Portada » Lengua y literatura » El viaje de Akram: inmigración, amistad y amor desde el estrecho hasta París
Akram, el Abdallah, diez personas más y el patrón se embarcan en una patera para cruzar el estrecho de Gibraltar y llegar a España. Tras un largo viaje y múltiples discusiones por dinero, llegan a la costa española. Los policías los descubren. Aunque Akram consigue escabullirse entre los matorrales todo tapado con la cazadora de su primo —el cual es capturado—, él puede quedarse en suelo español.
Akram durmió toda la noche entre matorrales. Al día siguiente, cuando el sol se elevó, salió del escondite; a partir de ese momento debía proseguir su viaje, esta vez solo.
Decidió llegar a la carretera: allí seguro que alguien lo recogería y lo llevaría de pueblo en pueblo hasta llegar a París.
Ya en la carretera, después de un rato haciendo autostop, unos policías se detuvieron delante de él. Él no sabía español, solo árabe y francés. Uno de los policías sabía algo de francés; Akram respondió que era turista, que venía de un camping de los alrededores y que se dirigía al pueblo cercano, donde había una escuela donde se estudiaba español.
Los policías se ofrecieron a llevarlo, y así lo hicieron. Pronto llegaron al pueblo cercano y lo dejaron frente a la escuela; allí preguntó si alguien sabía francés.
Una chica contestó: se llamaba Nerea. Pronto se hicieron amigos. Akram dijo a Nerea que se llamaba Karl, que era parisino, que su madre estaba enferma y que tenía que volver a París. Nerea invitó a Akram a pasar la tarde con ella y su abuela, que tenía muchos contactos y le diría a alguien que podría llevarlo un tramo.
Aquella tarde Akram conoció a la abuela de Nerea: era ciega pero tenía un gran corazón. La abuela de Nerea llamó a Tomás, un amigo suyo transportista, que podría llevarlo al día siguiente hasta Almería. Akram accedió, pero ¿dónde pasaría la noche? La abuela preparó una cama para Akram y lo invitó a cenar, dormir y desayunar.
Akram no podía dormir; solo podía pensar en el amor que sentía por Nerea y en la preocupación por poder llegar a París.
Nerea tampoco podía dormir: estaba enamorada de un chico que casi no conocía, Akram. Sabía que quizá no volvería a ver a Akram y decidió escribirle una carta explicando todo lo que sentía. Cuando ya la escribió, bajó al comedor y se la puso en uno de los bolsillos.
Akram no comía carne en todas las comidas que compartieron; la abuela se fijó y descubrió que Akram no era quien decía ser. La abuela, con un gran corazón, no le importó. Tomás, el transportista, vino a buscarlo y, sin poder despedirse de Nerea, Akram tuvo que proseguir su viaje.
Cuatro horas más tarde, Akram llegó a la estación de tren de Almería. Allí compró un billete para Valencia, ya que no tenía suficiente dinero porque quien llevaba el dinero era Abdallah.
Después de haber salido del tren, Akram remueve los bolsillos y, sin darse cuenta, se le cae la carta. Ahora se dirige hacia unas calles de Valencia.
En una de las calles encuentra un bar y decide entrar. Allí encuentra a tres chicos, llamados Xus, Marc y Joni; son cap rapats (skinheads). Akram se hace amigo de ellos. Esa noche van a preparar un atentado y los chicos deciden que Akram irá con ellos. Un rato más tarde, Akram sube al coche de aquellos cap rapats; van a buscar el objetivo de la operación: quieren poner una bomba contra inmigrantes legalizados en aquella ciudad. Nadie quiere arriesgarse a llevar la bomba hasta allí; Akram se ofrece.
Akram explica que es inmigrante y que lleva una bomba que le han dado unos cap rapats. Vicente, un valenciano muy arraigado en las tierras africanas, acompaña a Akram a un lugar donde deja la bomba y busca un transportista que la suba y la lleve un tramo más allá. Mientras Vicente y Akram llevan la bomba, Ángel llama a la policía. El teniente Alfaro será quien lleve la operación de captura de los cap rapats.
Vicente lleva a Akram a ver a un amigo suyo transportista que lo podrá llevar a Tortosa. La bomba ya ha explotado y, afortunadamente, nadie ha resultado herido.
Vicente y el teniente Alfaro comprueban si la bomba ya ha estallado; efectivamente ya lo ha hecho. Empiezan a hablar. Vicente dice que necesita a alguien que se encargue de la aduana; él, que dentro de un año debe retirarse de la policía, se ofrece. Aquí comienza una gran amistad.
En julio, el transportista se dirige en dirección a Tarragona. Antes de llegar a la ciudad, en un área de servicio se para a tomar un café. Allí Akram conoce a un chico, Dani, que va acompañado de dos chicas, Sara y Natalia. Dani invita a Akram a llevarlo hasta Barcelona.
El coche va demasiado deprisa; Dani y las dos chicas van contentos. La policía los detiene, les pide los papeles y les hace la prueba de alcoholemia.
El único sereno es Akram. Los policías piden a Akram que conduzca él. Después de que se marchan los policías, Akram explica a los chicos que tiene 17 años y que no sabe conducir.
Dani, que ya ha pasado la resaca, decide continuar el viaje. Sara y Natalia están dormidas; llega la hora de las confesiones y aquí comienza una amistad. Dani explica que ama locamente a Sara, pero que quiere cambiar de vida. Akram explica que no se llama Karl, sino Akram, y que no es parisino, sino que es marroquí.
Dani deja a las chicas en su casa e invita a Akram a pasar la noche en su casa.
Akram ya se había levantado y se dirigió al baño; allí se duchó. Volvió a mirar los bolsillos de la cazadora de su primo y, entre ropa y ropa, encontró un paquetito con todo el dinero que tenían que coger.
Dani se despertó. Akram fue a despedirse de Dani; éste no quiso que se fuera y quiso acompañarlo hasta después de la frontera. Dani cogió el DNI de su hermano —un rubio, alto y delgado, parecido a Akram—.
Poco antes de llegar a la frontera, Akram se durmió. Dani entró en la frontera: no había nadie. De repente apareció un guardia que enseñó el carnet de identidad suyo y de su hermano, y los dejaron pasar como si nada. Al despertar Akram, faltaba poco para llegar a París. Dani le pidió a Akram si le dejaría quedarse un tiempo en París con él; Akram aceptó.
Akram escribe a Nerea una carta contándole toda la verdad y le confiesa su amor.
Akram ya está legalizado en Francia, trabaja como joyero y comparte habitación con su primo Ahmed.
Akram, su primo y otras personas llegan a las costas españolas tras un largo viaje cruzando el estrecho. Al llegar la policía los captura; Akram consigue esconderse y allí comienza el viaje que lo llevará a París, donde vive y trabaja su tío.
Durante su viaje encontrará todo tipo de personas que le ayudarán a llegar a París, pero no todo será fácil: el miedo, la añoranza, el hambre y otros factores dificultarán su llegada. Durante su trayecto conocerá a mucha gente, pero las más significativas serán Nerea, su amada, y Dani, un amigo que cambiará su vida gracias a Akram.
He respetado el contenido original pero he corregido ortografía, puntuación y mayúsculas, y he clarificado algunos términos para facilitar la lectura. Los nombres y los hechos se mantienen en su integridad.
