Portada » Lengua y literatura » Literatura Española del Siglo XX: De Machado y Jiménez a la Generación del 27
Nació en Sevilla en una familia liberal y vivió en Castilla desde niño. Tenía una ideología progresista y un profundo humanismo. Durante la Guerra Civil se exilió a Francia, donde murió en 1939. Su poesía evoluciona desde el modernismo hacia una poesía más comprometida con las ideas de la Generación del 98, pasando del mundo interior del “yo” a una preocupación colectiva por España.
Su obra suele dividirse en tres etapas:
Es la figura principal del Novecentismo y uno de los grandes renovadores de la poesía española del siglo XX. Defendió la idea de poesía pura, una poesía depurada de sentimentalismo y adornos innecesarios, centrada en la belleza y la perfección. Además, influyó decisivamente en la Generación del 27, que lo consideró un maestro.
Nació en Moguer (Huelva) en 1881. Vivió en Madrid, donde entró en contacto con el modernismo. En 1917 se casó con Zenobia Camprubí y durante la Guerra Civil se exilió a América, viviendo en Cuba y Estados Unidos. En 1956 recibió el Premio Nobel de Literatura, aunque ese mismo año murió su esposa, lo que le afectó profundamente. Falleció en 1958. Para él, la poesía era el sentido de su vida y buscaba en ella la belleza eterna, revisando constantemente sus textos para perfeccionarlos.
Su obra suele dividirse en tres etapas:
Tras la Primera Guerra Mundial, el inicial entusiasmo patriótico en Europa se transformó en desmoralización debido a los millones de muertos, la crisis económica y las duras condiciones de vida provocadas por la guerra. La población comenzó a culpar a los políticos por no haber evitado el conflicto.
Los tratados de paz impusieron condiciones muy duras a los países derrotados, lo que agravó la situación de una Europa con familias destruidas, economías debilitadas y muchos excombatientes en paro o mutilados. Como consecuencia, creció la desconfianza hacia las democracias y el sistema capitalista.
Este contexto favoreció la radicalización política y la expansión de dos ideologías opuestas: el comunismo, que se extendió desde Rusia, y el fascismo, que aprovechó el descontento social y el miedo a la revolución.
Aunque España se mantuvo neutral en la guerra, también sufrió crisis internas como la guerra de Marruecos, conflictos sociales y problemas económicos, lo que debilitó el sistema de la Restauración y facilitó el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923.
A comienzos del siglo XX, la inestabilidad política y social en Europa provocó una renovación cultural que dio lugar a los movimientos de vanguardia o “ismos”. Estos movimientos se caracterizan por su afán de innovación, experimentación y ruptura con el arte tradicional. Su mayor desarrollo se produjo en el periodo de entreguerras, y aunque muchos fueron breves, el surrealismo tuvo una mayor continuidad. Los vanguardistas no solo buscaban transformar el arte, sino también la sociedad, por lo que algunos participaron en movimientos políticos.
Las vanguardias comparten varios rasgos comunes. Destaca la rebeldía contra las normas y tradiciones artísticas, especialmente contra la literatura burguesa del siglo XIX. También muestran fascinación por la modernidad, la tecnología y la vida urbana (máquinas, automóviles, aviones, rascacielos o nuevos medios de comunicación).
Otro rasgo importante es el irracionalismo, es decir, el intento de expresar aspectos profundos de la mente humana. Los artistas priorizan la creatividad, la originalidad y la experimentación, buscando nuevas formas y temas sorprendentes. Además, muchas obras tienen un carácter provocador y lúdico, defendiendo un arte autónomo, dirigido a minorías y no al gusto burgués.
Entre los principales movimientos de vanguardia destacan el futurismo, que admira la tecnología y rechaza el sentimentalismo; el dadaísmo, que se burla del arte tradicional; el cubismo, que utiliza técnicas similares al collage; el expresionismo, que deforma la realidad para expresar emociones; y el surrealismo, que intenta mostrar el funcionamiento del pensamiento y del inconsciente.
