Portada » Filosofía » La Armonía entre Razón y Fe en Tomás de Aquino: Las Cinco Vías de la Existencia de Dios
Tomás de Aquino sostiene que la razón y la fe son dos fuentes de conocimiento distintas pero complementarias, cada una con su propio ámbito. Esto se debe a la existencia de dos órdenes de realidad:
Aunque la razón y la fe no se confunden ni se contradicen, se perfeccionan mutuamente. Existen verdades que solo pertenecen a la fe, otras solo a la razón, y algunas comunes a ambas, llamadas preámbulos de la fe, entre las que destacan la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la creación del mundo.
Tomás defiende que la existencia de Dios puede demostrarse racionalmente mediante argumentos a posteriori basados en la experiencia, rechazando las pruebas a priori como el argumento ontológico de San Anselmo, ya que estas solo demuestran la existencia de Dios en el entendimiento y no en la realidad.
Para demostrar la existencia de Dios, Tomás propone las Cinco Vías. Estas parten de hechos observables del mundo y aplican el principio de causalidad para concluir que no puede existir una cadena infinita de causas y debe existir una Causa Primera identificada con Dios.
Tomás concluye que Dios es Motor Inmóvil, Causa Primera, Ser Necesario, Ser Perfectísimo y Fin Último de la realidad.
Tomás de Aquino fue un filósofo cristiano del siglo XIII y el principal representante de la escolástica, desarrollando su pensamiento en el contexto de las grandes universidades medievales. Ingresó en la Orden de los Dominicos y se formó en Nápoles, Colonia y París, donde fue discípulo de San Alberto Magno. En París, participó en importantes debates sobre la relación entre fe y razón frente a los averroístas latinos, defensores de la teoría de la doble verdad. Tomás es considerado el autor que integró la filosofía de Aristóteles en la teología cristiana.
Para Tomás de Aquino, el fin último del ser humano es Dios, pero su conocimiento pleno supera las capacidades de la razón humana. La salvación depende del conocimiento verdadero de Dios, aunque la razón solo puede alcanzar este conocimiento de forma limitada.
La razón humana y la filosofía no bastan para alcanzar la salvación, ya que el fin último del hombre es Dios y este supera los límites del conocimiento racional, basado en la experiencia sensible. Por ello, además de la filosofía basada en la razón, es necesaria la doctrina sagrada, fundada en la revelación divina, que permite conocer las verdades esenciales para la salvación. La fe no contradice a la razón, sino que la completa y perfecciona, permitiendo conocer aquellas verdades sobre Dios que la razón por sí sola no puede alcanzar.
Desde San Agustín, la fe y la razón se entienden como complementarias. Él defendía que primero se cree para poder comprender (*crede ut intelligas*). La fe nos permite acceder a verdades que la razón por sí sola no puede alcanzar, como la existencia de Dios, la inmortalidad del alma o los principios éticos universales. Luego, la razón nos ayuda a analizar y profundizar en esas verdades, y a aplicarlas correctamente en nuestra vida.
Yo creo que la fe sí tiene un papel importante, aunque no necesariamente religiosa. Por ejemplo, sé que Alemania existe porque confío en lo que me han explicado otras personas, aunque yo nunca haya estado allí. De manera similar, tengo fe en que mis amigos cumplirán sus promesas; sin esa confianza, sería difícil tomar decisiones o actuar con seguridad. La razón me permite evaluar estas creencias y decidir cómo actuar en cada caso.
Sin fe, muchas acciones serían imposibles: no podríamos confiar en la información que no hemos comprobado. Pero sin razón, la fe podría volverse ciega o engañosa. Por eso creo que lo ideal es combinar ambas: la fe nos da orientación y seguridad, mientras que la razón nos permite entender, aplicar y corregir lo que creemos.
En conclusión, la fe y la razón no se oponen, sino que se complementan. Nos ayudan a vivir con sentido, a tomar decisiones y a actuar de manera responsable incluso cuando no podemos comprobar todo por nosotros mismos.
