Portada » Historia » Evolución Política y Económica de España: De la Guerra Civil al Desarrollismo
La sublevación había provocado la inmediata dimisión del gobierno, dirigido por Santiago Casares Quiroga, y el encargo del presidente Manuel Azaña a Diego Martínez Barrio para formar un nuevo gobierno (18 de julio). El 19 de julio, Azaña confió a José Giral la formación de un nuevo gabinete.
El día 5 de septiembre de 1936, el presidente Azaña encargó formar gobierno a Francisco Largo Caballero, líder de la izquierda del PSOE, quien formó un primer gabinete de amplísima coalición que integraba a nacionalistas vascos y catalanes, a los partidos republicanos, al PSOE y al Partido Comunista. El gobierno de Largo Caballero acometió, en los meses siguientes, las principales reformas políticas y militares. Largo Caballero, en efecto, tuvo problemas con los comunistas y los anarquistas.
Para ellos, para ganar la guerra lo prioritario era poner en marcha la revolución. En esa lucha fue detenido y asesinado el líder más prestigioso del POUM, Andreu Nin.
En un intento de lograr un acuerdo con los nacionales y pactar una paz negociada, el gobierno aprobó un documento, que se hizo público el 1 de mayo de 1938, conocido por «Los Trece Puntos de Negrín». Más adelante, así pudo comprobarlo el coronel Casado cuando se sublevó contra el gobierno de Negrín pensando que con ello se le abrirían las puertas para negociar con Franco el final de la guerra.
La muerte del general Sanjurjo en accidente de aviación, el día 20 de julio de 1936, cuando se dirigía a Burgos para encabezar la rebelión, puso en primer plano la figura de Franco, a quien solamente podían hacer sombra figuras como Mola, quien también fallecería el 3 de junio de 1937 en otro accidente de aviación. Franco reunía la jefatura política y militar del nuevo Estado: la España nacional. Su proclamación tuvo lugar en Burgos el 1 de octubre.
Mediante el Decreto de Unificación del 20 de abril de 1937, Franco se constituía en jefe nacional del partido único que, con el nombre de Falange Española Tradicionalista y de las JONS (fusión de falangistas y carlistas), surgía para agrupar las fuerzas políticas que se habían unido a la sublevación. El primer gobierno de Franco constituía un conglomerado de las fuerzas conservadoras, compuestas por tradicionalistas, falangistas y, sobre todo, militares.
Como remate del proceso de legitimación de la guerra, el episcopado español se dirigía en julio de 1937 a los católicos del mundo con una carta colectiva, escrita por el cardenal Gomá, en la que explicaba la naturaleza religiosa de la guerra y se daba el respaldo al bando sublevado.
Todavía sigue siendo objeto de debate las pérdidas humanas causadas por la Guerra Civil. Se calcula que la cifra de muertos estaría en torno a unos 450.000, donde se incluyen las muertes ocasionadas por la guerra y por las actividades represivas; o sea, los asesinatos en la retaguardia de ambos bandos donde se desarrolló el «terror rojo» y el «terror blanco».
El régimen de Franco, siguiendo sus principios ideológicos, aplicó la autarquía como política económica: España tenía que ser económicamente autosuficiente. Terminada la Guerra Civil, la lentitud de la recuperación económica se vio favorecida por la política autárquica. Frente al libre funcionamiento de los mercados, el Estado se convirtió en un severo intervencionista; el régimen fijaba precios y salarios.
En el sector agrícola, la fijación de los precios por el Estado por debajo del que hubiera resultado de la fijación por la oferta y la demanda provocó un descenso de la producción y, en consecuencia, llevó a un desabastecimiento de alimentos, lo que obligó al régimen a establecer, desde 1939, las cartillas de racionamiento para organizar la distribución de los productos de primera necesidad. Sin embargo, como los precios oficiales no reflejaban el valor real en el mercado, de inmediato surgieron los estraperlistas y el mercado negro, en el cual las transacciones se hacían al margen de la ley. En muchos casos, sus precios duplicaron o triplicaron los del mercado oficial. La escasez energética fue también uno de los símbolos de la penuria económica. El segundo gran eje de la política económica fue el fomento industrial, orientado hacia las actividades de interés militar.
La marginación de España del Plan Marshall (1948-1952) impidió al país acceder a créditos que hubieran facilitado una pronta recuperación económica. Pero a partir de 1953, y con la consolidación de la Guerra Fría, EE. UU. concedió créditos a España. Los problemas de escasez se suavizaron y también permitieron la eliminación de las cartillas de racionamiento (que ya se habían eliminado definitivamente en 1952). A la altura de 1957, la economía española estaba bloqueada y necesitaba un cambio drástico de dirección.
Franco había formado, en 1957, un nuevo gobierno en el cual varias personalidades destacadas del grupo tecnócrata —técnicos ligados al Opus Dei— ocuparon ministerios básicos del área económica, situación que se mantendría durante toda la década de los sesenta. Los nuevos ministros, Ullastres y Navarro Rubio, elaboraron un Plan de Estabilización Económica, que consideraban imprescindible para asentar sobre una base sólida el proceso de crecimiento económico.
Mediante este Decreto se impusieron una serie de medidas básicas:
Para realizar esta transformación, España pudo contar con la concesión de importantes créditos internacionales del FMI, la OECE y de la banca norteamericana.
A partir de 1961 se produjo un fuerte crecimiento económico calificado por algunos como «milagro español». El crecimiento se basó en una fuerte expansión industrial propiciada por los bajos salarios y la masiva llegada de capitales extranjeros. El crecimiento industrial atrajo a un gran número de campesinos que huyeron en masa a las ciudades (éxodo rural); este fenómeno motiva a su vez un alza de los salarios agrícolas por la falta de mano de obra, lo que conlleva la mecanización del campo y la modernización del sector, paralelo al despoblamiento del interior del país.
El crecimiento fue ininterrumpido entre 1961 y 1973, debido en gran parte a la bonanza económica internacional. De la misma manera, cuando llegó la crisis de 1973, el contexto internacional influyó poderosamente sobre la economía española. El final del franquismo coincidía con una caída del crecimiento económico, un incremento de la inflación y un aumento del paro.
En los años cuarenta y hasta mediados de los cincuenta, la sociedad española tiene una preocupación básica: sobrevivir en un ambiente de autarquía y mercado negro; el panorama es desolador y España es un país claramente subdesarrollado.
El desarrollo económico trae profundos cambios. El primero es que la agricultura pierde el protagonismo económico y es sustituida por la industria y el sector servicios. Madrid, el País Vasco y Cataluña son las principales zonas de recepción de estos trabajadores rurales. Desde el punto de vista económico, su papel será decisivo, pues generan importantes capitales que son la base para la puesta en marcha de nuevos negocios.
En los años sesenta, la población experimenta un espectacular crecimiento conocido como el baby boom, caracterizado por una alta natalidad y una mortalidad en franco retroceso.
La población española sufrió una profunda transformación hacia cotas de bienestar y consumo antes inimaginables. El consumismo conlleva un cambio de mentalidad que sustituye a los valores tradicionales del primer franquismo. El contacto con ciudadanos de la Europa comunitaria impregnó la vida de los españoles, quienes veían en estos países el modelo a seguir.
Desde el punto de vista social, el hecho más destacado es el incremento cuantitativo de las clases medias, un fenómeno común con todas las sociedades desarrolladas.