Llegaron a España en la segunda década del siglo XX, difundidas sobre todo por Ramón Gómez de la Serna a través de revistas y tertulias. Sin embargo, la vanguardia española tuvo rasgos propios: fue menos radical que la europea, adoptó de forma selectiva lo más valioso de los movimientos europeos y no rechazó la tradición, sino que combinó innovación y herencia cultural.
Uno de los movimientos más importantes fue el creacionismo, iniciado por el poeta chileno Vicente Huidobro. Defendía que el poeta no debía imitar la realidad, sino crear un mundo propio, como hace la naturaleza. Para ello utilizaba metáforas nuevas, palabras inventadas y ruptura de la lógica gramatical y métrica. Influyó en poetas como Juan Larrea y Gerardo Diego.
El movimiento más representativo en España fue el ultraísmo (1918-1922). Era un movimiento ecléctico que recibía influencias del futurismo y del dadaísmo. Exaltaba la modernidad, la ciudad, la velocidad, la tecnología y los inventos (automóviles, cine, luz eléctrica). Buscaba un arte dinámico, innovador y basado en imágenes irracionales, dejando en segundo plano los sentimientos. Entre sus principales representantes destacan Guillermo de Torre, Pedro Garfias, Cansinos Assens y Gerardo Diego.
Nació en Madrid en 1888 y estudió Derecho, aunque nunca ejerció. Desde joven participó en actividades literarias y colaboró en la revista Prometeo. Entre 1915 y 1936 organizó la famosa tertulia del café Pombo, desde donde difundió en España las vanguardias europeas. Antes de la Guerra Civil se trasladó a Buenos Aires, donde murió en 1963.
Su obra se caracteriza por una visión original y fragmentaria de la realidad, en la que combina elementos mediante asociaciones inesperadas. Utiliza la cosificación y la humanización de los objetos para ofrecer una interpretación subjetiva del mundo. El humor y el espíritu lúdico son rasgos fundamentales de su estilo, ya que concebía el arte como un juego. Cultivó numerosos géneros (novela, ensayo, teatro o biografía), pero su mayor aportación fue la creación de la greguería. La greguería es una frase breve e ingeniosa que combina metáfora y humor para reinterpretar la realidad cotidiana y sorprender al lector.
En sus novelas muestra un tono crítico y sarcástico, como en El chalet de las rosas o El torero Caracho, además de novelas eróticas como Senos. En sus ensayos describe la vida cultural madrileña, especialmente en obras como Pombo o La sagrada cripta del Pombo. También escribió biografías de figuras literarias y artísticas como Oscar Wilde o Valle-Inclán.
La Generación del 27 es un grupo de poetas que renovó profundamente la poesía española del siglo XX, combinando la tradición literaria española con las vanguardias europeas. Sus obras más importantes se publican entre 1920 y 1935. El nombre surge por el homenaje a Góngora celebrado en Sevilla en 1927, donde reivindicaron la libertad imaginativa y la importancia de la metáfora.
Entre sus principales autores destacan Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, y como epígono suele incluirse Miguel Hernández. Muchos tenían formación universitaria, procedían de familias burguesas y mantuvieron una gran amistad, compartiendo experiencias culturales en lugares como la Residencia de Estudiantes de Madrid. En su mayoría tenían ideas liberales y simpatías republicanas.
La evolución del grupo suele dividirse en tres etapas:
Los poetas del 27 buscan equilibrio entre tradición y modernidad, entre lo culto y lo popular, y entre lo intelectual y lo sentimental. Utilizan un lenguaje muy innovador basado en imágenes y metáforas, influido por Góngora y las vanguardias. En la métrica combinan formas tradicionales (romances, sonetos) con el verso libre. En cuanto a los temas, tratan asuntos clásicos como el amor, la vida o la muerte, pero también incorporan temas modernos como la ciudad, el progreso o la tecnología.
