Portada » Ciencias sociales » Fundamentos del Proceso de Socialización y sus Agentes
El proceso de socialización es aquel que hace que un recién nacido termine convirtiéndose en una persona. Por lo tanto, la socialización es el conjunto de experiencias que tienen lugar a lo largo de la vida de un individuo y que le permiten desarrollar su potencial humano y aprender las pautas culturales de la sociedad en la que va a vivir.
El proceso de socialización no termina nunca; requiere de contacto humano y experiencias constantes. Aunque dura toda la vida, existen momentos de mayor intensidad, como la infancia. Es sobre la experiencia social sobre la que construimos nuestra personalidad, la cual se edifica interiorizando el mundo social que nos rodea, participando en la sociedad y asimilando su cultura. Sin contacto social es imposible desarrollar la personalidad. Las experiencias sociales son tan importantes para la sociedad como para los individuos, siendo la socialización un proceso continuo y permanente de transmisión cultural.
Consiste en la adquisición de reflejos, hábitos y actitudes que se inscriben en nuestra personalidad y orientan nuestra conducta. Las principales maneras de aprender son:
El sociólogo Charles Cooley desarrolló la idea del SELF. Analiza cómo somos capaces de aprender que somos una entidad, una persona diferente a nuestros progenitores y a todo lo que nos rodea. Aprendemos a vernos a nosotros mismos a través de la mirada de los demás; construimos nuestro «yo» contemplando la percepción que otros tienen de nosotros. La conciencia existencial es fruto de la intuición de las percepciones ajenas y de la comunicación.
Cooley también afirma que aprendemos la conciencia moral: sabemos lo que está bien y lo que debemos hacer gracias a lo que los demás nos muestran y dicen. Por otro lado, el sociólogo George Mead sostiene que aprendemos principalmente a través del juego en grupo. No solo tenemos conciencia de nuestra propia existencia, sino también de la de los demás, permitiéndonos intercambiar papeles. Este intercambio nos hace reflexionar sobre diferentes roles y posibilidades, proceso denominado interiorización del otro, que facilita el desarrollo de la empatía.
Es uno de los agentes más importantes, ya que los primeros años de vida giran en torno al núcleo familiar. La socialización aquí es difusa pero continua. Para un buen desarrollo intelectual y equilibrio emocional, es fundamental establecer contacto físico, mostrar interés y fomentar la estimulación verbal.
Existen dos modelos de socialización familiar en transición:
Tienen una función expresa de socialización al transmitir información de forma simultánea e impersonal. La televisión ha sido el medio con mayor influencia. Son herramientas útiles en la escuela porque ofrecen información de forma atractiva y presentan modelos de comportamiento diferentes a los de la institución escolar.
Socializa de manera programada. En ella, el niño contacta con personas de distinto origen social, ensanchando su mundo y aprendiendo cómo la sociedad valora a los individuos según su clase social, género o etnia. En la escuela distinguimos:
La escuela también socializa para el mundo laboral de forma explícita e implícita a través de los siguientes puntos:
Formado por personas de la misma edad. Este grupo permite eludir el control de los adultos y establecer relaciones democráticas. Es fundamental para que el individuo forme una imagen de sí mismo independiente de la de sus padres o profesores. En la adolescencia, este grupo adquiere una importancia crítica, siendo a menudo fuente de conflicto con los padres, ya que representa la transición hacia la adultez y la búsqueda de nuevos vínculos de adhesión.
