Portada » Historia » Evolución política del Sexenio Democrático en España (1868-1874)
El Sexenio constituye una etapa breve pero compleja en la que se realizaron distintos ensayos políticos como alternativa a la monarquía isabelina destronada. El elemento que los unifica y que les da el calificativo de democráticos es el reconocimiento de la soberanía popular, ejercida a través del sufragio universal masculino.
El Sexenio se inicia con la revolución de 1868, conocida como La Gloriosa, que pone fin al reinado de Isabel II. Se debió a varias causas:
El 18 y 19 de septiembre de 1868 tuvo lugar un pronunciamiento militar contra el gobierno en la bahía de Cádiz, encabezado por los generales Serrano y Prim y el almirante Topete. Los sublevados hicieron un llamamiento a la nación en el manifiesto «España con honra» y prometieron convocar elecciones a Cortes. El pronunciamiento se extendió rápidamente y las fuerzas de Serrano derrotaron a las gubernamentales en la batalla de Alcolea. Se organizaron juntas revolucionarias que convirtieron el pronunciamiento en una revolución. Isabel II debió abandonar el país rumbo al exilio el 29 de septiembre de 1868.
Tras la marcha de Isabel II se formó un gobierno provisional presidido por Serrano, que trató de controlar la revolución disolviendo las juntas, pero también estableció libertades y convocó elecciones a Cortes Constituyentes mediante sufragio universal masculino.
El gobierno provisional reconoció y promovió libertades como:
Las Cortes elaboraron la Constitución de 1869, cuyas principales novedades fueron el reconocimiento explícito de la soberanía nacional y una división radical de poderes: el poder legislativo a cargo de las Cortes y una amplia declaración de derechos y libertades —sufragio universal masculino, libertad de expresión, reunión, asociación y de cultos—. Establecía la monarquía democrática y parlamentaria. Estuvo vigente hasta 1873.
Hasta que se eligiera un rey se constituyó una regencia presidida por el general Serrano. El gobierno, con el apoyo del general Prim como figura clave, se enfrentó a diversos problemas: la guerra de Cuba (desde 1868), la oposición de carlistas y alfonsinos, levantamientos republicanos y el descontento de las clases populares que dio lugar a la organización del movimiento obrero.
En 1870 se creó en España la sección española de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), la Federación Regional Española (FRE). Sin embargo, el gran problema del periodo fue encontrar un candidato al trono que aceptase la Constitución y que fuese admitido por las grandes potencias europeas. Entre varias candidaturas (Espartero, el duque de Montpensier…), el elegido por las Cortes fue Amadeo de Saboya. La llegada de Amadeo I a España coincidió con el asesinato del general Prim, su principal valedor.
Fue un intento, finalmente fracasado, de construir un régimen democrático en España. El rey Amadeo trató de adecuarse a la Constitución de 1869 y ser un monarca democrático, pero su reinado se caracterizó por:
Ante este cúmulo de dificultades, el rey Amadeo I abdicó el 10 de febrero de 1873 (aprovechó un conflicto con el jefe del ejecutivo y rechazó la propuesta de un golpe militar). Aquella misma noche las Cortes proclamaron la República.
La Primera República se considera una revolución dentro de la revolución, es decir, una radicalización de los principios políticos planteados en La Gloriosa. Fue proclamada el 11 de febrero de 1873 por las Cortes. En apenas 11 meses estuvo dirigida por cuatro presidentes: Estanislao Figueras, Francisco Pi i Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar.
Uno de los principales problemas fue la diversidad de corrientes políticas dentro del republicanismo: existían unitarios y federales (partidarios de una federación impuesta desde arriba o construida desde abajo). No había un modelo de república consensuado. Tras la presidencia de Figueras, le sustituyó Francisco Pi i Margall, un intelectual republicano federal de gran prestigio que se vio superado por una triple guerra civil: la Tercera Guerra Carlista, la guerra de Cuba y la revuelta cantonalista iniciada en Cartagena por los republicanos federales más radicales.
Las Cortes tramitaron la Constitución de 1873 (non nata), que no se promulgó; establecía una organización federal y una extensa declaración de derechos y libertades (sufragio universal, libertad religiosa, etc.). Tras la dimisión de Pi i Margall le sucedieron Nicolás Salmerón y Emilio Castelar, prestigiosos intelectuales y oradores que intentaron recuperar el orden. Castelar llegó a suspender las Cortes y estas lo destituyeron en una moción de confianza.
El 2 de 1874 el golpe del general Pavía liquidó sin apenas resistencia la República. Tras el golpe se formó un gobierno presidido por el general Serrano que, sin las Cortes, gobernó dictatorialmente. Consiguió la rendición del cantón de Cartagena e ilegalizó la AIT, aunque continuó la Guerra Carlista.
Antonio Cánovas del Castillo preparó la vuelta de los borbones sin intervención militar abierta: logró que Isabel II abdicara en favor de su hijo Alfonso y que éste firmara el Manifiesto de Sandhurst, en el que garantizaba una monarquía constitucional y cierta moderación democrática. Finalmente, el general Martínez Campos se pronunció el 29 de diciembre de 1874 en Sagunto a favor de Alfonso, proclamándolo rey de España como Alfonso XII. El general Serrano abandonó el país y se inició la Restauración.
