Portada » Educación Artística » Historia de la Estética y Evolución de las Categorías Artísticas
Las tres disciplinas de la estética se configuran en el siglo XVIII con la Estética (1750/58) de Baumgarten, quien introduce por primera vez el uso del término “estético”; la Crítica de arte, representada por Diderot en los Salones (1759/81), con un estilo descriptivo y moral dirigido a la clase media donde la belleza es un valor relativo; y la Historia del arte, iniciada por Winckelmann con Historia del arte en la Antigüedad (1764), que defiende una belleza objetiva basada en la estética clásica del arte griego, opuesta al barroco y al rococó, y estructurada en cuatro fases (estilo antiguo, elevado, bello y época de los imitadores).
Baudelaire continúa la crítica de arte como reflejo de la modernidad, afirmando que la belleza está en lo cotidiano (ej. El almuerzo sobre la hierba, 1863). La belleza en el arte premoderno se asocia a valores como la valentía griega, la nobleza romana y la compasión cristiana, basándose en la perfección armónica y la geometría matemática, mientras que en la contemporaneidad no desaparece sino que se transforma (Rambla), planteando el reto de unir forma y función.
En Grecia, desde la época arcaica (800–600 a. C.), filósofos y poetas elaboran los primeros discursos estéticos dentro de una religión antropomórfica y una primera estatuaria (xóana). El concepto de kalos une belleza, armonía interior, simetría, ritmo, bondad y utilidad, mientras Pitágoras defiende la armonía como unión de opuestos basada en el número, origen de una belleza objetiva expresada en cánones artísticos como los de Policleto y Lisipo.
En la época helenística (siglos III–II a. C.) se abandona la idealización y surge la expresión, la pasión, la individualidad y el pathos, donde el arte no imita sino que expresa y busca el éxtasis (ej. Laocoonte), desarrollándose escuelas como los epicúreos (belleza = placer), estoicos (belleza corporal y moral), escépticos (belleza subjetiva) y eclécticos.
Roma prolonga la cultura helenística con matices propios, destacando Vitruvio como primer gran tratadista de arquitectura y Cicerón, quien une retórica y política desde el eclecticismo, defendiendo una belleza universal basada en el orden y la proporción, donde la belleza del carácter y del alma virtuosa es superior a la corporal y el discurso bello equilibra razón, estructura y emoción.
En el siglo III, durante la decadencia moral del Imperio romano, Plotino impulsa el neoplatonismo, influyendo a San Agustín y al arte bizantino. Con una preocupación por las ciencias ocultas y el hermetismo, sostiene que la belleza reside en la inteligencia y es iluminada por el bien. Cree en un dios superior (demiurgo) y en el Sistema del Uno, donde todo procede de la unidad en tres niveles de realidad:
Cuanto más cerca del Uno, más bello y perfecto es el ser. La belleza emana del Uno, es espiritual y no material, yendo más allá de la simetría. El arte imita el mundo sensible pero procede de la mente del artista, que posee ideas innatas; su objetivo es crear belleza como reflejo del Uno.
Con el Edicto de Milán (313 d. C.) y la oficialización del cristianismo (325 d. C.), se produce una fusión cultural grecorromana y hebrea. La belleza se entiende como un reflejo de Dios.
San Agustín recoge la estética cristiana en sus Confesiones, influido por Platón. Define la belleza como la armonía entre los sentidos y el espíritu, reflejo de Dios, orden, unidad y virtud del alma. La contemplación de la belleza es una vía espiritual de ascenso interior.
El siglo XVI marca una crisis y cambios profundos en Europa con la formación de monarquías nacionales y los conflictos en una Italia dividida. El mecenazgo pasa a depender de la monarquía y la Iglesia, utilizando el arte como propaganda y representación del poder.
La Reforma protestante de Lutero (1517) cuestiona la autoridad papal, a lo que Roma responde con el Concilio de Trento (1545-1563), reafirmando los dogmas tradicionales. Esta tensión provoca la transición artística al Manierismo, una nueva sensibilidad más intelectual, artificial y subjetiva.
Representación no objetiva con líneas agitadas, colores violentos y formas distorsionadas, expresadas según los sentimientos del artista para generar impacto.
Origen francés, alegre y provocador. Sustituye al barroco por el placer y el divertimento. Busca lo efímero, la elegancia y la naturalidad con colores pastel y formas curvas (Fragonard, Boucher).
Renovación de los valores de la Antigüedad clásica y culto a la razón (Ilustración). Se caracteriza por el orden, la armonía y la racionalidad, rechazando los excesos previos.
Culmina el Neoclasicismo y anticipa el arte moderno (Romanticismo, Impresionismo, Expresionismo y Surrealismo). Introduce categorías como lo feo, lo grotesco y lo trágico, demostrando que el arte puede incorporar la complejidad de la experiencia humana.
Reacción contra la razón ilustrada. Exalta la libertad, el sentimiento, lo sublime y lo irracional. El artista es visto como un genio incomprendido que utiliza el dramatismo y el color expresivo.
Movimiento centrado en el Humanismo y la Antigüedad grecolatina. El hombre es el centro (antropocentrismo) y la belleza es la manifestación de la perfección espiritual.
Tendencia del siglo XVI que busca estilos personales y subjetivos. Se caracteriza por el canon estilizado, la línea serpentinata, escorzos y composiciones inestables que rompen la unidad espacial.
Dramatismo y carga emocional. Se divide en dos grandes vertientes:
