres grandes apartados:
Este tipo de migraciones no modifican el total de la población española, ya que los movimientos se dan dentro del país, pero sí generan grandes desequilibrios regionales. Los desequilibrios actuales en España fueron provocados mayoritariamente por las migraciones internas de los años cincuenta e inicios de los setenta, que provocaron un descenso de la población rural. El éxodo rural, o desplazamiento de personas desde las áreas rurales a las urbanas, es uno de los fenómenos demográficos más importantes de los últimos tiempos.
El proceso de industrialización y urbanización fue el causante de las migraciones interiores que hubo en España entre los años 1960 y 1970. Los lugares más afectados por el éxodo rural de esos años fueron aquellos en los que predominaban las actividades agrarias extensivas, donde había un crecimiento vegetativo alto y mucha mano de obra agrícola que sobraba en el campo por la mecanización: Andalucía, Castilla-La Mancha y Extremadura. Las grandes áreas de inmigración fueron Barcelona, Madrid y alrededores, y zonas del litoral vasco y valenciano. Las capitales de provincia fueron un importante foco de atracción.
A partir de los 90, con la creación de las comunidades autónomas y sus competencias, se reduce el ritmo del éxodo rural hacia los focos tradicionales. Las administraciones autonómicas, el mayor número de universidades y la importancia del sector terciario permiten a la gente encontrar trabajo cerca de su municipio; por ello, la mayor parte de las personas que emigran lo hacen dentro de su propia comunidad autónoma o hacia una vecina. Actualmente, los movimientos internos de población se desarrollan desde el interior peninsular hacia el arco mediterráneo, provocando un problema como la España vacía, con lugares con muy baja densidad de población (Cuenca, Zamora…), mientras el levante aumenta su población (Murcia aumentó unos 22.000 en 2023), lo que crea desequilibrios y un futuro difícil para el interior.
Las migraciones exteriores a partir de los años 50 se dan principalmente hacia Europa. Hasta mediados del siglo XX se dirigían hacia Francia y Portugal, y era sobre todo mano de obra agrícola que procedía mayoritariamente de la Comunidad Valenciana y Murcia. Este flujo crecerá tras la Guerra Civil con los exiliados. A partir de 1959, con el Plan de Estabilización, se crea mucho paro lo que, junto con el aumento de la población, hace que muchos españoles tengan que buscar trabajo fuera de España. Los destinos eran Francia, Alemania, Bélgica, Holanda… y las áreas con más emigrantes fueron Andalucía y Galicia. A mediados de los años 70, más de un millón de españoles vivían en países de Europa.
Había emigrantes temporales (máximo de 6 meses) y permanentes (más de 6 meses), y eran sobre todo hombres (80%). Esto fue una fuente importante de ingresos (remesas) que saneó la economía española. A partir de los 70 el proceso se detiene. La crisis del petróleo de 1973 y la crisis económica e industrial crearon un aumento del paro en Europa y los españoles comienzan a volver a España con sus ahorros. De los 80 al 2010, España ya es un país moderno y avanzado y entra en la Unión Europea. A pesar de las crisis económicas y el aumento del paro, no hubo una salida masiva de emigrantes hacia Europa (gracias a los subsidios por desempleo). A partir del 2008, con la nueva crisis, aumenta la emigración: los inmigrantes vuelven a sus lugares de origen (retorno) y se produjo una fuga de cerebros donde españoles cualificados se van en busca de mejores condiciones laborales. Actualmente hay una pequeña emigración de personal cualificado.
Es un fenómeno que en los últimos años afecta a nuestro país. España ha pasado de ser emisor de emigrantes a ser receptor, con un saldo positivo de unos 200.000 migrantes. La mayor parte de esta población es joven; primero vienen los hombres y después la familia (reagrupación familiar). Estos migrantes rejuvenecen la población española y elevan la tasa de fecundidad y natalidad. España se convierte en receptor de inmigrantes sobre todo a partir de los 2000, unido a un boom económico que necesitó mucha mano de obra sin cualificar para el campo y la construcción.
A partir del 2008 comienza un periodo de crisis que provocó el paro en la construcción. Entre 2008 y 2015 se detiene la inmigración y muchos inmigrantes regresan a sus países de origen; por lo tanto, el saldo migratorio es negativo. A partir de 2017, España comienza a recuperarse de la crisis, la situación laboral mejora y de nuevo comienzan a llegar inmigrantes; esto se mantiene en la actualidad, a excepción del periodo marcado por el COVID-19.
