Portada » Lengua y literatura » Evolución y Movimientos de la Literatura Hispanoamericana del Siglo XX
Entre las vanguardias europeas más influyentes en Hispanoamérica hay que citar el futurismo, el cubismo y, especialmente, el surrealismo. Los “fundadores” de la nueva poesía hispanoamericana fueron Vicente Huidobro, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz.
Defendió la creación poética de una nueva realidad, no imitadora de la naturaleza. Sus primeros poemas creacionistas, influidos por el cubismo, otorgan especial importancia a los aspectos visuales, a la disposición tipográfica en la página. Entre sus obras destacan El espejo del agua.
Aúna la búsqueda de una nueva estética con el interés por una cultura nacional y la realidad política y social. Solo publicó en vida Los heraldos negros, libro de filiación modernista, y Trilce.
Transitó por diversas tendencias, entre las cuales la de mayor presencia en su poética fue el surrealismo. Inicia su producción influido por los modernistas: Crepusculario y Veinte poemas de amor y una canción desesperada.
A principios de la década de los cuarenta se observan algunos cambios en las orientaciones estéticas; sin embargo, no es fácil establecer rasgos generales en el grupo de poetas que surgen en este período, quienes más tarde fueron evolucionando hacia otros caminos. En esta etapa fue relevante la influencia del surrealismo, tanto en lo estilístico como en los temas.
Es uno de los poetas más importantes de las décadas de los sesenta y setenta. Su tradición poética abarca desde la primitiva literatura mexicana a la modernista, la vanguardista europea o la japonesa; a la vez, su obra ha influido en la poesía posterior en castellano. Libertad bajo palabra, su obra más célebre, recoge la variedad y la riqueza de su trayectoria poética. Para Octavio, la palabra poética es revelación del pensamiento y la sensación de nuestra naturaleza original, “el único recurso contra el tiempo rectilíneo”; medio y expresión de la libertad del hombre, de su identificación.
El desarrollo de la narrativa hispanoamericana en el siglo XX ha estado condicionado por el modo de entender y narrar los hechos históricos y las realidades sociopolíticas y culturales. En los años veinte, las vanguardias generaron las primeras innovaciones, que se alejaban del realismo tradicional; el influjo, además, de la narrativa europea y estadounidense (Proust, Joyce, Kafka, Faulkner, Virginia Woolf) dio origen a la literatura moderna. Podemos distinguir dos grandes orientaciones:
En los años cuarenta se publicó una serie de obras que mostraban el cambio, pero su consagración definitiva no llegó hasta los setenta. Sin embargo, anteriormente, se habían escrito textos que anticipaban esta orientación: El juguete rabioso, de Roberto Arlt o No toda es vigilia la de los ojos abiertos, de Macedonio Fernández.
En los últimos años del siglo XX se aprecia un distanciamiento de la complejidad estructural y lingüística, y el cuestionamiento de la realidad. Hay un regreso al realismo, un estilo más accesible al lector, la presencia del humor y la parodia, y la preferencia por el tema del amor.
La renovación de la nueva narrativa se manifestó fundamentalmente en dos tendencias:
En la década de los 40 surgió el maestro indiscutido de los nuevos narradores: el argentino Jorge Luis Borges. Su concepción idealista lo llevó a construir mundos de ficción que cuestionan la lógica de la realidad. En sus textos, Borges plantea la dificultad de desentrañar las reglas que rigen el universo misterioso, ambiguo, caótico y complejo.
En la evolución de la narrativa destaca un conjunto de obras que confirman la búsqueda de nuevas formas de expresión:
