Portada » Psicología y Sociología » Modelos de Intervención en Trabajo Social: Crisis y Tareas
Este modelo fue desarrollado por la psiquiatría americana con autores como [Erich Lindemann]. La práctica de los trabajadores sociales se desenvuelve en permanente contacto con personas en estado de crisis, ya que toda persona, grupo o familia experimenta crisis y participa en las crisis de otros.
Las situaciones de crisis suelen requerir respuesta y consejo inmediatos por parte de los profesionales; estas intervenciones se clasifican en las terapias breves de intervención, que por su urgencia pueden provocar ansiedad y sentimientos de desamparo e impotencia entre los trabajadores sociales.
La intervención en crisis es un método de ayuda dirigido a una persona, familia o grupo para que puedan afrontar un suceso traumático de modo que la probabilidad de efectos negativos se aminore e incremente la posibilidad de crecimiento y perspectivas vitales para recuperar el equilibrio emocional.
A partir de los trabajos de los psiquiatras [Lindemann y Caplan], un grupo de trabajadores sociales dedicados a la salud mental vieron la aplicabilidad de la teoría de la crisis al Trabajo Social, entre ellos, [Howard Parad] y [Lydia Rapoport]. Elementos comunes que definen la naturaleza de la intervención del Trabajo Social en crisis:
La situación de crisis dota de un mayor poder y autoridad al trabajador social, quien pone al individuo en una situación de confusión y desequilibrio que le incapacita para tomar decisiones correctas. La autoridad del trabajador social debe ser utilizada cuando el cliente se encuentre confuso y desestabilizado. La actitud del trabajador social debe ser activa y entregada, comunicando optimismo a lo largo de todo el proceso. Uno de los postulados principales de este modelo es la creencia de que cada persona tiene un potencial y unas capacidades propias para crecer y resolver problemas, y la misión de los trabajadores sociales es facilitar el descubrimiento de dichas capacidades y el desarrollo de habilidades para hacer frente a los problemas que les plantea la vida.
Ha sido desarrollado por completo desde el Trabajo Social, aunque recibe ligeras influencias de la teoría de la comunicación, del aprendizaje y del conductismo. Los orígenes de este modelo están en los trabajos realizados por [William Reid] y [Ann Shyne], a finales de los años 70, que sugerían que los resultados de las intervenciones a corto plazo eran más satisfactorios que los que se obtenían en las intervenciones abiertas en el tiempo.
Centra la intervención en problemas definidos por los propios usuarios, no en el diagnóstico del trabajador social, y se basa en el trabajo conjunto entre trabajador social y usuario. Está diseñado para ayudar en la resolución de dificultades que experimentan las personas en interacción con sus situaciones sociales.
Se ha demostrado especialmente eficaz en la intervención con problemas causados por conflictos interpersonales, insatisfacción con las relaciones sociales y problemas con organizaciones formales.
Este modelo centra su interés en identificar los elementos centrales del problema en el presente y conocer los obstáculos que impiden el cambio. Los elementos en los que se apoya la práctica de la intervención centrada en la tarea son:
Este modelo cree en las capacidades y potencialidades de las personas para resolver sus propias dificultades, donde el trabajador social mantiene una relación de colaboración y asesoramiento, teniendo en cuenta sus valores, creencias y concepciones. No busca un cambio en la personalidad, sino en cuanto al problema, no considerando a la persona a la que apoya como un paciente sino como un usuario. Es un método optimista que busca construir la confianza, puesto que centra su atención en mejorar las capacidades y las fortalezas de las personas, ya que, aunque con el necesario apoyo profesional, la persona tiene la clave para resolver los problemas.