“Las Sinsombrero” es el nombre que recibe un grupo de mujeres intelectuales de la Generación del 27 (poetas, pintoras, filósofas y escritoras) que durante mucho tiempo quedaron fuera de los manuales de literatura a pesar de su gran calidad. Solo recientemente se ha recuperado su importancia literaria y cultural.
El nombre procede de un gesto simbólico protagonizado por Maruja Mallo, Margarita Manso, Salvador Dalí y Federico García Lorca, que se quitaron el sombrero en la Puerta del Sol como protesta contra las normas sociales. En aquella época, salir sin sombrero se consideraba un acto provocador, por lo que recibieron insultos e incluso agresiones.
Estas mujeres formaron parte de una generación que defendía la independencia femenina, la igualdad intelectual y la participación de la mujer en la vida cultural. Sin embargo, tuvieron que enfrentarse al machismo de la sociedad, que cuestionaba su talento y dificultaba su reconocimiento.
Entre sus principales representantes destacan:
Durante la Segunda República se abrieron nuevas oportunidades para las mujeres en la vida cultural. Un ejemplo fue la creación en 1926 del Lyceum Club Femenino de Madrid, fundado por María de Maeztu, que se convirtió en un espacio para el desarrollo intelectual femenino. Sin embargo, la Guerra Civil (1936-1939) truncó ese avance y muchas de estas artistas tuvieron que exiliarse o quedaron relegadas al olvido.
Fue poeta, dramaturga y defensora de los derechos de la mujer, nacida en Madrid y fallecida en el exilio en México. Formó parte de la Generación del 27 y del grupo de intelectuales conocido como Las Sinsombrero, mujeres que desafiaron las normas sociales y el machismo de su época.
Procedía de una familia adinerada y liberal, lo que le permitió formarse y viajar. En su juventud destacó también en el deporte, siendo campeona de gimnasia y natación. Mantuvo una relación con Luis Buñuel y más tarde se casó con el poeta y editor Manuel Altolaguirre, con quien desarrolló diversos proyectos literarios y editoriales. Durante la Guerra Civil apoyó la causa republicana y posteriormente vivió un largo exilio en Francia, Cuba y México.
Participó activamente en la vida cultural de su tiempo, frecuentando tertulias literarias y colaborando con el Lyceum Club Femenino. Fue también protagonista del gesto simbólico de quitarse el sombrero en público, acción que dio origen al nombre de “Las Sinsombrero”, como protesta contra las normas sociales que limitaban a las mujeres.
Su obra se centra principalmente en la poesía y el teatro. Su producción poética suele dividirse en tres etapas:
A finales de su vida publicó sus recuerdos en Memorias habladas, memorias armadas, donde relata su experiencia personal y cultural dentro de la Generación del 27 y el exilio.
El teatro comercial es el que tuvo mayor éxito a comienzos del siglo XX, dirigido principalmente al público burgués urbano. Dentro de él destacan tres tendencias:
Junto al teatro comercial surgió un teatro renovador, más experimental y crítico, que no tuvo gran éxito entre el público y quedó limitado a minorías. Pretendía renovar el teatro con temas filosóficos, sociales y nuevas formas dramáticas.
Entre sus autores destacan:
Lorca es el dramaturgo más importante del teatro renovador. Su teatro combina elementos populares, poesía y crítica social, y trata temas como la frustración, el amor imposible y la represión social, especialmente sobre la mujer.
Su producción teatral se divide en tres etapas:
Federico García Lorca, miembro de la Generación del 27, es una de las figuras más importantes del teatro español del siglo XX. Su teatro pertenece al teatro renovador y busca un espectáculo total, en el que se integren texto, música, escenografía, luz y gestos. En su obra mantiene una gran relación entre poesía y teatro, con un lenguaje muy lírico.
Su teatro suele dividirse en tres tipos de obras: farsas, comedias “imposibles” y tragedias rurales.
Los temas principales de su obra son la frustración amorosa y el conflicto entre los sentimientos individuales y las normas sociales. De estos temas derivan otros como el amor, la muerte, la libertad, el poder y la presión de la sociedad.
Entre 1932 y 1936 escribió sus obras teatrales más importantes: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Estas tragedias comparten varias características: están ambientadas en la Andalucía rural, presentan protagonistas femeninas, tratan la frustración y el destino trágico, y utilizan un lenguaje muy poético.
Bodas de sangre (1933), inspirada en un hecho real, fue un gran éxito en España y América. La obra muestra el conflicto entre los intereses familiares y económicos y una intensa pasión amorosa, dentro de un ambiente simbólico y poético.
Bodas de sangre es una tragedia que se desarrolla en dos planos: uno realista, ambientado en el mundo rural andaluz, y otro poético y simbólico, que adquiere gran importancia en el acto III con la aparición de elementos sobrenaturales.
El tema central es el amor trágico, presentado como una pasión intensa e irracional que conduce a la muerte. En la obra se enfrentan el deseo y la libertad amorosa frente a las normas sociales, la tradición y los odios familiares. Este conflicto provoca un destino trágico para los personajes.
El amor aparece como algo inevitable y angustioso, que domina a los personajes y los lleva a romper las convenciones sociales. Por ello, la obra muestra el choque entre la pasión individual y la organización social del mundo rural.
Uno de los personajes clave es Leonardo, antiguo novio de la Novia y único personaje con nombre propio. Su relación con ella reaviva antiguos conflictos familiares y desencadena el desenlace trágico. La Novia huye con él el mismo día de su boda, lo que provoca la persecución y la muerte de ambos hombres.
En el acto III, los leñadores anticipan el destino de los protagonistas, mostrando la presencia de la fatalidad. La noche y los elementos simbólicos refuerzan el tono trágico y el carácter inevitable del final.
Los temas principales de la obra pueden resumirse en tres:
Lorca presenta a la mujer como símbolo de frustración e insatisfacción, dominada por fuertes pasiones y conflictos internos. Sus personajes femeninos reflejan la lucha entre los deseos personales y las normas sociales, algo muy avanzado para la época.
La Madre representa la tradición y la fidelidad a la tierra y a la familia. Ama profundamente a su hijo, pero está marcada por la tragedia familiar y el deseo de vengar el honor perdido. Vive recordando la muerte de su marido y de su otro hijo, lo que alimenta su odio hacia la familia de Leonardo.
La Novia es el personaje más complejo. Es una mujer pasional y atormentada, dividida entre su amor por Leonardo y la presión social que la obliga a casarse con el Novio. Finalmente sigue sus instintos y huye con Leonardo, lo que la conduce a la soledad y al destino trágico.
Otros personajes femeninos tienen funciones simbólicas o secundarias. La Mujer de Leonardo representa la resignación y el modelo tradicional de familia; la Criada simboliza la sabiduría popular; la Suegra de Leonardo encarna el orden social establecido; y las vecinas reflejan la mentalidad tradicional del pueblo. Además aparecen figuras simbólicas como la Mendiga (la Muerte) y la Luna, que anuncian y conducen al desenlace trágico.
El teatro de Lorca se caracteriza por un lenguaje muy poético y simbólico. Utiliza numerosos símbolos e imágenes para expresar los sentimientos de los personajes y anunciar la fatalidad trágica que domina la obra. Muchas veces emplea metáforas, comparaciones e hipérboles.
Entre los símbolos principales destacan:
También aparecen símbolos de color: el amarillo anuncia la tragedia, el rosa simboliza la vida y la esperanza, el blanco se asocia al ritual funerario, el azul oscuro al destino trágico y el rojo a la muerte.
Además, en el acto III aparece un coro de leñadores, similar al de la tragedia clásica, que anticipa el final y refuerza la idea de fatalidad.
